DATE CON LA CIENCIA | Una economía para el ser humano

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

0

Necesitamos pensar fuera de los vagones del tren del “desarrollo”

“La economía es bien curiosa
al pequeño ahorrista del alma lo engañan en Wall Street
los sueldos de la ternura son bajos
subsiste la injusticia en el mercado mundial del amor,
el aprendiz está rodeado de nubes que parecen elefantes,
eso no le da dicha ni desdicha
en medio de las razones
las redenciones
las resurrecciones”
Juan Gelman, La economía es una ciencia

No cabe duda de que la actual pandemia ha expuesto, de manera dramática, las grandes contradicciones del modelo civilizatorio moderno capitalista hegemónico. La aparición y la dispersión del SARS-CoV-2, agente causante de la covid-19, pusieron en evidencia la carga de individualismo, racismo, colonialismo, patriarcado y violencia contra la naturaleza, propia de este modelo civilizatorio. Las consecuencias económicas de la pandemia ya están a la vista. Una miríada de análisis y opiniones está servida en la mesa tratando de adelantarse a lo que se sugiere es un cambio de época. Muchos de esos análisis intentan dar luces sobre la manera de restaurar la “normalidad” o las formas que tomará la “normalidad” posterior a la pandemia.

Desde esta columna, nos preguntamos cuál es la normalidad que queremos y cuáles son los retos planteados desde la economía para explicar la situación actual y los futuros posibles.

“Normalidad” significa, de acuerdo con el diccionario, “cualidad o condición de normal”, mientras que “normal” sería algo “habitual u ordinario”, “que se halla en su estado natural”. Veamos con unos poquitos ejemplos algo habitual u ordinario antes de la pandemia, que fueron expresados recientemente por la economista Pascualina Curcio, en un artículo publicado en Últimas Noticias.

En la actualidad, somos más de 7 mil millones de personas en el planeta. La mitad de esta población vive bajo el nivel de pobreza, según indicadores de Naciones Unidas. Más de 820 millones de seres pasan hambre y alrededor de 2 mil millones viven una situación de inseguridad alimentaria moderada o grave. Esta inseguridad alimentaria no es homogénea: mientras 20 % de africanos la sufren, solo 8 % de europeos y estadounidenses están en dicha situación. Más aún, las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir hambre. Del total de muertes de niños menores de 5 años, el 45 % se debe a inanición.

En el otro lado de la balanza, tenemos que el 1 % de la población del mundo acapara el 82 % de la producción mundial y que, desde enero, las corporaciones más importantes del mundo repartieron ganancias que sobrepasaron los 18 mil millones de dólares, una cantidad muy superior a la calculada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para resolver los problemas de hambre en el mundo.

Debemos agregar que, durante la “normalidad” y en tiempos de pandemia, un solo país, Estados Unidos, ha aplicado, de manera unilateral y generalizada, medidas coercitivas contra naciones y personas, violando el derecho internacional y produciendo daños severos a una vasta población del mundo. En la actualidad, EE. UU. aplica más de 8000 “sanciones”, bajo la mirada ciega del sistema de Naciones Unidas.

En el caso de la naturaleza, la situación no es diferente, sino peor. Más de un millón de especies estaría en riesgo de extinción, de acuerdo al Panel Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). La temperatura de la atmósfera continúa aumentando, con consecuencias catastróficas, y la acidificación de los océanos, la desertificación y el aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos climáticos (huracanes, tormentas, inundaciones) dejaron de ser proyecciones de futuro para convertirse en hechos presentes.

La causa de todo apunta directamente a un modelo civilizatorio, la modernidad, y al sistema económico que lo sustenta, el capitalismo. Hoy, más que nunca, investigar y debatir sobre economía y sobre cómo la pandemia ha alterado nuestra visión del futuro se hace vital. Pero el estudio de la economía no puede quedarse en ecuaciones aisladas y visiones cerradas que solo ven “leyes de mercado”. Aquí la visión geopolítica juega un papel importante para entender hacia dónde puede estar dirigiéndose la humanidad y cómo podemos impactar en esta ruta.

Recientemente, China e Irán formaron un acuerdo de un impacto tremendo. Se trata de inversiones chinas en Irán por el orden de 400 mil millones de dólares, en un período de 25 años, que mejorarán sustancialmente la infraestructura en transporte terrestre, ferroviario y marítimo; las telecomunicaciones y la defensa militar. Una inversión a cambio de petróleo y la apertura a un mercado gigantesco. China fortalece su proyecto de Ruta de la Seda: no se utilizan dólares; Rusia se incorpora al mismo eje; y Europa pierde oportunidades de mercado y negocios.

El tablero geopolítico se va transformando.

¿Significa esto que es el fin del capitalismo? ¿Es esta la nueva “normalidad” que se avecina? El capitalismo está en crisis. ¡No hay duda! Estados Unidos está perdiendo hegemonía en el campo económico. Pero no es el fin del capitalismo. Para utilizar la metáfora de Walter Benjamin, diríamos que esa locomotora no se ha detenido y sigue su camino inexorable hacia el precipicio, aunque la mayoría de debates y análisis económicos se hace desde ese tren; así, las soluciones que se proponen solo cambian para no cambiar el sistema.

Solo bajándonos de este tren; esto es: cambiando paradigmas y haciendo una investigación que revolucione el saber, podremos plantear acciones verdaderamente transformativas y una economía que rescaten al ser humano y a la humanidad de un sistema que los está llevando al colapso.

  1. Nerliny Carucí y Guillermo Barreto