CARACAS EN ALTA | La Urdaneta

Nathali Gómez

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La avenida Urdaneta siempre ha sido la señal de que estoy en casa. Cuando me reencontraba con su caos y sus particularidades sabía que había regresado a mi lugar, viniera de donde fuera.

Quienes crecimos en la década de los ochenta la recordamos más o menos igual: una avenida ni muy extensa ni muy amplia que te obligaba a salir de las callecitas de Candelaria para trasladarte al oeste o al este de la ciudad. Para nosotros, Caracas comienza con la avenida Urdaneta.

Mis amigas y yo solíamos decir que era “la avenida que nunca duerme” o la “Curdaneta”, porque incluso en las horas más atrevidas podías encontrar curda o algo abierto: un puesto de chucherías y cigarros, algún bar patibulario, una línea de taxis, una arepera noctámbula, un robo o una pelea.

Aunque siempre la caracterizó el incesante tráfico, que generaba colas y mucho congestionamiento, ahora es otra. Si te paras en el cruce de la esquina de Candilito, de la que ya hablé en una columna anterior, y giras la cara hacia el este y el oeste, ves con facilidad la cuesta que conduce a Catia y la depresión que lleva al elevado de la avenida Andrés Bello. La cantidad de carros ha mermado notablemente desde 2016, producto de la situación económica.

A pesar del poco volumen de vehículos, sigue ahí, en un tránsito diferente de su “vida”, que comenzó en 1953 con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. En aquel tiempo, su construcción dio paso a eso que se entendía como progreso, y que se llevó por el medio casas coloniales con importante valor arquitectónico e histórico.

A su alrededor se erigieron edificios que ahora son emblemáticos y que vigilan a quien pasa: el antiguo Banco Central de Venezuela, sede actual de una agencia del Banco de Venezuela; el Sudameris, que está en la esquina de Plaza España, que comunica a la Urdaneta con las Fuerzas Armadas; el viejo Centro Financiero Latino, donde hay algunas instituciones estatales; el de El Universal; el Karam, un Rockefeller Center de bolsillo donde Perón habría conocido a Isabelita y tantos más que guardan en sus pisos un poco de la historia local.

Los dos kilómetros de avenida son también la puerta al centro del poder político del país, que se extiende hasta Miraflores, y que deja atrás, de este a oeste, los ministerios de Agricultura y Tierras; de Relaciones Interiores y Justicia; de Planificación; de Economía y Finanzas; la vicepresidencia; el Banco Central de Venezuela y otras subsedes de organismos públicos. Además, es paralela al centro histórico y a la Plaza Bolívar.

La Urdaneta, que levita sobre la avenida Baralt, también es una manera de tener presente el golpe del 11 abril de 2002, las muertes, las heridas y el dolor causado por quienes aún insisten en vernos desaparecer.

En Puente Llaguno, desde 2006, está el monumento a los caídos, obra del escultor Carlos Prada, que se llena de gente alrededor cada vez que hay una marcha chavista, como una muestra de que la vida sigue brotando aún en los lugares con un pasado cercano y sombrío.

¿Cuánto de nuestras vidas cabe en los dos kilómetros de extensión de la Urdaneta?

Nathali Gómez