HORIZONTES DE SUCESOS | Contra la muerte

Heathcliff Cedeño

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Quiero volver al punto inicial, a la idea que le dio nombre a esta columna, al horizonte de sucesos. Este lugar representa el fin del espacio-tiempo y es uno de los mayores misterios de la existencia en el universo. Todo lo que pasa por este albañal cósmico deja de existir y hasta ahora nadie sabe a dónde va a parar todo aquello que se traga.

Este fenómeno interestelar tiene su correlato en la muerte. No sabemos qué ocurre con el hálito que mantiene la vida, con el poder que sostiene la carne. Todo el que ha tenido experiencias cercanas con la muerte tiene la misma percepción de que algo se va, o bien, que algo ya no está allí, de que queda sólo el cuerpo abyecto, sin vida.

Vale preguntarse qué queda de los que se van. Somos más memoria que deseo, dicen. Que conservemos objetos y el orden de los que se van tal vez sea la prueba más irrefutable de que la subjetividad no está dentro del sujeto, sino por el paso que dejamos en el exterior. Cuando buscamos a nuestros muertos no vamos al cementerio ni removemos las cenizas, rastreamos el fantasma entre sus cosas.

Sería un ejercicio absurdo tratar de buscar a los muertos en el material del que están hechos. Nadie imagina cómo rastrear las partículas de sus familiares en todos los reinos que componen la vida. Cuando el cuerpo se pudre o se pulveriza lo único que queda es la idea.

Mientras no se sepa qué hay detrás del velo de la muerte debemos acostumbrarnos a que somos inmortales en tanto que somos una idea. Dios y el diablo lo único que tienen de inmortalidad es que son una idea sólida en la sociedad, lo demás no ha sido comprobado. Paradójicamente, nuestra presencia más real en el tiempo no es material, sino fantasmal.

Pero la muerte no es un mal de morir. Esta es un problema sólo para los que viven, según Norbert Elías; también lo es para los que la ponen de enemiga de la vida.

En esta época en la que sabemos que ronda es necesario cuidarse. “La pelona anda suelta”, dicen las abuelas. Hay que tenerle miedo, aunque sepamos que esa carrera empieza cuando nacemos y en cualquier momento nos alcanza.

Una de las formas de vencer la muerte es ganarle la carrera contra el olvido. Esto es para los que se fueron, los que continuarán presentes en nuestra cotidianidad a través del compromiso con sus ideas.

Heathcliff Cedeño