MenteTustra | Fin de certidumbres

Zhandra Rodríguez

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Cuando el Mercado sustituye a la democracia y la Economía a la política, la corporatocracia se impone totalitariamente. Así, por más que pinten bonitamente el inminente Nuevo Orden Mundial, será inaguantablemente opresivo e insostenible en el tiempo. Inimaginablemente peor que el conocido capitalismo salvaje.

Hace pocos años, los voceros de los amos del mundo empezaron a decir que el planeta estaba superpoblado, asomando la cifra de menos de tres mil millones de habitantes como suficiente para ellos; luego dijeron que los pensionados y viejos eran demasiados y había que hacer algo al respecto. Simultáneamente empezaron a aparecer máquinas ultra modernas de todo tipo para hacer el trabajo de miles de empleados en tiempo récord. Claro, la ciencia y la tecnología siempre han estado a su servicio dado su poderío económico-financiero.

Obviamente, todo lo anterior fue bien planificado desde las guerras de independencias y su ilusa libertad, cuyo resultado más patético fue la división social en clases y la idiotización masiva de consciencias, gracias a los errores paradigmáticos inculcados vía la educación y modos de vida impuestos por el capitalismo.

Entonces hoy, en el propio corazón del hegemón unipolar, reina la rebelión de masas brutalmente reprimida por las fuerzas del órden público, sin sospechar su terrible destino de imponerse el Nuevo Orden Mundial: atrapados y sin salida. ¿A quién o quienes les importa las masacres que sacuden diariamente a varios países del mundo? Denunciarlas y rechazarlas no las ha detenido ni por un día.

El escenario de un socialismo en construcción, ante la perspectiva que encabeza este artículo no luce nada bien y dice mucho. El razonamiento ideológico va por un lado y los nuevos fundamentos científicos en los cuales debería apoyarse van por otro, si no totalmente ignorados. Pareciera que ni el encierro por pandemia ayuda, por lo menos, a indagar de qué se trata la relación ontológica con la nueva voz de la ciencia. ¿Cuáles serían los efectos de ese paradigma en la educación, en la consciencia que genera actitudes frente a la vida y modos de pensamiento?

¿De dónde sacó Chávez su visión de país como un todo complejo, integral, interactivo, interrelacionado y participativo? Pues de la visión cuántica de la naturaleza, que hoy cumple apenas 84 años de su presentación ante la comunidad mundial de científicos, en Copenhague. Por eso lo llamó el Socialismo del siglo XXI, e insistió en que su construcción tomaría años. En consecuencia, permitir que el mercado sustituya la democracia y la economía a la política, hacía imposible generar el mayor número de felicidad posible del ideario de Bolívar. Incluso la actitud egocéntrica de la corporatocracia hubiera puesto en peligro el funcionamiento del Estado-Nación, sus instituciones y las propias leyes de La República Bolivariana de Venezuela.

400 años del viejo, obsoleto y rechazado sistema de pensamiento cartesiano parece que no le bastan a la economía del mercado y sus corporaciones. Ni por el carajo van a permitir otro modo de pensar el mundo y la vida, menos sus implicaciones con otro tipo de tecnologías que permita a los seres humanos asuntos que solo se ven en las películas de ciencia ficción y sin costo alguno. Lo triste es ver que ya algunas las tenemos en casa y en nuestros bolsillos, sin saber ni preguntarse cómo y por qué surgieron de repente. Einstein predijo que a partir de ellas surgiría la generación boba o estúpida, también acuñó aquella célebre frase: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana, y de lo primero no estoy seguro”. ¡OH!

La gente pide un cambio radical pero no se da cuenta que tal cambio debe comenzar por uno mismo. Encima, ya no lee por flojera o por falta de curiosidad. Hasta prefiere creer en vez de saber. No saben meditar y/o confunden la meditación con la reflexión que se analiza a sí misma. Otros se escapan de su soledad en juergas, borracheras, drogas, juegos de azar y diversiones. Así que el añorado cambio de consciencia planetaria tendría que provenir de una mutación genética a gran escala, por la intervención divina o por una catástrofe natural que sacuda su ser interior, al punto de producirles un salto cuántico hacia una consciencia unitaria.

Zhandra Rodríguez