LETRA DESATADA | Guanábana y humanidad

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Guanábana. En la época de la guanábana en Venezuela, los períodos presidenciales duraban cinco años. Se usaba a esa deliciosa fruta para describir la alternancia en el poder de blancos y verdes, pero realmente eran una sola cosa: una guanábana. Nada cambiaba, solo los nombres. La socialdemocracia y la democracia cristiana: adecos y copeyanos. La izquierda existía. La derecha no. Se camuflaba. La socialdemocracia era la gente nice, sensible a las injusticias. Los democratacristianos eran conservadores y pacatos. Aquellas elecciones de la guanábana culminaron con la llegada de Caldera, después del intento de golpe de Chávez en 1992. No era una fruta, sino un chiripero. Actualmente no hay dudas, colores ni ambigüedades. Hay un grupo de venezolanos, la mayoría, que quiere dirimir sus diferencias con elecciones y hay otro grupo, muy pequeño, que quiere entregar la patria a los gringos. No hay guanábana. Hay derecha e izquierda. Ubíquese.

Parar a Trump. El escritor estadounidense Paul Auster advirtió en una entrevista para BBC Mundo que la “democracia” en Estados Unidos tiene un destino incierto. “Nuestra misión (la de él y la de su esposa Sirit) en este momento es tratar de persuadir a los jóvenes que habían decidido no votar para que cambien de opinión y voten. Siento que nuestra obligación primera es hacer todo lo posible para asegurarnos de que Trump no sea reelecto. El próximo trabajo será lo que suceda después de las elecciones del 3 de noviembre, cuando habrá un retraso en el conteo de todos los votos que lleguen por correo. Pasaremos por un período de uno o dos meses que amenaza con ser tan caótico como nada que hayamos visto en la historia de EEUU desde la guerra civil. Me planteo decenas de historias diferentes sobre lo que puede suceder. Pero no va a pasar nada bueno en este período”. Lo dice Auster, pero también lo dice Trump: si pierdo arrebato. No es la ficción de sus novelas lo que le preocupa al escritor neoyorquino.

El futuro. Mientras, Trump anuncia que no reconocerá los resultados de las elecciones de noviembre si pierde y es candidateado al Premio Nobel de la Paz. El caradurismo de la derecha es mundial y las señales que lanza no son de amor, son de guerra. La derecha venezolana quedó al descubierto cuando en 2002 le dio un golpe de Estado al “dictador” Chávez. Mientras escribo hay ruidos en la democracia Argentina y es un hecho que Evo Morales y Rafael Correa no pueden participar en las elecciones de sus países por decisión de la derecha. La unión monolítica de la derecha para acabar con la izquierda en América Latina está dando frutos, tantos que Iván Duque se da el tupé de calificar las decenas de masacres de este año en Colombia como “homicidios colectivos”. ¿Hasta dónde llegarán? ¿Qué más tiene que pasar? ¿Qué está pasando con la Humanidad? ¿Es humana? Sigamos.

Mercedes Chacín