HORIZONTE DE SUCESOS | Objetos

Heathcliff Cedeño

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En otras entregas he referido que percibimos la realidad de forma fragmentada y que esa forma de percibirla empezó con el inicio del pensamiento moderno. También dije en una oportunidad que somos el sostén de la realidad y que los sentimientos son un estado del mundo en tanto que todo está tamizado por nosotros.

No obstante, es justo aclarar que esto no significa que se desconozca el resto de las cosas que son diferentes a uno, digamos, al sujeto. Los objetos con los que nos topamos diariamente, de la naturaleza o no, y otros que están a distancias astronómicas, existen antes y después de nosotros; tienen existencia propia.

Si bien los objetos tienen nombres, éstos corresponden a una realidad distinta a la del lenguaje en tanto que no se agotan si dejan de nombrarse; y esto es posible porque el objeto mismo es su significado. Entonces podría decirse que la relación con eso “material” se da a través de otro tipo de contacto.

Dicen que los objetos por su existencia sólida ofrecen cierta resistencia, ocupan un lugar. “Los objetos objetan” en tanto que cualquiera interacción con ellos requiere de algún tipo de fuerza, bien sea para apartarlos o para cargarlos.

Sin embargo, no debe creerse que la realidad es más “real” porque es tangible o se puede medir y pesar. La física tiene un poco más de sentido con la psíquica; todos los objetos adquieren un poco más de realidad cuando son reconocidos por alguien.

La resistencia de estos objetos puede variar cuando le imprimimos un sentimiento. Por más rígidos que sean, cuando el sujeto se involucra con algo los contornos se disuelven y las cosas se vuelven maleables, livianas, incluso atmosféricas.

Dicho esto, evidentemente los objetos tienen tienen existencia propia, pueden ser sustituibles o intercambiables sin mayor remordimiento; pero quien establece una relación sentimental con éstos puede entrar en el alma de la cosa misma y entender sus secretos, ambos se vuelven una misma sustancia. Ninguna réplica, por más exacta que sea, puede sustituir algo por lo que se guarda un afecto.

Las personas que alguna vez se han sentido una cosa saben mucho de esto, no por su carácter reemplazable, sino porque perdieron realidad y su existencia se agotó frente a otro sujeto.

Heathcliff Cedeño