ASÍ DE SENCILLO | ¿Un cafecito?

Maritza Cabello

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Aunque no le gustaba el sabor del café, amaba despertar percibiendo su aroma.

Cuando comenzó su vida sola recordaba como se levantaba impulsada por el olor del café que día a día preparaba su madre casi dormida y sin pasar por el aseo matutino. Lo más importante para su mamá era dejar el café colando, después venía la vida diaria.

Recordaba que ella salía corriendo, sin probar bocado antes que el metro llegara hasta los «tequeteque».

Su mamá le daba la bendición con la taza de café humeante en la mano. La misma taza de siempre. Nadie tocaba su taza. Era su taza de café.

En la Universidad su mejor amiga la invitaba entre receso y receso a tomarse un cafecito. Ella la acompañaba, aunque no probara ni un sorbo. «El cafecito» significaba el cuento del último novio, la crítica al Profesor, lo fácil o difícil de la materia o conversar la filosofía cotidiana de su evolución.

¿Y el esperado café con el hombre que le atraía? Ese era bien recibido entre coqueteo y coqueteo. Aunque pestañeando pidiera té.

Luego los compañeros de trabajo compartían entre taza y taza los chismes propios de la gente que pasa muchas horas junta. Ella escuchaba, pero no opinaba ni repetía, como le enseñó su mamá y para mayor traición al grupo siempre pasaba su taza al más cafecero. Al que si no tomaba un poco a la hora acostumbrada, le dolía la cabeza y perdía concentración.

Cuando visitaba la casa materna a las cuatro de la tarde, llegaba a la hora del café compartida entre cuñadas, vecinos, primos. Hora sagrada, dominada por la matriarca con su taza Intocable. Se enteraba de lo que pasó y lo que pasaría, sin tomar ni siquiera un poco del aromático café vespertino.

Ahora, tras treinta años de historia, cedió. Probó.

Tal vez porque la taza de su mamá permanece vacía, porque no hay reuniones ni risas o por la nostalgia de aquellos tiempos. Café es reunión, conversación, amor.

Probó y quedó atrapada. Cada vez que sorbe un poco siente felicidad.

Se compró una taza. Su taza para el café. Ahora lo toma sola acompañada de sus recuerdos.

¿Quieres un cafecito?

Maritza Cabello