EL QUE BUSCA ENCUENTRA | Covidólogos honoris causa

Henrietta Saltes Zamora

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Al momento de escribir esta columna se registran, oficialmente, 30.6 millones de contagios en el mundo y 953 mil fallecidos. No sé a usted, pero a mí eso me asusta. Hay quienes dicen con una suavidad espantosa, que es un porcentaje de letalidad “aceptable” pero como para mí las vidas no son piedras que se cuentan…

En Venezuela hay 64.284 contagios y 520 fallecidos. Se han recuperado: en el mundo 20.8 millones y aquí 52.564. Parece positivo pero aún así, también me asusta. ¿Y a usted? Nadie es infalible, pilas.

De la teoría de los 6° de separación se desprende que cualquier persona en el mundo puede conectarse con otra a través de apenas 5 de por medio. ¿Con el covid? 0° de separación, es obvio. Lo único que falta es estar vivo y en el sitio o junto a la(s) persona(s) equivocada(s)… Como me dijo una amiga hace poco: “Eso es una lotería”, y yo creo que hay gente que se está comprando todos los números. Hoy quiero hablar de ese “azar” que bien pudiera evitarse al tomar las medidas en serio.

Lo primero que diré es que creo que es mucho más que una lotería y que se trata, más bien -y eso es peor-, de una ruleta rusa. ¿Por qué? Pues porque hay muchísima gente buscando lo que no se le ha perdido. “Confiando” en los miedos que su subconsciente disfraza de “control” o buenos deseos. Deseos de estar “a salvo” o de “curarse” si toma las mismas medidas que fulana o fulano -que en muchos casos ni conocen- tomaron. Pero como deseos no empreñan, como dicen en el llano, bueno: ahí está el gatillo esperando ser presionado.

Hablo de gente que, desde su derecho a decidir qué hacer o no con su vida, se toma todas las atribuciones más una, comenzando por las médicas. Sí señor, hablo de gente que se convierte en su propio médico de la noche a la mañana. Y además, médico especialista. Covidólogos honoris causa, les llamo. Y lo digo a viva voz: una vaina que es una locura absoluta.

EN ESTA CASA SE TOMA BASTANTE SOPA

En cualquier momento las PCR se harán telepáticamente, escríbalo. Ahora mismo se hacen vía RRSS. ¿Usted sabía? Pues entérese, si no. Trato de imaginar cuánta gente se auto-diagnostica por WhattApp y sé que si digo x número me quedo corta.

“Fulana tiene un hermano al que le dio (*ponga aquí cualquier sintomatología*) y con eso es suficiente como para yo saber que lo mío no es Covid sino una gripe fuerte; o bueno, al menos voy a darme un chancecito y esperaré a ver qué más voy sintiendo. Yo como bien, o sea, yo confío en que a mí no me entra ni coquito porque mi cuerpo está como una chompa. En esta casa se toma bastante sopa de pata e’ gallina”. A la semana, ¡suaz!: sintomático por el pecho. Positivo para covid-19. Y aún así, sin PCR. Al ojo %, porque ya qué carajo… Fiebre alta, dolor de cabeza y musculares, náuseas, diarrea, pérdida del olfato y casi la totalidad del gusto, en fin. Presa del virus.

Cerca de mi casa hay un hombre muy enfermo, contagiado de covid en estado bastante crítico por complicaciones: es obeso, con problemas cardíacos y diabético. Es hijo de una vecina de 80 y pico de años que en este momento tiene el control y la batuta de la orquesta de su vida.

La señora se niega rotundamente a que sea trasladado a ningún centro de salud público, porque ella no quiere nada con el comunismo. Tampoco tiene dinero para internarlo en ninguna clínica. Está tentando al demonio en la figura de una colecta para alcanzar reunir 500 dólares que es lo que cuesta una dosis de Remdesivir: el antiviral que aunque no es específico contra el coronavirus, procura atacarlo para que éste se replique lo menos posible. Pero más allá de eso, lo que la señora alega es que no quiere que su hijo se vaya a morir en ningún lugar que no sea su casa, al lado de ella. O sea, ya ella le tendió la cama a la pelona y solo la espera. El pobre hombre ya está sentenciado y por partida doble.

Pudiera estar siendo atendido (como muchos) y quién sabe si en vías de recuperación, pero como la familia se deja llevar por parcialidades político-ideológicas prefiere no darle esa oportunidad. ¿Primero muerto que atendido en un hospital público? Es un asunto irrestricto de valoraciones personales. No importa qué sugieran los verdaderos médicos, no: importa lo que en base a rumores o elucubraciones decida la propia gente. De ahí que yo les diga covidólogos honoris causa. ¿A usted eso le parece correcto? ¿Usted haría lo mismo? Yo no, ni de vaina. Yo no estudié medicina y creo que la salud no está ceñida o circunscrita a la ideología política. Eso es algo que por más que intento no logra entrarme en la cabeza.

DOBLE MORAL A LA CARTA

En estos días alguien me agredía porque yo ayudaba al gobierno y a la OMS (“comunista y satánica”) al reenviar el parte diario de nuestra situación epidemiológica. “Esos carajos mienten descaradamente. Esas cifras no son las verdaderas. Esconden los enfermos y los miles de muertos y ahora más, que quieren celebrar elecciones en diciembre”. Es arrecho…

Esa persona que me insultaba tiene covid-19 y está literalmente escondiéndose en su casa. No existe, digamos. No está en las estadísticas que critica y desecha por estar siendo manipuladas, pero no está porque no le da la gana. No aparece entre los contagiados; asintomáticos o sintomáticos, porque pretende evitar a toda costa que el dispositivo de bioseguridad de con él y su ubicación y vaya una cuadrilla de hombres ataviados de trajes espaciales y como en la película Encuentros cercanos del 3° tipo, se lo lleven a un búnker para hacer con él los más oscuros y extraños experimentos. No me jodan vale.

Son la mata de la irresponsabilidad tanto individual -porque es con su salud con la que juegan, principalmente- y colectiva, en tanto les importa un soberano carajo si otros se contagian por su encaletamiento motolito. Yo pregunto, con la mano en el corazón: ¿Eso es de gente grande: inteligente, seria, objetiva, sensata, sensible, humanista? Olvídense.

Hace pocos días murió un tío político. Un buen hombre al que la familia le tenía un enorme y especial cariño. Lamentablemente el covid lo asaltó y le robó la vida que previa y valientemente salvara de una enfermedad gravísima, durísima. Estaba recluido en casa, recuperándose poco a poco de una quimioterapia. Pero algo falló. De alguna forma alguien lo contagió. Además de la tristeza siento una profunda indignación pues esos otros covidólogos honoris causa y de doble moral muy rígida, inflexibles, y que andan en una trinchera mental y física, para no entrar por el carril en esta pandemia, pudieran estar jodiéndole la vida a mucha otra gente que sí se está cuidando todo lo que puede o incluso haciendo lo imposible por mantenerse sano, a flote, en todo este despelote.

Hay otros cuyo miedo o pánico los paraliza y encamina en un propedéutico de covidología autodidacta, y aunque son gente de bien, están incurriendo en el grave error de llevar las cosas a través de rumores o experiencias en cuerpos y sistemas inmunológicos de terceras personas. Cuando digo “cosas” me refiero a lo poco que saben del virus -dentro de lo poco que los que saben, saben del virus- o a los tratamientos médicos que las redes sociales les han recetado alegre y deportivamente, porque tampoco quieren que los vea un médico. A eso la sabiduría popular le dice: jugar con fuego.

Mi amiga asintomática se hizo ambas pruebas; la rápida (que dio negativo) y la PCR que dio positivo, y no dudó ni por un segundo en someterse al protocolo médico. Donde le tocara. No anda con vainas. Primero estuvo en un CDI y luego fue trasladada a un hotel en el que permaneció el tiempo que el cuerpo de salud decidió. Una vez recuperada, la mandaron a su casa y allá está aislada todavía. Más que nunca ahora no se puede dar el lujo de bajar la guardia, porque necesita -no es cuestión de querer- evitar una recaída. Su salud fue y es su prioridad, no su posición política. Sean como mi amiga: una tipa inteligente, responsable, buena conducta.

LAS VACUNAS SON LAS CURAS

En estos días alguien me preguntaba lo siguiente, con amarga “sorpresa” (¿?): “Pero ya va: ¿¡este tratamiento no cura el virus!?”. Y yo le pregunto a usted que me lee: ¿No es lógico que si se están destinando miles de millones de dólares para la investigación científica en pro de la elaboración en tiempo récord de varias vacunas, sea porque unas pastillas de acetaminofen y acitromizina no son suficientes, salvo para reducir o eliminar los síntomas del covid-19? Que yo sepa, las vacunas son las curas.

Cuando a usted le dicen “está recuperado” no le están diciendo “listo el pollo, más nunca le da nada. Cuando salga de aquí cómprese un pollo en brasa con hallaquitas y váyase tranquilo a su casa como si nada”. Le están diciendo que su cuerpo ha respondido favorablemente al tratamiento y ha generado y desarrollado NATURALMENTE los anticuerpos necesarios para manifestar inmunidad. Pero esa inmunidad será temporal hasta tanto la comunidad científica global no de con una vacuna ESPECÍFICA contra el covid-19. Si el virus la tiene loca a ella, ¿qué quedará para nosotros los neófitos? Bueno, precisamente por eso hay que hacer esfuerzos por mantenerse bien informado. hay que contrastar toda la información que nos llega a la mano.

Y hablando de eso, siento que hay demasiada información que desinforma y que es caldo de cultivo para elucubraciones al extremo peligrosas. Urge un lenguaje de peras y manzanas para que la mayoría de la gente entienda qué pasa. Y me incluyo, porque yo de científica no tengo nada.

Por otra parte, hay gente interesada en sembrar y alimentar una matriz de opinión negativa en torno a la única vacuna probada exitosamente hasta ahora; creada en Rusia, llamada Sputnik-5. El diputado Guaidó y Douglas León Natera son dos. Mucho cuidado con pisar esa concha de mango podrida de mala intención.

Antonio Guterres, el secretario general de Naciones Unidas, muy preocupado, lo decía hace nada: “EL BROTE DE CORONAVIRUS ESTÁ FUERA DE CONTROL”. No me disculpo por las mayúsculas porque, oigan: ¿En qué tono o en qué idioma hay que decirlo? Se está jugando con la vida. Sentarnos a observar satelitalmente y a reflexionar, en consecuencia, no nos cuesta nada. Más conciencia.

Señor y señora que me lee, si por casualidad usted cree que puede estar o sabe que está contagiado (a) de covid-19 pero las autoridades de salud aún no lo saben: impóngase a sus miedos y aparte por favor las diferencias políticas, y acérquese ahora mismo al centro de salud más cercano o al menos llame al 911 para que le atiendan. Usted existe más allá de lo virtual. ¿Usted es médico covidólogo honoris causa? Esos no son juegos. No invente. “Ayúdate que yo te ayudaré”, dijo un sabio. Cuídese: no se esconda.

Henrietta Saltes Zamora