ASÍ DE SENCILLO | Hermanos

Maritza Cabello

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Entonces, el lobo sopló, sopló y sopló, pero nada derrumbó, porque los tres cerditos estaban en la casa de concreto.

¿Qué pasó después de que el lobo se fue derrotado?¿Acaso el cerdito que era el dueño de la casa le reclamó a los hermanos por su acción pasada? ¿Les habrá dicho: «Yo se los dije? O se abrazaron al saberse a salvos.

Generalmente existe el apoyo entre hermanos que respetan y quieren su raíz de origen. Que comparten historias, complicidades, amores y dolores. Así, el cerdito mayor los haya reprendido, les abre la puerta, porque responde al amor adquirido por la convivencia infantil, etapa en la que no existe la comparación, donde no se juzga, solo se acepta, se ama, porque es mi hermano (a).

En la adolescencia surgen las diferencias. Si toca compartir la habitación, un lado puede ser rosado decorado con afiches de íconos del pop y el otro negro de la cultura punk.

Un hermano puede burlarse del otro, hasta llamarse por apodos, pero si un extraño lo hace, inmediatamente lo enfrentan y le dejan claro que «Solo yo lo llamo así»

En la adultez quedan de lado las diferencias y surge el orgullo de decir a voces, «ese es mi hermano, el artista» O «Mírala, ella es mi hermana, la campeona», así haya ganado una sola medalla en una competencia menor.

Llega un momento en que se sostiene: «El o ella, es así. Es mi hermano (a) »

Unidos por una misma raíz, el mismo origen, la misma crianza, los mismos valores éticos y morales. Aunque la experiencia de cada uno haya sido distinta, porque cada carácter es diferente.

Por ese apoyo, que solo los hermanos entienden, los tres cerditos decidieron vivir juntos mientras reconstruían la vivienda de los que las perdieron y, después cada uno se fue a su casa a vivir su vida como corresponde, pero los fines de semana se reunían a jugar dominó. Fin.

Maritza Cabello