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Mariel Carrillo García

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Los dichos populares suelen ser sabios. Con aquello de que al expresidente colombiano Álvaro Uribe le dictaron prisión domiciliaria y con las reacciones que se generaron en Colombia y la región, se evidenció lo de “dime con quien andas y te diré quién eres”.

La oposición venezolana, “showcera” como es, salió desbandada a defender al apodado Matarife del país vecino. Los insignes e ilustrísimos representantes de la derecha nacional Juan Guaidó, María Corina Machado, Julio Borges, Antonio Ledezma y Gaby Arellano fueron los primeros chicharrones que expresaron su solidaridad con el neogranadino; en esa manera arrastrada que alguna gente gusta usar con sus jefes o superiores.

De demócrata, amigo y otras perlas, calificaron a quien ocupara el Palacio de Nariño desde 2006 hasta 2010. Y es que Alvarito siempre les ha extendido su mano bien manchada de sangre; y ha sido artífice y cómplice de todos los intentos fallidos para derrocar a la Revolución Bolivariana. Vamos, que lo que ordena el Imperio pasa primero por el Virreinato de Santa Fe antes de llegar a la Capitanía general de Guaidó & Compañía.

Afortunadamente, esta “gente de bien” que gobierna Colombia, y se retuerce porque no gobierna Venezuela, es reconocida por el pueblo como lo que es, una oligarquía rastrera y sanguinaria a la que no le tiembla el pulso a la hora de eliminar a sus enemigos, siendo el pueblo humilde colombiano el primero de ellos. Millones de desplazados, incontables muertos y una profunda herida histórica es el saldo de la derecha gobernando. Y esa oligarquía siempre ha estado a nuestro acecho.

La Venezuela Bolivariana es blanco de este grupo que tan bien representa hoy Álvaro Uribe Vélez, no desde hace 20 años, sino más bien 200. Son los herederos de Santander; sólo que de este lado de la frontera el antibolivarianismo no está ni a la altura de un Paéz, que ya sabemos lo que opinaba de Francisco de Paula. En este siglo XXI, quienes negocian la Patria no muestran ni la dignidad del trato entre iguales.

Ante estas muestras de bajeza, quienes creemos en la posibilidad de un mundo mejor, en el que unos pocos no concentren lo que nos pertenece a todos, no podemos sino reafirmar nuestro asco ante las “alianzas” y “amistades” de aquellos que pretenden ser una opción política en Venezuela.

Álvaro Uribe aplicó una política de terror estatal en la que miles de civiles inocentes fueron asesinados y disfrazados de insurgentes por parte del Ejército y la Policía, para ser contabilizados como “resultados positivos” en la lucha contra la guerrilla. También creó grupos paramilitares (autodefensas / paracos) y se asoció con el narcotráfico (ese que le da vida y razón de ser a la DEA). Uribe no es un demócrata, ni un estadista. Es un delincuente. Y la derecha nacional lo aplaude, lo admira y le hace caso. Así son ellos. Con eso es que andan. Eso aspiran ser. Nosotros estamos en la otra acera. Intuya usted de cual lado ubicarse.

Mariel Carrillo García