AfroUrbe | Mujer Tambor – 1era parte

Mónica Mancera-Pérez

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Sostengo: No es un asunto de ser mujer
u hombre, sino que cuando te den el tambor
tengas la capacidad de tocarlo
Eva Nazaret Daza

Mujer, ¿has tocado, tocas o te has planteado tocar el tambor? ¿Te has trazado vivir la experiencia de tener entre tus piernas un instrumento, cuyo origen proviene de los árboles y su proceso de construcción se aborda desde los ciclos lunares? Y cuando llega a tus manos, desde nuestro primer órgano tú repicarás el latido de tu corazón.

El tambor es una experiencia primigenia humana, encuentro con toda raíz que nos antecede en la totalidad del cosmos.

En la Caracas AfroUrbe se encuentra Herencia, una agrupación que en sus 21 años siempre ha reconocido conscientemente que debe existir la participación, por tanto protagonismo, de mujeres percusionistas; mujeres interesadas en el mundo del tambor.

Todo esto parte, en y de acuerdo, con lo expresado desde su interioridad energética femenina del creador Manuel Moreno: “Si la herencia ancestral está en todos y todas, y el poder femenino es una forma de expresión, consideramos que el tambor también es femenino. Esto es: la sabiduría incrustada en la base del tambor es el vientre de la mujer, donde se gesta la vida y lo que hace que suene, que se manifieste a la luz es la fuerza masculina”.

Cada humana, cada humano entonces está en la potencialidad de repicar su alma tamborera; de vivenciar sus ancestralidades que le permitan hacer puente con su ser creador.

Desde esa premisa tuve el honor de fundar el programa Mujer Tambor con el maestro Manuel Moreno; tras Herencia tener en sus filas de 2005 a 2013 a dos talentosas percusionistas, Sulyn Villarruel y Yosanin Rodríguez. Mientras Sulyn se respondía en acciones su capacidad de expresión tanto en el baile como en el tambor, Yosanin aprovechaba los atributos del eterno femenino como “los movimientos sutiles de muñecas” en la ejecución.

Mujer Tambor como programa formativo oficialmente nació en octubre de 2016, luego de una conversación con Liz Guaramato –socióloga, doula y entrenadora de yoga– que buscaba estimular desde la alegría del tambor afrovenezolano los espacios de lucha de las mujeres.

Se constituyó un grupo de diez mujeres ávidas de empoderamiento, cuyo fruto fue la generación del colectivo Las fugitivas del ritmo, constituido por Liz, la poeta Katherine Castrillo, la bailarina Honta Florez, la trabajadora social Jiundry Maldonado, la fotógrafa Milangela Galea, la productora audiovisual Marielsy Lugo, la deportista Lorena Hidalgo, las letradas Vicky Allen y Mayer Pérez, y su servidora, Mónica Mancera –en la búsqueda por encontrar el pulso de mi escritura. El grupo cumplió el designio con el que fue convocado: participamos en la marcha del día de la mujer trabajadora del 8 de marzo de 2017.

Este grupo en torno al tambor y su fuerza exclamaba: Somos Mujeres bendecidas, creadas a imagen y semejanza de la Divina Madre. Ciclamos con la Luna, danzamos con la Tierra; y en esa danza espiral nos renovamos, restaurando nuestras heridas, convirtiéndolas en portales hacia la sanación y la integridad, la lucha, la emancipación, la libertad. Somos las que somos, las que vamos siendo. Conspirando y repicando.

En la ciudad cada una se desenvuelve en diversidad de oficios, quehaceres y pasiones. Ser Mujer Tambor en la AfroUrbe, ser tamborera es sinónimo de sentir cada instante el cuerpo vivido. Ser tamborera es pulsar el inconsciente; sentir y tener la posibilidad de dar tono a lo indecible. Ser tamborera es meditar en movimiento, tener sonido, sentir el paso dado, el paso rememorado; es la confianza para hablarse a sí misma: es tener la certeza de que lo propuesto es posible.

La próxima semana seguiremos conversando sobre las experiencias en la AfroUrbe de esta propuesta, en la que toda mujer con la voluntad de decir quien es con sus manos tiene en Herencia Mujer Tambor un espacio para ello.

Mónica Mancera-Pérez | @mujer_tambor