ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Banca y dolarización

Raúl E. Peñaloza B.

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El sistema financiero nacional ha sabido aprovechar todas las coyunturas políticas y económicas de Venezuela. La banca nacional ha amasado grandes fortunas a partir de la captación de renta y ha apalancado otros sectores de la economía nacional desde finales del siglo XIX.

En el proceso de apertura a los mercados internacionales de principio del siglo XX, los planes de industrialización de mediados de siglo XX, la reforma agraria, los modelos de controles de tipo de cambio, (Recadi, Cadivi), para la apertura petrolera, la nacionalización del petróleo, en fin, en cualquier plan nacional, haya sido exitoso o no, siempre ha estado la banca nacional acumulando capital con el mínimo riesgo, inversión o esfuerzo.

En la actual coyuntura, el sector financiero no ha perdido su ritmo histórico de buscar alternativas que le permitan seguir acumulando capitales. Es por ello que ante el fenómeno de la dolarización informal que atraviesa la economía venezolana, la banca se ha volcado a diseñar y desarrollar productos financieros dirigidos a captar, custodiar e intercambiar moneda extranjera de sus clientes.

Diversas han sido las alternativas lanzadas al mercado no solo por la banca privada, sino también la banca pública. Entre las opciones destacan cuentas en divisas, cuentas electrónicas, monederos digitales, tarjetas de crédito y débito para consumo en divisas, entre otros creativos productos.

En agosto de 2018, se inició un proceso de flexibilización de la comercialización de divisas con la derogación de la ley de ilícitos cambiarios, que penalizaba y prohibía una extensa gama de operaciones.

En marzo de 2019, el Banco Central de Venezuela (BCV) emitió una resolución sobre las mesas de cambio. Abrió, así, paso a un mercado legal de divisas que permitió ir desmontando paulatinamente el control del tipo de cambio y las restricciones a la moneda extranjera.

Aunque la Constitución es muy clara sobre la exclusividad del bolívar como moneda de curso legal en el país, se han ido flexibilizando algunas normas en materia comercial y fiscal, que han permitido el comercio y el cálculo para pagos de impuestos en divisas.

A partir de ese fenómeno de dolarización informal, la banca se ha apalancado en el Convenio Cambiario N° 1, – publicado en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela N° 6.405 de fecha 7 de septiembre de 2018, por el BCV, para ir montando poco a poco su propio ecosistema de pagos en divisa.

A través del conjunto de productos financieros en divisas creado por la banca nacional se realiza el 20% de las transacciones comerciales del país. Esto se suma a otras alternativas impuestas informalmente en el mercado nacional como: pagos en divisa con transacciones desde cuentas en el exterior, pago por plataformas digitales como AirTM, PayPal, o pago en criptodivisas.

Pero a pesar del auge de productos financieros diseñados por la banca nacional en la búsqueda de consolidar un nicho de ese mercado, hasta el momento todos los productos están diseñados para clientes de un mismo banco, en la espera de la aprobación de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario de Venezuela (Sudeban) y del BCV para la realizar pagos y compensaciones interbancarias en moneda extranjera.

Pero en vez de la ansiada aprobación, el pasado 9 de octubre el BCV sorprendió con la publicación de una circular que ordena el cese inmediato de todos los servicios financieros que ofrecen o facilitan los pagos en moneda extranjera por mecanismos diferentes a los establecidos en el convenio bancario Nº 1.

No es casual que la circular del BCV se publicara a solo horas de haberse aprobado la Ley Antibloqueo para el Desarrollo Nacional y la Garantía de los Derechos Humanos por parte de la ANC. Ya que en términos prácticos la nueva ley supone la promoción de la inversión extranjera en sectores estratégicos para el país, por lo que todo lo referente a los flujos de capital y pasarelas de pago en divisas debe ser atendido de forma especial para generar la confianza necesaria.

A su vez, esta decisión no supone retroceso alguno para el proceso de dolarización informal de la economía, que continuará funcionando en los mismos términos establecidos o tolerados hasta ahora. Simplemente detiene en seco las acciones de la banca para desarrollar instrumentos financieros o pasarelas de pago paralelas al bolívar. Esto es una buena noticia para los actores económicos en general, quienes ven a las transacciones en divisas como un motor que ha logrado dinamizar algunos sectores comerciales y de servicios, ante la disminución de los ingresos petroleros que otrora fluían en la economía.

Por ahora, las transacciones comerciales cotidianas realizadas por personas naturales continuarán en bolívares y en divisas en efectivo; mientras que las de las personas jurídicas utilizarán mayoritariamente las transferencias desde y hacia bancos en el exterior.

Pareciera que a pesar de la tolerancia a las transacciones comerciales en divisas, el BCV sale a la defensa del bolívar como medio de pago. Quizá de cara a medidas que estaremos conociendo en el corto y mediano plazo, directamente relacionadas con la recaudación y los efectos de nuevas inversiones de capitales extranjeros.

Por ahora solo queda seguir atentos a las esperadas y necesarias decisiones que en materia monetaria, cambiaria y fiscal anuncie el Ejecutivo nacional, para la reactivación de la economía post covid-19, y a pesar del bloqueo y sanciones por parte del Gobierno de Estados Unidos.

Raúl E. Peñaloza B. | @raulen13