La pandemia es el mensaje (3)

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Un cambio cultural que ya lleva meses y pareciera que, como diría Carlitos González, la bola pica y se extiende. La cuarentena es, en óptica optimista, un mágico suceso que nos facilita el reencuentro con nosotros mismos, una maravilla que habíamos perdido sin querer queriendo. Y henos aquí con un futuro adelantado. Estamos asistiendo a la TV hecha en casa y la radio también. Lo que seguramente ocurriría una década más tarde ya está pasando ahora.

McLuhan puso el dedo en la tecla de la tecnología. Su aforismo “el medio es el mensaje” se ha convertido en un lema de la estética y las ciencias de la comunicación contemporáneas, ya que, para él, la manera de percibir la realidad está en relación directa con la estructura y la forma de informar, y cada medio está relacionado a su vez con una parte de la psiquis humana. Disculpen la echonería, pero yo he tenido suerte al respecto. Hace rato largo que grabo mis programas de radio desde casa. En los 90 vi en Tokio, en la redacción del más importante periódico, cómo un periodista le hablaba a la compu y ella escribía; no podía creerlo, me sentí en una película de ciencia ficción, gracias a la gentileza de mi buen amigo Jutaro Sakamoto, embajador de Japón. En el 92 llegué a Optilaser, la ensambladora de discos más importante en Venezuela, con mi grabación del memorable disco Lara-Soto-Riera y el presidente de la compañía me dijo: “Lo quieres en LP o te anotas en la última tecnología del CD” y me anoté sin duda, y fue uno de los primeros discos en el nuevo formato, o cuidado que el primero, porque mi querido amigo colombiano que no recuerdo su nombre me dijo, eso llegó ayer.

Ayer me leí la buena novela Una silueta en la partitura, de Enrique Dávila, mi compañero de la Javeriana en Bogotá, editada por Maremágnum, dirigida por mi hermano, también Javeriano, José Antonio Carbonell. Creo que fue la última vez que disfruté un libro de papel con tanto gramaje, porque ahora mis libros son digitales gracias a Ciudad CCS, así que volviendo a McLuhan, la pandemia es el masaje.

Humberto Márquez