CRÓNICAS Y DELIRIOS | Palabra de humor

Igor Delgado Senior

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Como tributo a la memoria humorística, hemos evocado en la prensa algunas anécdotas de gracia perdurable. Hoy volvemos sobre el tema.

Relatan que Francisco Pimentel “Job Pim” se hallaba un día trabajando en la redacción de El Universal, durante la época del dictador Juan Vicente Gómez, cuando sonó el teléfono: —Aló, habla el ministro Andara. Quiero reclamar porque en la edición de ayer escribieron «el ministro Aranda” y mi apellido es An-da-ra. Les advierto que no toleraré nuevos errores. —No se preocupe, señor ministro —espetó el Jobo sin identificarse— porque su apellido también es un error, pues yo tengo entendido que no se dice Andara sino anduviera. (Y trancó).

Es profuso el anecdotario de Andrés Eloy Blanco como intelectual de agudezas sorprendentes. Siendo el poeta ministro de Relaciones Exteriores, tuvo que trasladar al asimismo poeta Otto de Sola de la embajada en París a la representación en Praga, debido a una indiscreción diplomática que este último cometió. De Sola, al enterarse del cambio, viajó de inmediato a Venezuela y le expresó al ministro Blanco que deseaba proseguir en Francia, porque estaba habituado a la vida parisina. Andrés Eloy, después de escucharlo, le dijo: “Mira, Otto, mientras yo sea canciller de Venezuela el que me las hace me las Praga”.

Miguel Otero Silva puso en práctica el fulgor de la conversación; incisivo, ocurrente, deleitaba a los contertulios con su chispa de excelencia. Cuentan que en cierta ocasión, una dama de mediana edad y con ínfulas culturosas se lamentaba: —¡Siento, Miguel, que pende sobre mi cabeza la espada de Colón!
A lo que MOS repostó: —¡Amiga!, ¿no será más bien el huevo de Damocles?

Cierto día, un escritor muy serio le reclamó a Kotepa su falta de puntualidad en la entrega de un artículo, y nuestro padre se excusó: “Perdóname, es que a mi secretaria todo se le olvida”. —¿Cómo se llama tu secretaria? —inquirió el literato— para hablar con ella y recordarle el asunto—. “Se llama Arterioesclerosis”, retrucó Kotepa.

Contaban lenguas viperinas que el gran Aquiles Nazoa, después de una estrecha amistad con la actriz Berta Moncayo, se peleó con ella por motivos nimios, lo cual no le impidió asistir a una obra de teatro en la que Berta desempeñaba su papel histriónico.
Durante el intermedio, algunos comentaron: «¡La pieza es infame; y la puesta en escena, horrible! ¿Qué opinas tú, Aquiles?».
—Nazoa —para sorpresa de los interlocutores— contestó: A mí me resultó excelente, magnífica.
—Aquiles, ¿en qué basas tu criterio? —terció el grupo.
—¡Es que desaparecen a Berta Moncayo en el primer acto —replicó Aquiles con tono socarrónl

Gabriel García Márquez, mediante el especial humor que lo caracterizaba, tomó los apellidos familiares de Marta Traba y los de sus sucesivos esposos Alberto Zalamea y Angel Rama, también famosos intelectuales, para forjar un agudo juego de palabras: “Marta Traba Zalamea y de Rama” (que sonaría así: Marta Traba Zala mea y derrama).
Nosotros pensamos que de existir en la genealogía de Marta Traba un pariente con el apellido Cepeda, el Gabo no hubiese dudado en agregarlo a su boutade.

Como García Márquez cuando venía al país siempre lo acompañaba la periodista colombiana Soledad Mendoza, residente en Venezuela, el querido y recordado Aníbal Nazoa denominaba la novela del Premio Nobel como Cien años de soledad Mendoza.

Aníbal, entre sus geniales picardías lexicales, le confirió el rol de “llorador de orden” al excelso arquitecto Fruto Vivas, quien suelta lágrimas de emoción cuando alude a temas políticos o amistosos; y a la compositora Modesta Bor la llamaba Molesta Bor, en virtud de que siempre andaba con cara de enojo.

Seguiremos (des)informando, no se separen de nuestra sintonía.

Igor Delgado Senior