ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Crisis económica, entre la fe y la opacidad

Raúl E. Peñaloza B.

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Algunos piensan que la economía, más que ciencia, es un gran acto de fe, en el que se espera que aplicando ciertas medidas (teoría económica) preestablecidas en los modelos, se logren impactos deseados en las variables que se necesita estimular, a través de los mecanismos de trasmisión de la economía.

Los agentes económicos toman sus decisiones sobre la creencia de conocer cómo ocurren los hechos económicos; partiendo desde los deseos de satisfacer necesidades, individuales, grupales o colectivas, y basados en una supuesta racionalidad con la que los actores económicos participan.

Los consumidores son los más “creyentes”. Construyen la demanda basándose en sus prioridades, necesidades, capacidades presupuestarias y, sobre todo, a partir de las expectativas; calidad del producto, oferta del producto (escasez) o comportamiento del precio del producto (inflación), entre otras variables que influyen en sus decisiones.

Por su parte, quienes producen y comercian reaccionan directamente a esas “creencias” del consumidor, solo que toman decisiones respondiendo a sus propios intereses, sus propias necesidades, es decir, su propia fe.

El gobierno (ministros, asesores, decisores y diseñadores de política económica) tiene la mayor responsabilidad en el desempeño económico del país. Sus decisiones afectan al resto de los agentes económicos, y forman parte de las expectativas de todos, es decir, generan influyentes “creencias” que alimentan la “fe” colectiva.

Cada agente económico toma decisiones confiando en que sus acciones tributan de la mejor manera con los objetivos de producción, distribución y satisfacción de necesidades; creyendo siempre que obtendrá resultados satisfactorios.

Como todo acto de fe, parte de un dogma. En este caso, de los dogmas de la teoría económica; y aquí comienza otra subdivisión, transversal a la segmentación de los agentes económicos que intervienen en la economía. A partir de allí surge un rico debate entre las diferentes posturas del pensamiento económico. Marxistas, monetaristas, neoliberales, keynesianos, etcétera, cual feligreses de sus dogmas, confían con mucha fe en sus recetas.

Siempre he sido crítico de los dogmas económicos, por lo limitado de los modelos que los sustentan. El hecho económico es una realidad multifactorial de variables infinitas y los modelos solo alcanzan a evaluar algunas de esas variables, modelando de forma sencilla una realidad muy compleja. Por ello ninguna teoría económica enfocada de forma dogmática cumplirá completamente sus objetivos.

Venezuela atraviesa una terrible crisis económica. Por sus características y duración es la más profunda que haya vivido nuestro país como República. Las causas de la crisis son muchas, pero podrían dividirse en 3 grandes grupos:

  1. Estructurales: A raíz del agotamiento de su estructura rentística y la caída del ingreso petrolero.
  2. Guerra económica: Bloqueo financiero, bloqueo tecnológico, bloqueo comercial, contrabando de extracción, especulación.
  3. Desaciertos: Errores en la toma de decisiones, ausencia de toma de decisiones o fallas en la ejecución de las medidas.

Sobre el punto 3, hay que decir que en los últimos 21 años, Venezuela ha tenido 16 ministros de finanzas, de los cuales solo 3 han sido economistas. Igualmente, durante el mismo periodo, 7 venezolanos han ocupado la cartera de planificación, entre ellos solo un economista.

Sea cual sea la visión teórica desde donde se decida afrontar la crisis económica actual, se necesita mucho más que solo fe. Porque a pesar de lo limitado que puedan ser sus modelos, la economía continúa siendo una disciplina delicada, que debe ser respetada más allá de los dogmas que albergue en su seno.

Se requiere superar dogmas y posturas ortodoxas; tomar y aplicar medidas. Pero no hay forma de emprender camino alguno hacia la estabilización, el crecimiento y mucho menos el desarrollo desde la opacidad en la que se encuentra la economía. Transitamos un camino con las luces apagadas.

En Venezuela la falta de información (opacidad) genera una dificultad adicional. El no tener datos oficiales sobre el desempeño de PDVSA y las variables económicas en general transforma las decisiones económicas de nivel fe a nivel fe ciega; sin duda, un nivel más complejo.

Según un estudio realizado en marzo de 2020 por el Observatorio Venezolano de la Realidad Economica (OVRE), el 41% del comercio se realiza con transacciones en dólares, efectivo o por zelle; sin factura y sin pasar por el sistema financiero local. Ante la implementación del mecanismo 7+7 para disminuir la propagación del covid19, los comercios continúan trabajando a puerta cerrada o con despacho a domicilio; sin factura, por supuesto.

Hay un circuito comercial importante de bienes y servicios realizados aquí, pero cuyos pagos se realizan en otros países; por lo que el equivalente financiero nunca ingresa al sistema económico nacional.

Ni hablar de la utilización de criptomonedas. Solamente en la plataforma localbitcoin se movilizan más de 30 millones de dólares mensualmente; sin contar otros exchange, otras monedas, ni otras plataformas de dinero digital como paypal, uphold, etc.

Se generan transacciones comerciales nacionales e internacionales utilizando oro como forma de pago. El sector industrial, y sobre todo agroindustrial, mantiene niveles de producción cuyos productos son ofrecidos en el mercado internacional al margen del Seniat. Además, con excepción de algunos empleados de la administración pública y los pensionados, los trabajadores obtienen salarios, bonos e incentivos adicionales; muchas veces en productos para el consumo, que no están dentro del salario formal.

Toda esta economía subterránea, opaca, paralela, mueve montañas de dinero. Pero esas montañas no las mueve la fe inocente de cualquier dogma económico, son mafias que se adueñan de los mercados disponibles, y que hacen imposible a los agentes económicos públicos planificar una salida a la crisis y a los privados planificar inversiones a mediano plazo.

Cualquier plan económico para salir de la crisis, a mediano y largo plazo, pasa primero por eliminar toda la opacidad de la economía. Y luego asignarle la tarea a los más competentes.

Raúl E. Peñaloza B. | @raulen13