VITRINA DE NIMIEDADES | Aula, presencia, equidad y otros desafíos (II)

Rosa Pellegrino

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Acudir a una escuela segura es hoy la premisa de muchos estudiantes, padres, madres, maestros y trabajadores de la educación; sumidos en el debate de volver a clases presenciales. Una preocupación comprensible, indudablemente, que debemos enlazar con otra inquietud: ¿qué tan incluyente y equitativo puede ser un salón de clases en tiempos en los que la economía, la salud y la estabilidad de decenas de países están en vilo?

La pregunta vale para el mundo, pero en Venezuela cobra más urgencia responderla. Desde el Gobierno Nacional se planteó la necesidad de estudiar un modelo alternativo a la educación exclusivamente a distancia, por el temido riesgo de que aumente la deserción escolar. Es una posibilidad que como sociedad debemos evitar a toda costa; porque sabemos que el precio mañana será la vulnerabilidad de cientos de familias. El asunto –y ahí viene este odioso lugar común- es cómo lograrlo.

Como dicen por ahí, el primer paso es reconocer que el peligro existe. Las heridas dejadas por la situación económica que atravesamos y las consecuencias del bloqueo impuesto contra Venezuela tienen efectos en lo social. Entonces, es tremendamente factible en medio de una pandemia que niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad dejen de estudiar.

Allí está el punto neurálgico de todo este debate: cómo proteger a los vulnerables en medio de esto. Quizás, el debate comenzó a la inversa. No podemos acertar en la elección del momento ni del modelo a usar para volver a clases presenciales o mixtas si no sabemos cuáles son los riesgos y debilidades a las que se enfrenta nuestra población estudiantil. ¿Solo los afecta carecer de equipos tecnológicos y conexión a internet? ¿O el riesgo de dejar de estudiar se vincula con otros factores?

Organizaciones como la Unicef han planteado estrategias para mantener especial atención a los grupos de estudiantes en condiciones de vulnerabilidad; como aquellos que poseen alguna discapacidad o pertenecen a comunidades indígenas. A la lista debemos agregar a aquellos sectores que se ven mucho más afectados por la coyuntura económica que atravesamos.

Entonces, la primera tarea es fortalecer toda la estructura de protección social para acompañar a los estudiantes, con mecanismos que respondan a una coyuntura sui géneris y que permitan mantener el monitoreo a esas situaciones que puedan llevar a la deserción escolar, para generar las alertas necesarias y tomar decisiones oportunas.

A ello se suma otra tarea, que esperemos sea el resultado más notorio del debate que se desarrolla ahora: diseñar un modelo que responda verdaderamente a nuestra realidad; viable y sostenible. ¿Podemos todos los involucrados en la actividad educativa migrar por completo a un modelo en línea? La experiencia dice que no. Entonces, toca combinar mecanismos de enseñanza y nuevas formas de intercambio entre estudiantes, docentes y padres.

Crear un método propio, que responda a lo que somos y necesitamos, es hoy el principal reto ante nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Luego, nos queda otra inquietud, que es hacer del aula un espacio de equidad y crecimiento para docentes y trabajadores del sector.

Rosa Pellegrino