RETINA | El agente inmobiliario

Freddy Fernández

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Acabo de leer Medio siglo con Borges, un libro publicado con la firma del súbdito de la corona española Mario Vargas Llosa, dedicado a elogiar al escritor Jorge Luis Borges y a insinuar que su carencia en materia de novelas se debe a que le faltaban materiales que le sobran a Varguitas.

Gran parte del volumen lo ocupa una entrevista que Vargas Llosa condujera en la casa de Borges en 1981. Resulta interesante comprobar cómo las aspiraciones, las frustraciones y los prejuicios del autor de Pantaleón y las visitadoras se cuelan y se ponen por encima del interés en el escritor argentino y su obra.

A Vargas Llosa le asombra no encontrar en la biblioteca de Borges ningún libro de Borges ni sobre Borges. Le sorprende que viva en un apartamento pequeño. Destaca que la residencia carece de adornos y no disimula su sorpresa al notar que el entrevistado no vive pendiente de acumular dinero.

El entrevistador plasma en gran parte del texto su preocupación por las dimensiones y la modestia de la casa del entrevistado. Ricardo Piglia cuenta que Borges decía no estar seguro de si esa entrevista no fue realizada por un agente inmobiliario que le quería vender un apartamento.

Dice Vargas Llosa que uno de los pocos objetos que hay en la habitación de Borges es la condecoración de la Orden del Sol que le dio el Gobierno peruano. Borges cuenta que esa condecoración la ha recibido su familia dos veces, que la segunda fue por su obra literaria pero que la primera, “la obtuvo mi bisabuelo, el coronel Suárez, que aunó una carga de caballería peruana en Junín. Obtuvo esa Orden y fue ascendido de capitán a coronel por Bolívar”.

Sobre la ausencia de sus obras en su propia biblioteca, Borges respondería: “¿Quién soy yo para codearme con Shakespeare o Schopenhauer?”

Si bien elogia la maestría de Borges, Varguitas quiere demostrar que, en novelas, él está a la altura del Argentino, “Porque la novela es el territorio de la experiencia humana totalizada, de la vida integral, de la imperfección”.

Vargas Llosa también intenta delinear una teoría que explique la siempre polémica actitud de Borges hacia la política y recuerda la afirmación borgiana de que “la democracia era un abuso de las estadísticas”.

A partir de tal afirmación el súbdito de la corona mete de contrabando la idea de que quizá para Borges “la democracia era un don de aquellos países antiguos y lejanos, que él amaba tanto, como Inglaterra y Suiza”.

Es verdad que no existe otra forma de entender el mundo que no sea a partir de las herramientas ideológicas que uno mismo tiene y la afirmación de Vargas Llosa sólo muestra la convicción que tienen muchas oligarquías del llamado Tercer Mundo, que suponen que nuestras naciones tienen una “carencia” cultural que se remedia con el vasallaje ante dominios imperiales de países “más civilizados”.

Vargas Llosa presenta a Borges desde sus prejuicios. Yo hago lo mismo con Vargas Llosa.

Freddy Fernández | @filoyborde