EL QUE BUSCA ENCUENTRA | Vallita en cuarentena

Henrietta Saltes Zamora

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Por estos días andaba de preguntona: “¿Qué le pediste a Vallita en su día?” Y vi gente pidiendo favores en el terreno de lo doméstico coyuntural: primero que nada, que quiten la cuarentena radical… que en vez de una, cada 15 días, le llegara agua dos o más veces, si es posible. Que abran todos los negocios, que regrese el puerto libre e inyecten dólares al turismo (¿?), que surtan las bombas de gasolina (sin colas) o que dupliquen las bombonas de gas por cada casa. Sí, hay gente que le pide esas cosas.

Solo hay que imaginarla tan, pero tan devota, que pretende que la virgen se diversifique de tal manera que no solo atienda asuntos bajo su jurisdicción celestial de naturaleza mayor, digamos… sino que aspiran a que les resuelva todos los rollos terrenales -y hasta banales- en los que se meten, porque tienen muy mala cabeza a la hora de tomar las peores decisiones, o en los que por x razones terminan involucrados sin que hayan tenido la intención de provocarlos o de obtener resultados muy negativos en circunstancias adversas, como estas que sobrevivimos. ¿Ustedes imaginan esos diálogos sinceros; así, como solemos hablar los venezolanos, en el más profundo silencio cómplice entre ellos?

—Vallita querida, ayúdame, te lo ruego por lo que más quieras. Tengo un problema gigantesco encima: me porté muy mal y entonces me dejó mi novia, la mujer de mi vida. Íbamos a casarnos y todo… ¿Qué voy a hacer ahora? Tengo el corazón destrozado, siento que me muero sin ella. Devuélvemela. Si tú me concedes ese deseo, mira: te lo juro por mi madre santa que de verdad yo hago lo imposible -lo que tú me pidas- por ir a Margarita y pagarte como sea ese milagro.

—Ajá fulanito: ¿qué fue lo que hiciste que esa mujer te cortó las alas? Debes haber puesto la torta bien puesta porque para que tú mismo te pongas la soga al cuello y me implores que interceda, mira, yo te digo sinceramente: muchacho no es gente grande. ¿La traicionaste, verdad? Dime.

—Cónchale Vallita, ayúdame. No me habla, no quiere nada conmigo. Me tiene todo bloqueado por todos lados y no sé qué hacer para comunicarme con ella. Lo que me da es pánico, es demasiado jodida. Háblale, dile que me dé alguna señal, lo que sea, para yo dar el paso y acercármele.

—¿O sea que tú no me vas a contestar a mí que engañaste a esa muchacha? Es una pregunta retórica, para que sepas. Y tan bella que es. ¿Ni siquiera porque soy yo vas a honrar la verdad? ¡Le montaste cachos!

—Vallita, lo que pasó es que me puse a inventar y se me fue la mano, no le di su lugar, la dejé de un lad…

—¡Será de última! A mí no me vas a engatusar con tus eufemismos

—Cónchale Vallita ayúdame, te lo suplico. No valgo medio: si tú no metes la mano estoy perdido.

—¡No mijito! Asuntos e irregularidades en relaciones de pareja; esas cosas sexoafectivas envueltas en oscuridades a las que son proclives los humanos de psiques débiles no están bajo mis áreas de influencia. No abuses. No tengo tiempo para eso. Recoge esos vidrios y resuelve ese paquete en el que te metiste tú solito. Pídele perdón, sin vergüenza… Tienes suerte, más bien, de que no me meta y la ayude a casarse pasado mañana mismo con un hombre decente -que los hay, déjame decirte-. ¿Por qué no me pides por tu salud, que no te dé el covid-19? Ah no, eso no te importa,  y ni te pones mascarilla! Irresponsable.

¿Qué culpa tiene Vallita de que la gente se vuelva loca y no avise, cierto? Ya tiene suficiente con tener que pasar su celebración por debajo de la mesa este 2020 por la cuarentena. Además, está ocupada atendiendo muchísimas peticiones serias para velar por la salud de los venezolanos ante la amenaza permanente de esta pandemia, que es lo que apremia. Y no la tiene fácil. No se ve muy bien que digamos cuando la infravaloran buscando que atienda causas nimias o perdidas.

¿Qué le pidieron ustedes a Vallita en su día?, le pregunté al señor Ramón y a la señora Gladys, mis buenos y encantadores vecinos que me respondieron al unísono, intercalando las palabras. “Ay mijaquerida protección, salud, piedad, unión. Que toda la gente que está enferma de ese bicho se cure… porque está muriendo gente inocente, ¿sabe? Y bastante gente joven (porque los viejos ya estamos más cerquita, por otras razones) ¡y médicos!, no es justo, eso da dolor. Todos los días salen las malas noticias: tantos se enfermaron, no sé cuántos están hospitalizados y uno se siente impotente sin poder ni moverse para ayudar en lo que pueda, ¿sabe? Como ha sido siempre. Entonces uno recurre a ella que es iluminada y de poder precioso, para que los sane y toda esta pesadilla se termine rápido”.

Foto Henrietta Saltes Zamora

Y uno ve la devoción satelitalmente y entiende cómo la fe, en lo que sea, mueve a la gente. Toca la fibra y cataliza. Y no importa si se es o no creyente y devoto de esta o aquella otra virgen, porque en el fondo, el bien, hecho deseo genuino, viaja de mente en mente y de corazón a corazones y a fin de cuentas, lo menos que uno espera es que se materialice. ¿O el objetivo no es ese? Y si por ello se puede ser testigo de unos ojos brillantes en amores, como los suyos, entonces uno lo comparte. ¿Quién dice que el sentimiento de devoción es no endosable? Tal vez es esa cercanía con esa altísima vibración lo que tanta gente necesita para entrar en ese engranaje de energía amorosa.

Estuvimos un buen rato escuchando al señor Ramón contar todas las historias que se desprenden de la Virgen del Valle, como si las hubiera vivido él mismo. Desde el día en que llegó a Margarita, hasta la semana pasada. Lamentando no haber podido ir al Valle esta vez (como acostumbra) por la situación que nos supera, pero muy comprometido con ella, adornada con flores que recoge del monte en la entrada de su casa, apoderado de la palabra y el gesto amable, cual un orador de orden, todo serio, sereno, sublime. Y un guayoyito… y otro cuento, y otro, y todos los que pudo en una ráfaga espiritual pedagógica de tipo artesanal, hecha a mano, con cariño, mucha dedicación y respeto. Como las que dan gusto. Que en la tercera edad está el néctar y uno lo agradece.

“Antes de que te vayas voy a prestarte un librito muy importante que quiero que leas completo. ¿A qué no adivinas de qué se trata? -dijo sonriendo emocionado- de la relación que tuvieron nuestros héroes de la Patria con la virgen. ¿Tú sabías que ellos eran muy devotos? Es un libro precioso”. “Precioso” es su palabra favorita. Y sí lo es. Aquí les dejo algo:

“La isla de Margarita con sus costas abiertas a todas las invasiones piratas, era imposible que las escasas defensas y fortificaciones pudieran protegerla contra la sed insaciable de aquellos bandoleros y filibusteros que, cuales lobos marinos, estaban siempre al acecho para robar y saquear la isla. Para precaverse contra tan despiadados salteadores, a quienes al principio se sumaron los caribes, hubo necesidad de preparar en la isla una defensa eficiente para impedir las agresiones de unos y de otros.

«Con tal fin, todos los hombres en capacidad para llevar armas fueron organizados militarmente en cada pueblo, con capitanes instructores y capacitados para el mando; lo mismo sucedía con los indios guaiqueríes, que formaban compañías adiestradas. Todos practicaban ejercicios semanales y a horas señaladas. Cada quien se dedicaba a sus quehaceres y trabajos diarios; pero cuando el cañón de Santa Rosa disparaba, su estampido se oía en todos los rincones de la isla, y era la señal de tomar las armas por la inminencia de algún peligro en ciernes. En el lapso de menos de una hora, toda Margarita estaba en pie de guerra y las compañías acudían presurosas al lugar del peligro.

«Estos antecedentes explican cómo en Margarita los realistas tropezaron con una resistencia insospechada, lo que hizo escribir a Morillo que los margariteños «pelearon con un ánimo del que hay pocos ejemplos en las mejores tropas del mundo». De nada, tal vez, hubiese valido la preparación militar de más de dos siglos sin el espíritu, tenacidad y confianza que animaban, tanto a los jefes como a los soldados, y que se alimentaban en su amor y confianza a su santa patrona, que los hacía invencibles a los embates de la guerra y el prolongado asedio al que fueron sometidos”.

¿Les suena conocido? ¡Ja! Sigo:

“Con Dios y con la Virgen del Valle’ era el canto épico que alimentaba al puñado de valientes que, sin armas, y en desventaja numeraria, supieron dar la cara por defender los intereses sagrados de la Patria.

«¡Virgen del Valle! Margarita es tu obra.
¡Virgen del Valle! Nueva Esparta es tu corona.
La virgen margariteña
La bravura duplicaba
del insular, que vivía
Más que de cocos y cañas, de la esperanza inefable
De religión y de Patria.

«Portentosa intervención de la Santísima Virgen del Valle en Matasiete el 31 de julio del año 1817.

«En las luchas que los patriotas margariteños sostuvieron contra el ejército de Pablo Morillo, y que culminó en la heroica gesta de Matasiete (julio de 1817), en las filas de los margariteños hay una mujer que alienta a los soldados: les habla con ternura; les brinda pan y agua, y les cura las heridas. Al terminar la acción, indispensable es expresarle la gratitud por todo cuanto ha hecho; la buscan afanosamente por todas partes, y no la encuentran. Entonces los soldados exclaman, convencidos: ‘Es la Virgen del Valle’.

«Este relato tiene bases históricas, la tradición lo ha conservado en todo su frescor. Monseñor José María Pibernat refiere que don Napoleón Narváez, honorable anciano de ochenta y cinco años de edad y que residía en Porlamar (escribía en 1943) y autor de varias obritas, afirmaba que su deudo, el teniente José Manuel Narváez, uno de los héroes de Matasiete y que más tarde fue al Perú con el Libertador, aseguraba que en el terrible asalto que Morillo dio a los Patriotas el 31 de julio de 1817 en el Cerro Matasiete, los combatientes vieron a una mujer curando y ayudando maternalmente a los heridos… y que esa Mujer, según la fe unánime de los soldados, era la Virgen del Valle.

«En la historia de la humanidad, son varios los casos de una intervención de lo Alto, en ciertas críticas circunstancias, como respuesta del Cielo a la oración y a la fe de los fieles. Por lo tanto, no es de extrañar que la confianza y plegarias del pueblo margariteño hayan alcanzado la piedad y clemencia de tan bondadosa Madre, y ser Ella la que realmente los haya auxiliado en las amargas y penosas horas de Matasiete.

«Aquellos guerreros, que pelearon como leones, se convirtieron en mansos corderos ante la imagen de su Reina y Madre, que los había socorrido en los azarosos días de tan tremendas luchas; y, ceñidos a los lauros del triunfo, acompañaron a la Sagrada Imagen a su vuelta a su Santuario del Valle, celebrando grandiosa función de acción de gracias”.

Henrietta Saltes Zamora