Un cadáver para Angelina

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Angelina Jolie fue la carta imperial, después del póker perdido, con la “ayuda humanitaria”  y el golpe del 30A que vapuleara el senador Chris Murphy. Era un viernes de junio. El sol de la Guajira colombiana verraqueó  en el  escote abierto a sus tatuajes. Sus 20 guardaespaldas expelían mucho de falso positivo. La Acnur pedía más dólares. De súbito, un féretro. Dentro de este, el cadáver de un oportuno “migrante venezolano”. Nadie le dijo a la diva que del otro lado de la frontera  viven más de 5 millones de colombianos. Desde los tiempos de Hoover y McCarthy, los guiones de Hollywood los revisan el FBI y la CIA. Nunca se supo qué hicieron con aquel cadáver. La cándida Eréndira  hizo un mohín mestizo al ver pasar a la Jolie.

Earle Herrera