LETRA DESATADA | Discrecionalidad sin tapabocas

Mercedes Chacín

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Campaña. Circularon imágenes y videos esta semana de candidatos del PSUV y del Gran Polo Patriótico repartiendo comida a propósito de las elecciones parlamentarias. Las críticas llegaron rápido y hasta mandaron a los candidatos, con razón, a estudiar. Nuestros candidatos, además de la ingente agenda legislativa, deben ser portavoces también del discurso antimperialista que nos da herramientas para entender el tamaño de la tarea que nos ha tocado. La crisis que vivimos tiene varias aristas sin duda pero la más determinante, que empezó después de la muerte del comandante Chávez, tiene su epicentro en las medidas tomadas contra Venezuela por las dos últimas administraciones de la Casa Blanca. Eso es así con o sin mortadela.

Discrecionalidad. Alcabala El Pardillal, estado Guárico. 4 pm. Domingo 26 de septiembre de 2020. Hay unos cincuenta carros en fila esperando pasar la alcabala hacia San Casimiro, estado Aragua. Como en cualquier cola que se haga en Venezuela en estos momentos hay carros de todo tipo. Particulares, de carga y de pasajeros. El calor es sofocante. En los vehículos había niños, niñas, adolescentes, ancianos y adultos. Un par de vástagos con manos de topocho verde en los techos de algunos vehículos particulares le daban un toque pintoresco a aquella cola. La pregunta vino sola pues, una vez que el vehículo en el cual iba de copilota iba en sentido contrario a la cola, no pudo avanzar. Los vehículos de la cola, como suele suceder, intentaron adelantar y listo. “Trancado el paso entre el estado Guárico y Aragua por causas desconocidas”, podría ser un titular de prensa. De vuelta a la alcabala El Pardillal nos enteramos de la “razón”: el uniformado “equis” le dijo al uniformado “ye” que retuviera o retrasara el flujo normal de vehículos porque “llegó la gandola de gasolina a San Casimiro y no pueden circular libremente, sino poco a poco”. La conversa surgió sin retraso: –Pero ahí hay gente que no va a echar gasolina. –Sí, es verdad. –Entonces la cola es un sin sentido. –Sí, es verdad pero yo cumplo órdenes. Campaña en contra.

Sin tapabocas. A cada anuncio de elecciones en Venezuela, y van 23, le sigue una conspiración. La frecuencia de las noticias falsas (y las verdaderas que develan una agresión multiforme) aumenta. Es posible que hasta refritos o caliches se vuelvan virales por obra y gracia de la amnesia colectiva o la saturación de información haga que nuestras mentes, además de los ataques del almanaque, anden medio tembleques. El dólar está más “tudei” que nunca. Y las matemáticas que son exactas dejan de serlo no sin que antes se difundiera por las redes sociales que el salario mínimo en Venezuela es el más bajo del mundo, como si una semana antes, dos dólares hicieran alguna diferencia importante. Y así van tejiendo una red que pone a todo el mundo nervioso. Los vendedores lanzan ofertas por un dólar, como antes fue con cien bolos, con mil y con un millón. Y la hiperinflación hace que en Altagracia de Orituco el banderazo cueste lo mismo que un kilo de harina de maíz o de azúcar y nadie entiende nada. Y ahí es cuando Trump y nuestros vecinos cipayos afinan la garganta y la hiperinflación dispara las emociones a diestra y a siniestra. A la gasolina que no enciende la pradera se le sazona con miles de fake news, para que parezca que por fin el pueblo se le rebelará a la “dictadura”. Mientras eso no pasa, mientras la gente sencillamente no está interesada en armar peos, la amenaza de intervención bélica revive cadáveres políticos y el proselitismo apátrida se hace sin tapabocas. Un otrora diputado representante de minorías se arrastra sin normas de bioseguridad. ¡Ah, malaya un guarapo que nos cure de espanto! Sigamos.

Mercedes Chacín