EstoyAlmado | Regreso a clases

Manuel Palma

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Está en marcha un debate sobre la propuesta de combinar la modalidad online y presencial en el regreso escolar. Las siguientes líneas conforman apenas un borrador de consideraciones personales; mientras se esperan los resultados definitivos de la consulta nacional que se lleva a cabo en todo el país.

Algunos padres y representantes han manifestado un temor natural con el regreso de las clases presenciales. Más allá del intento denodado de algunos sectores politiqueros de instrumentalizar la propuesta, tal vez el miedo de algunos padres sea el momento.

La cifra oficial en aumento de más 40.000 casos y más de 300 fallecidos por covid-19 propicia la reacción natural de los padres de resguardar aún más a niños y jóvenes, sobre todo porque se sabe de algunos países que han ensayado el retorno a clases presenciales tras experimentar un descenso o estancamiento de la tasa de contagios.

En ese contexto, la percepción actual sobre el covid-19 tiene peso en ese clima de preocupación. Hoy el coronavirus no luce como un hecho lejano en nuestras vidas. Desde marzo hasta ahora, en el país hemos pasado de cierta incredulidad generalizada acerca del virus al asombro de saber de personas contagiadas en la zona donde vivimos; y de otras que lamentablemente han fallecido. En este momento ya muchos entendieron que el virus es letal, y no discrimina a nadie. Y esa sensación no deja de ser inevitablemente asociada al regreso a las aulas.

También algunos padres pueden sentirse angustiados porque sus hijos sufren de asma, diabetes y enfermedades que los pueden colocar en una situación muy vulnerable; a pesar de la aplicación de estrictas medidas de bioseguridad en una hipotética modalidad presencial para el regreso escolar.

Por otra parte, hay padres que sienten que sus hijos no están preparados para adecuarse al distanciamiento social; y mantener la mascarilla en su lugar el tiempo que sea necesario. Son niños, adolescentes, y pre adolescentes. Están al tanto de un enemigo invisible y mortífero porque se lo han dicho hasta la saciedad. Pero no por eso abandonan su ímpetu de interactuar sin tapujos y sin temor a contagiarse. Compartirse una botella de agua, intercambiarse alimentos y útiles escolares puede ser común entre ellos.

A pesar de eso, de concretarse un eventual regreso se espera que cada institución escolar, con el apoyo del Estado, no escatime esfuerzos por cumplir medidas estrictas de bioseguridad. Eso podría devolver a los alumnos a otro tipo de escuela, una mucho más preventiva y limitada en espacios e interacción social.

Un aspecto que no podemos soslayar en el debate es la disponibilidad de las herramientas tecnológicas; y los efectos de la crisis para afrontar la modalidad online. De acuerdo a reportes de la Unicef la falta de conexión a Internet y la recesión económica global, atizada por la pandemia, empuja a muchos niños a abandonar el colegio. Entonces, cuando se propone un esquema combinado es porque por sí sola la modalidad online está demostrando que no garantiza una educación para todos por igual. Eso también es preocupante.

De igual forma, en la modalidad online habría que revisar los métodos de seguimiento y evaluación de las actividades asignadas a los alumnos; además de redefinir el rol de padres y docentes en el cumplimiento de las metas educativas. Por ejemplo, capacitar a los docentes sobre algunas herramientas digitales básicas podría facilitar el proceso pedagógico vía online.

Otro punto es la fecha. Además de la propuesta de que los niños y jóvenes regresen a los salones en octubre próximo, en las redes hay quienes proponen comenzar el nuevo periodo escolar, de forma semipresencial, en enero próximo.

Este último planteamiento puede ser una oportunidad para prepararnos mejor, junto con los niños y jóvenes, en el aspecto emocional y psicológico. La pandemia nos tomó a todos por sorpresa; y aún nos estamos recuperando del sobresalto que implicó adoptar a trompicones nuevas alternativas para culminar el pasado ciclo escolar en medio del encierro preventivo.

Sea cual sea la fórmula, en tiempos de pandemia es necesario seguir apostando por una educación más segura, lo más incluyente posible y de calidad. Ojalá la ciencia avance en comprobar la efectividad de las vacunas contra el covid-19 y con ello se generen nuevas condiciones favorables a mediano y largo plazo para la educación.

Manuel Palma