ARRIMANDO LA BRASA | La genealogía del bosque

Laura Antillano

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Pareciera que nuestra era, en cuanto al orden de la literatura de ficción, produce historias con mayor privilegio para la mirada individual que colectiva.

No hay épica, sino lírica. Los dramas desde la percepción solitaria: los miedos, los deseos, las búsquedas. El reto dramático del héroe trágico, que lucha contra el mundo hasta vencerlo, en la elaboración del destino deseado. Probablemente la pandemia influye en la negación de este imaginario.

Recuerdo un libro que en la Escuela de Letras en Zulia leíamos con pasión, en la cátedra de nuestro inolvidable profesor: Víctor Fuenmayor, era “Mentira romántica y verdad novelesca” de René Girard, señala que la idea de Cervantes es estar al lado del Quijote, defender a su héroe de los “sermoniadores” pesimistas. Don Quijote contagia a Sancho Panza porque la persecución del deseo es el gancho para el soñador, y todo deseo al ser compartido se hace más fuerte.

La pandemia paraliza, asusta, y sermonea, se predica contra el futuro, se trata de ver “colgando en un hilo” la posibilidad de realización de los sueños. Entonces vale el “enganche” en colectivo, decir: nos cuidamos y para allá vamos.

La insistencia de esa iconografía de montones de personas diseñando y cosiendo tapabocas con una multitud de diseños y concepciones, todos con el mismo fin: defenderse del covid19, es de las circunstancias que nos regresan a sabernos grupo, cuando la incertidumbre de amanecer pensando: ¿Cuándo salimos de ésta?, y nos agobia.

Regresemos a la genealogía del bosque: Recordemos que este es un asunto que todos padecemos, y que es más fácil de superar si estamos de acuerdo en mantener las medidas de contención del virus en “patota”. Y eso es posible.

Laura Antillano