Conejo Fonseca: El único sobreviviente de los héroes del 41

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Este viernes 18 de septiembre arribó a 102 años de edad, rodeado de gratos recuerdos y una numerosa familia.
Es muy probable que el nombre de Enrique Fonseca, así a secas, no resulte conocido a algún lector, pero tuve la oportunidad de relacionarme con este protagonista de una de las máximas hazañas deportivas que se han grabado en la mente de los venezolanos, al integrar el equipo nacional que catapultó el beisbol en Venezuela en 1941.

Ningún venezolano, aunque esté medianamente informado, ignora la hazaña del equipo nativo que conquistó la Serie Mundial de Beisbol Amateur, realizada en el estadio La Tropical de La Habana, Cuba, triunfo que, en forma definitiva, entusiasmó e impulsó la pasión por la pelota en las entrañas de nuestro pueblo como una costumbre más.

En cierta oportunidad se realizó un estudio sobre la gesta deportiva de mayor impacto en el siglo XX del país y destacó el equipo venezolano que ganó el torneo celebrado en la nación antillana, en octubre de 1941, al vencer en el juego final al poderoso y famoso, por invicto, conjunto cubano del momento.

Cuba era una verdadera potencia en el beisbol del continente americano, razón por la cual todo el pueblo, incluyendo al presidente de entonces, Isaías Medina Angarita, colocó su atención en todos los aparatos de radio, para oír las incidencias del aquel juego, que al final llevó a Venezuela a la cúspide, lo que hizo explotar la algarabía nacional y el inicio del seguimiento popular del beisbol en Venezuela.

El último de los mohicanos

Ese es el título de una famosa novela escrita por el estadounidense James Fenimore Cooper, quien relató sucesos sobre la guerra de los siete años, iniciada en 1757, con ejércitos conquistadores de Francia y Gran Bretaña, en Estados Unidos, contra los originarios Pieles Rojas. En esa conflagración diezmaron a una comunidad conocida como mohicanos, y poco antes de fallece, uno de los dirigentes indicó el fin de su grupo en la tierra a su hijo como único sobreviviente, que estaría en la obligación de contar al mundo lo sucedido. La obra fue publicada en 1826.

El paralelismo es porque de aquel histórico grupo, que hace 79 años conquistó la gloria en La Habana, solo sobrevive Enrique Fonseca, para contar al mundo lo sucedido, rodeado de una numerosa familia, que incluye hasta una tercera generación, quien asegura que “siempre lo he hecho” y reitera que sus apellidos son León Fonseca, pero prefirió colocarse el segundo, porque a él le sonaba mejor cuando lo anunciaban y “porque se apreciaba como más zuliano”. Igualmente es conocido desde esa época como «Conejo», apodo que lo acompañó durante toda su actividad deportiva y aún lleva como estandarte.

Como receptor actuó con las selecciones nacionales en las series mundiales de beisbol amateur en las cuales Venezuela se tituló (en la ya citada del 41) y también condujo, con mucha técnica, a los lanzadores venezolanos en las de 1942, 1944 y 1945.

Su actuación en el beisbol se inició cuando apenas tenía 16 años de edad. Jugaba tercera base y en los jardines con varios conjuntos en su Maracaibo natal, hasta que se apoderó de la posición de cátcher con el equipo Puma, con el cual conquistó varias coronas como campeón bate y receptor. Luego, siempre en la división amateur, actuó con la divisa Gavilanes -cuyos dirigentes eran los hermanos Luis y Ernesto Aparicio Ortega- y el Centauro. Con ellos jugó en campeonatos zulianos hasta 1940.

Su carrera como pelotero prosiguió en 1941 con el conjunto Vencedor de Valencia, Carabobo, y después actuó con el Vargas en el campeonato de beisbol de primera división. Fue llamado para los juegos en los que escogerían la selección para ir a Cuba, donde se realizaría la IV Serie Mundial de Beisbol Amateur. En la preselección quedó como campeón bate y mejor cátcher y fue de los primeros seleccionados del combinado criollo.

Actvidades profesionales

Al regresar de Cuba, «Conejo» Fonseca volvió a Maracaibo y recibió el llamado del equipo Cervecería de Caracas para actuar como refuerzo en una serie contra el Cuban Star, pero estuvo en un solo juego porque recibió un pelotazo de manera accidental. Esa presentación, aunque breve, le sirvió para ganarse la titularidad como receptor del Cervecería desde 1943 hasta 1950.

En la pelota rentada fue reconocido por sus grandes méritos como jugador, además de sus atributos como excelente compañero y buen ciudadano, porque su comportamiento dentro y fuera del terreno siempre fue ejemplar. Vivió el inicio de la rivalidad entre Caracas y Magallanes. Su retiro del beisbol se produjo en 1953. Después, por poco tiempo estuvo impartiendo enseñanza sobre conocimientos de la disciplina a jóvenes en equipos caraqueños.

Como jugador retirado fue una excepción, porque al estar en esa situación no se dedicó exclusivamente a entrenar jóvenes y prefirió laborar como maestro en el Colegio La Florida, en Caracas. ¡Recordemos que era normalista graduado en Maracaibo!

Reconocimientos

Fue condecorado, en primera clase, con las órdenes Francisco de Miranda, Mérito Deportivo, Diego de Losada y Estrella de Carabobo, en su única clase. Orden Libertador en segunda clase. Fue exaltado el Salón de la Fama del Deporte Venezolano en 2001.

Anécdotas

Cada vez que se le presenta la ocasión narra dos situaciones que para él constituyen parte de su historia personal. Una es que lo apodaron «Conejo» cuando el equipo campeón del 41 visitó San Cristóbal.

Esa gira fue en los primeros meses de 1942, por varias zonas del país. Cuando llegaron al hotel donde se hospedarían les preguntaron sus respectivos nombres para el debido registro. Fonseca no respondió y alguien en el grupo dijo «se quedó callado como un conejo».

La otra, la recuerda en el juego decisivo contra Cuba en el 41. Tuvo que calmar al Chino Canónico, porque desde el principio le pidió lanzamientos knuckleball (bola con poco giro y movimiento impredecible) y el pítcher le reclamó que le iba «a malograr el brazo». Fonseca le dijo que ese lanzamiento causaba mucho daño a la toletería cubana y así sucedió. Más del 40 por ciento de los pitcheos fueron así y determinantes para el resultado final.

Minibiografía

Nació en Maracaibo el 18 de septiembre de 1918. Estudió primaria y la carrera de normalista en su patria chica, estudios que alternó con las prácticas del beisbol, disciplina que lo llevó a la gloria. Su verdadera identificación de apellidos es León Fonseca, pero de acuerdo con lo expresado por él en muchas ocasiones, y recordada ahora en la víspera de su cumpleaños 102, se colocó el segundo, porque «se oía mejor que León» cuando lo anunciaban por los parlantes a la hora de batear. Igual le sucedió cuando llegó a Caracas, para integrar el equipo con el que defendió los colores nacionales en el Mundial de 1941: «Fonseca era un apellido más zuliano y León lo tenía mucha gente en todo el país».

Condujo a sus hijos Enrique, Manuel Antonio (en honor a Malpica, mánager del equipo del 41), María Josefina, Jesús Ramón y Gustavo, por los caminos del saber. Todos culminaron estudios superiores.

Ciudad CCS / Julio Barazarte