La pandemia es el mensaje (1)

0

Cuando salgo a la calle a comprar bastimentos y veo a todo el mundo con mascarillas, me siento en una película de ciencia ficción, pero no solo es una percepción, es una realidad, un reality show, ese espectáculo real con visos de película de terror de baja intensidad, al menos en Venezuela, porque en otros países la mortandad supera la calificación de altísima intensidad.

El futuro ya llegó y pasando factura. Aquella película de 1973, Cuando el destino nos alcance, nos recuerda en presente que ya nos alcanzó o casi, porque está ambientada en un ficticio 2022, y estamos apenas a dos años de esa fecha y miremos a nuestro alrededor. Y no se trata de hacer metáforas de la enfermedad, como diría Susan Sontag, se trata de volver a McLuhan, ese sabio premonitor que ya en 1967 nos anunciaba que el chip o en cualquier caso la internet, apenas visualizado por entonces, era y es una prolongación del sistema nervioso central, pero como dice Mercedes: «Sigamos».

La pandemia nos retrotrae a la aldea global, la corona nos encierra a todos en casa, nos hace sentir culpables sin serlo, o lo hemos sido de algún modo: “La industrialización del siglo XX llevó al hacinamiento, la contaminación y al calentamiento global debido al efecto invernadero. En el año 2022, en este futuro distópico, la ciudad de Nueva York está habitada por más de 40 millones de personas”… se pelaron por 20 y no adivinaron el pernicioso fracking, esa fracturación hidráulica de la corteza terrestre, tan nociva para la salud del planeta.

La pandemia es el mensaje al que cada quien le da su interpretación, cada persona hace de su cuarentena un saco. Los escritores estamos “frescavenados”, traduzco de Armando José Sequera que la nuestra es crónica. Discépolo, el filósofo del tango, plasmó en Cambalache la profecía de adónde iba a parar la humanidad. En la crónica de la enfermedad del ser humano. “Que el mundo fue y será una porquería, /ya lo sé… / En el 506 y en el 2000 también!».

Humberto Márquez