EstoyAlmado | Los murciélagos

Manuel Palma

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Hace meses en Perú algunos pobladores quemaron en una caverna a casi 500 murciélagos al creer que transmiten el covid-19. Se salvaron menos de 200 según los reportes de prensa. Fue un hecho que demuestra como la percepción limitada sobre algo nos conduce a justificar, muchas veces, la destrucción de aquello que consideramos un peligro para nuestra supervivencia.

No es nuestra culpa que actuemos de esa forma. Así nos han entrenado; es el reflejo condicionado que mencionaba en su estudio el fisiólogo Iván Pavlov. Tenemos ese tipo de respuestas automáticas porque nos han estimulado con mensajes repetitivos sobre algo, en este caso los murciélagos. En el imaginario social estos animales son demoníacos y peligrosos. Agentes chupasangres enviados por Belcebú. Y por supuesto, responsables de todos nuestros virus y males, conocidos y desconocidos.

En ningún momento se nos ha dicho que esos animales son polinizadores de la flora del planeta, responsables de dispersar al menos 30.000 semillas por noche (suficiente para regenerar un bosque tropical). Es una locura pensar que la mayoría de esos “bichos de Satán” es clave para reducir las plagas que dañan la agricultura con la que nos alimentamos.

También es inverosímil concebir que estos mamíferos sean importantes para disminuir en el mundo los mosquitos que nos enferman de dengue u otras enfermedades. Nada de eso existe en nuestra cabeza.

Los murciélagos son malos, muy malos. Acaso considerarlos es aprobar su régimen de maldad y oscuridad. Aceptarlos es contribuir a nuestra propia destrucción. Te lo repiten tanto por años, por décadas, que hacerlo sería un suicidio moral, un irrespeto a tu integridad como “gente pensante”, a ese status quo de “animales civilizados” que somos.

-Hey, pero aún no está confirmado que los murciélagos sean los portadores y transmisores del covid-19.

-¡No importa! Son malos. Recuerda: es el vampiro entrando por tu ventana y mordiéndote la garganta. Es una desgracia.

Es el estímulo perfecto. El marketing soñado. ¡Pavlov era un genio!

Y no intentemos echarle la culpa a Bram Stoker, el escritor de la clásica novela de terror Drácula. La cosa viene de más atrás. Los mayas cuando tenían problemas con sus cosechas y la infertilidad de su población creían que era por castigo del “murciélago de la muerte”, en referencia a Desmodus rotundus, una de las 1.400 especies de murciélago que existen en el planeta.

Como concebimos al murciélago es apenas un ejemplo de cómo juzgamos al mundo, y al otro. A veces con nuestra mezquindad, egoísmo y ruindad intentamos quemar todo lo que consideramos un “peligro”, incluyendo personas. Lamentablemente ya ha pasado.
Sin comprobar nada, actuamos a ciegas impulsados por la efervescencia de nuestros deseos y las taras del pasado. En esta era digital lo hacemos como reacción automática a estímulos acondicionados por redes sociales y grupos de wasap.

Cuando lo que sucede no se amolda a lo que deseamos que ocurra, entonces se activa el otro extremo: la incredulidad a todo lo que haga y diga eso que representa el “peligro”; la paranoia en ciernes que ofusca cualquier atisbo de sensatez.

Es común que ese prejuicio que tenemos del murciélago chupasangre sea proporcional a varias ideas falsas con las que vivimos a diario. Son paradigmas arraigados que, como mucho, se reforman al límite de la conveniencia individual. Para muchos, cruzar ese límite es una excepción, un acto de caridad con rosario incluido.

Ojalá que nuestros relevos generacionales tengan otros paradigmas, otro tipo de murciélagos en la cabeza, que permitan apagar en vez de quemar; menos dañar por reacción y más sumar por consciencia.

Manuel Palma