HORIZONTE DE SUCESOS | El centro del universo

Heathcliff Cedeño

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La afirmación de que el universo se parece más a un pensamiento que a una maquinaria hace pensar que somos el mismo caos, pero en una escala pequeña. El cosmos es demasiado inmenso para notar que en una galaxia entre las dos billones que existen, en el Brazo de Orión, en un planeta que gira alrededor de una enana amarilla (nuestro sol) pulula la vida.

Sin embargo, la ignorancia es mutua. Los que habitamos en este rincón de la existencia ignoramos lo que pasa más allá de la heliopausa; el lugar hasta donde llegan los vientos solares, esos que cuidan a nuestro sistema solar del caos superior.

Paradójicamente nos parecemos, a pesar de que la ignorancia sea mutua. No se sabe cual es el imitador y aquí no cabe el clásico dilema de si fue primero el huevo o la gallina. Para que no suene tan feo voy a decir que uno contiene al otro y así hasta el infinito.

En todo caso, lo que hay que tomar en consideración es la idea de forma que engloba todo lo que existe, lo que hace que encontremos parecidos en nuestra cotidianidad y en el universo, incluso en realidades microscópicas.

Al parecer el universo, una ciudad o un sujeto nacen de la misma forma: un momento de calma u oscuridad, un estallido, un caos, y luego viene el endurecimiento y la estabilización. En los tres casos hay un momento de intensidad y luminosidad que deslumbra, pero debe venir la calma porque no hay cuerpo que resista tanto flujo de energía.

El nacimiento de una persona, la fundación de una ciudad y la creación del universo son acontecimientos caóticos. Todo parto implica dolor, toda fundación de una ciudad generalmente implica una guerra y en teoría todo empezó con una explosión.

Otra forma subyacente en todo es la existencia de un centro sobre el que gira todo lo demás. Le pasa a las galaxias, al sistema solar, las ciudades y forzosamente las personas. Y la naturaleza de esta dinámica es que en el centro se concentre la mayor cantidad de energía o realidad. Los que no somos de Puerto Ordaz nos sentimos raros porque es una ciudad que no tiene un “centro donde se concentra todo”.

En la dimensión molecular y atómica ocurre lo mismo: los protones y neutrones giran sobre el núcleo. Así, cada persona, menos los que quieren ser el centro del mundo, también son un punto o un rincón del universo donde empieza la existencia.

Heathcliff Cedeño