Víctimas de asedio y acoso imperial

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El año 2020 se inició para Venezuela con mucha esperanza, con un futuro de construcción colectiva y victoria, en palabras del presidente constitucional Nicolás Maduro. En esa construcción, en un contexto de tiempos muy difíciles nos sorprendió el covid-19, algo que jamás esperamos vivir. Sus efectos devastadores hasta ahora han cobrado la vida de más de medio millón de personas. El mundo permanece en cuarentena para cortar la cadena de contagio.

El éxodo de venezolanas y venezolanos que se produjo en el país, ha dejado graves secuelas ante la presencia del coronavirus y se traduce en un drama de dolor y miseria, es por ello, que el Gobierno Bolivariano en el reconocimiento que todas y todos sus connacionales merecen vivir una vida con mejores condiciones de bienestar, diseñó planes para el retorno de quienes desesperados por la grave situación regresan al país. Esta acción humanitaria es única en el mundo.

En Venezuela, en plena pandemia, estamos viviendo una fase más radical de las medidas unilaterales y coercitivas, por parte del gobierno de EEUU, Canadá y la Unión Europea, con el beneplácito de la derecha venezolana y países satélites de los Estados Unidos, el reconocimiento al gobierno ficticio de Juan Guaidó ha permitido el robo de millones de recursos, generando un grave deterioro económico y social para el país. El efecto directo de estas medidas coercitivas constituye un crimen de lesa humanidad.

La situación que vive el país no puede estar desvinculada de las luchas feministas, por el impacto social y económico que reviste. Es muy triste la situación de violencia que viven las venezolanas migrantes en el exterior, ellas están en una situación de mayor vulnerabilidad.

Las mujeres son las principales víctimas del asedio y acoso imperial ante la constante amenaza de una intervención militar de EEUU contra Venezuela, esta situación genera angustia, miedo, temor y efectos negativos para la salud de la población. En el caso de las mujeres, tales amenazas generan una especial preocupación, ante los posibles escenarios del conflicto. En un supuesto negado de intervención extranjera, los cuerpos de las mujeres se convierten en botín de guerra.

A las mujeres les toca vivir con mayor intensidad la situación. Sobre ellas recaen las labores de cuidado, trabajo que históricamente se le ha asignado como una obligación, por el hecho de ser mujeres. Los efectos de la crisis, son significativamente distintos para las mujeres con relación a los hombres.

Aparte de los cuidados de la vida, en estos meses de cuarentena social las mujeres se recargan de trabajo, sin embargo, siguen al frente de sus responsabilidades, tanto en el hogar como fuera de éste y en sus compromisos comunitarios. Sus hijas e hijos han dejado de asistir a clases presenciales sin dejar de estudiar; esto significa que en los hogares, las maestras suelen ser las madres, abuelas, tías y otras mujeres integrantes de la familia.