PERFIL | La nota positiva del bolivariano Roger Waters

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Pocos hubieran podido prever, en los años incandescentes de Pink Floyd, que el creador de aquellos temas de rock psicodélico –notas emuladoras de otras “notas”– iba a ser luego una figura de la lucha contra el imperialismo cultural, desde dentro de la poderosa maquinaria o, como dijo Martí, desde las entrañas del monstruo.

Así ocurrió. Aquel talentoso greñudo, Roger Waters, apenas comenzaba a mostrar su potencial haciendo de todo un poco en la legendaria banda británica: era compositor, bajista, vocalista y un entusiasta promotor de innovaciones y experimentos en materia de sonido y escenografía.

Claro que había señales tempranas de que era un irredento. Buena parte de sus alucinantes letras y performances apuntaban a la protesta social, a la condena de la guerra, a la denuncia del desenfreno de la explotación capitalista. Solo que, como siempre ocurre, el sistema tiene esa singular capacidad de transformar los cuestionamientos en otra mercancía.

A Waters, tal nivel de conciencia le venía en los genes (aunque sabemos que esa herencia no siempre funciona). Su padre fue comunista y pacifista. Por esto último se declaró objetor de conciencia al iniciarse la Segunda Guerra Mundial. Trabajó manejando ambulancias en la Londres sometida al bombardeo alemán. A la hora de las definiciones, cuando el comunismo se alineó en la lucha antifascista, aceptó ir al frente y murió en combate en 1944, tiempo en el que Rogers no había llegado a su primer año de vida.

Su condición de huérfano fue clave para que militara desde la adolescencia en movimientos en pro del desarme.

Cuando se pasa revista a su trayectoria, cualquiera puede incurrir en el error de pensar que es otro típico rockero. Dos rasgos abonan este terreno: se ha casado y divorciado cuatro veces y se separó de manera conflictiva (con no pocos alardes de arrogancia) del grupo con el que se dio a conocer, para volver luego a presentarse juntos, décadas más tarde, en un concierto cargado de nostalgia. Pero, es necesario insistir, Waters no es uno del común.

De no ser por el potente imán de la música, tal vez hubiese sido arquitecto, pues hacia ese campo profesional lo habían impulsado las pruebas vocacionales que le hicieron en Cambridge. Daba los primeros pasos en ese terreno cuando conoció a los que serían sus compañeros en Pink Floyd: Syd Barrett, David Gilmour, Nick Mason y Rick Wright.

La banda que conformaron tuvo varios nombres (Sigma 6, Set, Megadeaths, The Screaming Abdabs, The Architectural Abdabs y The Abdabs) hasta que llegó la denominación con la que se anotarían en la historia de la música pop, Pink Floyd.

Waters alcanzó el rol de compositor principal unos años después de la fundación, debido a que Barrett, para decirlo coloquialmente, “se pegó del sartén”. El LSD, que requería para atizar las calderas del rock psicodélico, terminó por apoderarse de él. Waters tomó el liderazgo creativo y le impuso un sello irreverente en lo político. Por ejemplo, en el tema cuestionó explícitamente los procedimientos de la industria musical, a pesar de que eran parte de ella.

Entre 1968 y 1985 fue el autor de las letras de los álbumes The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here, Animals y The Wall, que estuvieron entre los más vendidos de esos años. En The Wall llevó su rebeldía a un máximo nivel, con letras corrosivas sobre Margaret Thatcher y el Partido Conservador británico.

Luego de la ruptura con Pink Floyd, emprendió carrera como solista y ha tenido también numerosos éxitos comerciales, a pesar de caminar siempre por la cornisa del cuestionamiento al sistema. Su popularidad insumergible ha sido una piedra en el zapato para los gobiernos guerreristas de Estados Unidos y Reino Unido. Dardos muy venenosos pincharon a los dos Bush y a Tony Blair por sus invasiones imperialistas con la excusa del antiterrorismo.

La incursión de Waters en el debate venezolano, a partir de 2019, repotenció su imagen de eterno rebelde.

Waters insurgió contra el concierto Venezuela Live Aid, organizado por el magnate Richard Branson en Cúcuta, detrás del cual se escondía el propósito de invadir Venezuela y derrocar al Gobierno constitucional para imponer al títere de EEUU. Su postura fue clave para evitar que se impusiera plenamente en el mundo la matriz de opinión de que aquel era un evento con fines humanitarios, organizado contra una dictadura.

“A partir de allí se desató la guerra contra Waters, de parte de personas que se dicen rockeros, pero no son, porque defienden al sistema capitalista”, afirma el músico y periodista venezolano Ennio Di Marcantonio. “Donde hubiese una declaración de Waters, o en su favor, el ataque fue despiadado. Eso me demostró que estábamos hablando de un valiente, que incluso perdió patrocinantes importantes, como Citibank, tuvo suspensiones de conciertos, todo eso por defender a Venezuela y por haber citado la frase de Bolívar sobre que los EEUU parecen destinados por la providencia para plagar de miseria a la América en nombre de la libertad. Estábamos impresionados de que un músico asumiera semejante compromiso en el momento en que lo hizo. Allí me convencí de que es un músico realmente comprometido con las letras que escribió para Pink Floyd, mientras por todos lados se cayeron las máscaras del falso rock y el falso metal”.

Desde aquel trascendental video, Waters ha sido un aliado del Gobierno bolivariano y como tal participó en la puesta en marcha del Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos, que se realizó vía internet, justo el día del cumpleaños del cantante, el 6 de septiembre. Una nueva nota positiva, desde las entrañas del monstruo.
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La historia de un video

Corrían los días de febrero de 2019, cuando Paul Gillman llamó a Ennio Di Marcantonio para que subtitulara un video que acababa de enviar Roger Waters. En él denunciaba que el concierto organizado por Richard Branson no era más que una mascarada para un acto de fuerza de Estados Unidos y varios cómplices en contra de la estabilidad política de Venezuela.

Di Marcantonio, quien divide sus pasiones entre el periodismo, la locución y el rock, hizo el trabajo. El video subtitulado se difundió en las redes de su programa, La Descarga, y luego por Venezolana de Televisión.

“Lo más importante es que con ese mensaje logró convencer al único rockero que estaba citado para ese concierto, Peter Gabriel, de que no debía asistir. Solo estuvieron los músicos comerciales; los que le han cantado a dictadores, como Miguel Bosé a Pinochet; los que le cantan al sistema capitalista, pero ni siquiera participó alguien que pudiera coquetear con el rock comercial. Su palabra fue clave para derrotar esta campaña contra Venezuela”, asegura.

“Ahora, cuando lo vimos, con orgullo, inaugurando el Instituto Simón Bolívar, confirmamos que estamos del lado correcto, como rockeros y metaleros. El rock está contra el sistema, contra el capitalismo y lo hace desde su interior, porque no nació en la Unión Soviética, ni en Cuba ni en Corea del Norte, sino en Inglaterra y Estados Unidos”, subrayó.

Clodovaldo Hernández