PUNTO Y SEGUIMOS | Alguien que nos explique

Mariel Carrillo García

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Cuando se anunciaron los indultos presidenciales a más de cien opositores el pasado 31 de agosto, las reacciones desde el chavismo fueron varias. En algunos la rabia y aún, la incredulidad: ¿Esto es en serio? ¿De nuevo? Y luego otros, con fe casi mística: el presidente sabe lo que hace. También dijeron por ahí: esa es una jugada maestra, la gente no entiende la política a esos niveles, y, como si fuera piedra para liquidar: Chávez también lo hizo.

Todas las reacciones me parecen válidas considerando el contexto en que vivimos. Sin embargo, la última me preocupa porque deja ver, mientras trata de defender una acción, algo parecido a la subestimación del pueblo. Ciertamente no estamos al tanto de mil y un jugadas que se hacen tras bastidores; pero el problema no radica en conocer o desconocer esos detalles, sino en la confianza que nos transmitan las medidas que tomen aquellos a quienes les encomendamos democráticamente la conducción política del país. Y esto aplica no solo para el caso de los indultos, que es un mero ejemplo, sino para todos los temas de importancia en la vida nacional.

Entonces, puede haber grandes medidas, grandes esfuerzos, pero nadie con poder de decisión parece preguntarse por qué hay tanta gente nuestra desesperanzada o con dudas. La respuesta no es que el pueblo no entiende. La respuesta es que a ese pueblo que aguanta estoicamente la pela del bloqueo, su dirigencia le pide confianza, pero no le da claridades, no le informa, no le explica. Si alguna cosa maravillosa tuvo Hugo Chávez fue la capacidad de darnos luces, de hacer accesible a todos eso de la política, de enseñarnos y de hacernos partícipes; en consonancia con el proyecto de nación que nos ofreció y por el cual hemos estado votando por dos décadas.

Gobernar es el más grande acto de servicio posible, y requiere de una comunicación constante, clara y sincera con el pueblo. Pensar que con decirnos que nos ataca el imperio es suficiente, no solo es un acto de irresponsabilidad sino un irrespeto. El pueblo venezolano escogió ser protagonista de su historia, no un actor secundario a la espera de las acciones salvadoras de los gobernantes protagonistas. La construcción del socialismo es un trabajo en equipo, que requiere del fortalecimiento del poder popular, no de su aislamiento, no de su desgaste.

El soberano no es ni nunca ha sido tonto, tiene clarísimo que nos asfixian desde afuera con complicidad interna, sabe que quieren nuestros recursos, y sobre todo sabe de qué lado ponerse; responder a la lealtad y compromiso de ese pueblo con opacidades, omisiones, anuncios de anuncios, mensajes vacíos, ineficiencia y excusas, es subestimar al único con el poder de vencer las dificultades.

Siempre recuerdo la época del referéndum revocatorio, con la oposición en su apogeo y cómo nos presentó Chávez su aceptación al mismo; con aquella clase, con aquel respeto. En 50 minutos pasamos de la angustia de ir a referéndum a la emoción de ir a referéndum. Nos íbamos a Santa Inés. Fuimos un gran y único Florentino, ningún diablo iba a poder con nosotros. Y no pudieron. En estos tiempos tan fregados, estoy segura de que, si al Florentino colectivo se le explican las cosas, las situaciones, si se le responde, si se le aproximan con pedagogía, humildad y respeto, sabrá responder con esos poderes creadores y salvadores que solo él posee.

Mariel Carrillo García