La ilusión del inmigrante latino en EEUU

J.J. Álvarez

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En el primer período (1885-1889) del presidente de Estados Unidos (EEUU) Stephen Grover Cleveland se inauguró en Nueva York, el 28 de octubre de 1886, la Estatua de la Libertad.

Este monumento donado por Francia, considerado una de las maravillas del mundo, tiene desde 1903 un poema escrito por Emma Lazarus, en parte del texto que se halla en la base de la estatua, que dice: “Dame tu pobre, dame tu agotado, tus innumerables masas que aspiran a vivir libres».

Esa frase, actualmente reformada, sigue ilusionado a cientos de miles de inmigrantes que sueñan ser recibidos por el sistema migratorio de EEUU, que colapsa por la incompetencia de la administración Trump, rayana en la inmoralidad y el crimen.

Actualmente hay en EEUU cerca de 60 millones de inmigrantes latinoamericanos sin contar con los que trabajan y viven ilegales, que dejan su patria por problemas económicos, políticos, etc.

Las palabras asilo, exilio y refugiado se convierten en metas de un hueso duro de roer para los inmigrantes latinos. Entre ellos hay los que venden el alma al diablo y los que huyen del hambre, la guerra que generan los gobiernos atados a los dictámenes de Washington.

EEUU no es el paraíso para la inmigración, aquella que logra cruzar las fronteras de ese país es hostilizada, perseguida y amenazada. La gran potencia que fue EEUU atraviesa hoy la mayor crisis económica de su historia sumada a otra no menor, la pandemia del coronavirus que ha causado casi 200.000 fallecidos.

Una de las razones que impulsan a los inmigrantes latinoamericanos a emigrar al “paraíso del norte”, la expresa la mejicana Ana Zapata: “Un terrible sufrimiento me embarga al dejar a mis hijos lejos de mi patria donde hay un gran desempleo”. Esta opinión simboliza en líneas generales la de la mayoría de madres inmigrantes de México.

Así es como la frase de la Estatua de la Libertad, citada al principio, se convierte en una farsa en el desfasado mundo del imperialismo yanqui.

Los latinoamericanos que residen en EEUU constituyen una “bomba de tiempo” que un día puede estallarle en sus propias narices; sin embargo, otros esperan llegar a ese país en tiempos mejores.
J.J. Álvarez