CARNET DE IDENTIDAD | Basura electoral

Hindu Anderi

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El robo de votos era una constante en la realidad del país y en las denuncias que solían aparecer en la prensa “libre” de Venezuela en las décadas puntojifistas. Diarios, radio y televisión engordaban sus parrillas con algunos dulcitos que completaban el platillo informativo. Pero esas denuncias no llegaban a nada. Servían sólo para cambiar un poco el sabor de la jornada cotidiana.

Cada cinco años el pueblo, sabio y paciente, era conminado a votar por una de las dos “alternativas” que se presentaban en la “diversa” fauna de partidos políticos que coloreaban el panorama…sólo que el resultado del arcoíris imaginario era un limón un poco desteñido. AD y Copei se enseñorearon de esas largas jornadas donde la sorpresa no era esperada por casi nadie. Sabíamos de antemano que el bipartidismo ganaría. Así fuimos creciendo en un país donde “el acta mata votos” era una institución de la “democracia” como lo fueron las romerías blancas y verdes en las principales avenidas y calles del país, que mataban el hambre de más de uno.

Es difícil no utilizar comillas porque esa historia política reciente tiene más de ironía que de transparencia.

La caja insonora, en cuyos extremos destacaba el grandilocuente nombre del Consejo Supremo Electoral, cerrada con tirro beige que además del Presidente, designaba a Senadores y Diputados al Congreso y a la Asamblea Legislativa, no sólo era sostenida por una mesa en alguno de los no muy numerosos centros de votación. La llegamos a ver en basureros o en algunas calles poco transitadas de Caracas, luego de los cómicos, mejor dicho, comicios electorales. No sólo el tarjetón y el sello fueron protagonistas de tales fraudes a la Nación, sino las boletitas que eran introducidas en las cajas (llamadas urnas de manera adecuada pues nada mejor para enterrar la voluntad del pueblo que ellas) por vivos, muertos o gemelos de cédula, fueron parte de la pervertida y suculenta orgía electorera.

Bien decía el sabio popular que si votaban 100, AD ganaba porque sacaba 400 votos. De esa manera pudo sostenerse en el poder con breves períodos sabáticos otorgados al partido del Opus Dey, que bien se lo merecía por bajarse de la mula.

A los traficantes de votos cómodamente sentados en los curules del CSE les llamaron ballenas sagradas. Porque sólo la fe ciega podía sostenerles en esos espacios donde el cinismo era susceptible de estudio por parte de psicoanalistas.

Después de 1998, luego de la paliza que el pueblo le dio con Hugo Chávez a la cabeza, la fiesta se acabó. La automatización y los procesos de verificación fueron limpiando cual borrador de pizarra las manchas en el sistema electoral y eso puso muy bravos a los timadores que hoy cobran venganza desde el exterior. Las ballenas sagradas fueron obligadas a buscar otros mares y las calles del país que hoy se merecen cariños y una buena limpieza, no hay que negarlo, comenzaron a extrañar entre los desechos no tan sólidos, los tarjetones válidos, las actas, boletas y hasta cajas del CSE. IMAU, FOSPUCA y otras empresas de recolección de escombros bien pueden escribir parte de la historia de este país.

Hindu Anderi | @AnderiHindu