PUNTO Y SEGUIMOS | Hagamos reír

Mariel Carrillo García

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El venezolano suele tomarse las cosas con optimismo. Somos un pueblo que hasta en las dificultades es alegre y que se expresa de forma graciosa. ¿Quién no se ha reído en la calle por alguna ocurrencia de un desconocido? ¿Quién no tiene un amigo o familiar que de todo hace un chiste? No es que seamos incapaces de actuar con seriedad, pero claramente preferimos el enfoque humorístico, que nos sale, además, de manera natural.

Teniendo un gentilicio de tales características y una actividad política tan movida y convulsa, protagonizada por personajes que ni diseñados dieran tanto material, podría esperarse que el humor político fuera de gran riqueza en el país, haciendo gala y honor de nuestra nutrida tradición en el área; sin embargo, la cosa no es tan así.

En una actualidad dominada por las redes sociales y por las comunicaciones digitales, la forma de hacer humor cambió. La gente, especialmente los chamos, no están pendientes de los semanarios humorísticos, ni de la columna de fulano o mengano, es más, ni siquiera de algún programa de televisión, no. Son los memes, los videos cortos, las historias en Instagram de algún humorista o “influencer”, los stickers en mensajería instantánea, o cualquier modalidad rápida que pueda consumirse desde el celular lo que marca la pauta de cómo y de qué nos reímos ahora.

En ese sentido, ha sido la derecha la que mejor se ha adaptado y la que tiene la posta en la generación de contenidos. Comediantes identificados con la oposición son mayoría absoluta en redes; y muchos ejercen como voceros de su sector detrás de un humor que supuestamente pasa por otros temas. La crítica, la burla o la instalación de matrices e imaginarios políticos, más allá de su calidad (esa es otra discusión), está hecha mayoritariamente por gente que no comulga, por decirlo de alguna manera, con los valores de la izquierda.

Claramente aquí no hablamos de hacer un humor “gobiernero”, porque es incompatible con la naturaleza del humor; pero sí es necesario crear desde este lado contenidos que aprovechen el valor de la risa en la sociedad, que realcen la tradición de la comedia real e inteligente que pone a pensar y, sobre todo, que esos materiales se presenten en los nuevos formatos en los que el mundo los mira. O nos adaptamos o nos pasan por arriba.

Que hay gente nuestra muy capaz que produce humor, es indudable, pero hace falta más, que se multipliquen hasta lograr hacer contrapeso a la avalancha de “chistes” del otro lado que van convenciendo, por ejemplo, entre risa y risa, de que el socialismo es igual a fracaso y miseria; y eso pasa indudablemente no solo por encontrar la forma seria de exponer al otro y sus tesis, sino también por la capacidad de reírnos de nosotros mismos, genuina e inteligentemente, con humor y amor.

Mariel Carrillo García