Octubre y nuestros premios Nobel

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Mientras algunos grandes cacaos de la geopolítica internacional agotaron lobbies para que la academia sueco-noruega les otorgara el Premio Nobel, Caracas, como la metrópoli que es, tiene el histórico tupé de exhibir dos premiados en el área de Medicina, y varios que estuvieron a punto pero que no fueron reconocidos.

Ya el Nobel de Medicina 2020 tiene nombre y apellido: los estadounidenses Harvey Alter y Charles Rice junto al británico Michael Houghton por el descubrimiento del virus de la hepatitis C, y este 9 de octubre se anuncia el Nobel de la Paz. Aunque había varios candidatos, lucía mucho la activista ecológica de apenas 17 añitos, Greta Thumberg –postulada por segundo año consecutivo–, como fuerte opositora a las aspiraciones del más famoso paciente de covid-19 y autoproclamado policía mundial, Donald Trump, quien habría pisado en falso por no rechazar la violencia interna y evadir acuerdos contra las armas nucleares, pero –y ahí va esta perla– desde ya, según varios organizadores de la distinción, gran favorito para 2021 supuestamente “por ayudar a negociar un acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos”… ¿Cómo es eso?

A sabiendas de que desde la primera entrega en 1901 la filosofía del Nobel es exaltar a personajes o instituciones de mayor prestigio por logros internacionales, el mandatario estadounidense sueña con ver en su charretera el pin que lo iguale con Theodore Roosevelt (1906), Woodrow Wilson (1919), Jimmy Carter (2002), el vice Al Gore (2007), Barack Obama (2009), Henry Kissinger (1973), o con el mismísimo Juan Manuel Santos (2016).

Aunque ni por error quisiera igualarse con Martin Luther King (1964), Nelson Mandela (1993) Kofi Annan (2001), por aquello de la diferencia de color, determinante marcador para un supremacista, para quien no se trata de merecimientos sino de oportunidades…

Premiados con justicia

Como sea, Caracas, sin lobbies ni privilegios, tiene sus galardonados en el área de Medicina: un ganador individual y otro como parte de un equipo. Casualmente es octubre el mes de los importantes anuncios de la academia que además de la Paz y Medicina o Fisiología, premia en las áreas de Física, Química, Literatura y Ciencias Económicas.

Por eso, doblemente bendito este mes porque el 29 pero de 1920 vio nacer en la Sucursal del Cielo al eminente inmunólogo –criollísimo a pesar de su nombre y apellido– Baruj Benacerraf, quien recibió el Premio Nobel de Medicina casualmente en octubre 11 de 1980 por sus descubrimientos relacionados con estructuras determinadas por la genética en la superficie de la célula que regulan las reacciones inmunológicas y que la respuesta inmune frente a un antígeno es distinta para cada individuo y es heredada según las leyes de Mendel.

Al ser premiado expresó, quien además por asuntos familiares estuvo ligado al Banco Unión (ahora Banesco): “Es un orgullo y un honor para mí que un latinoamericano, un venezolano, sea premiado de esta forma”, expuso el inmunólogo quien controvertidamente, a pesar de su acceso a la medicina y precauciones, murió de neumonía… aunque vivió casi 91 años.

Además de él, Caracas se hincha el pecho como paridora de lumbreras, ya que en 1973 brindó luz primera al experto en ingeniería genética y PHD en inmunología, Luis Miguel Vence, quien como parte del equipo del doctor Jim Allison, recibió el Premio Nobel de Medicina por sus investigaciones sobre la inmunoterapia contra el cáncer en 2018.

Otra caso contradictorio porque su vida ha estado siempre complicada por situaciones de salud, ya que su padre Miguel desarrolló lupus que a su vez le causó problemas renales y la muerte. Enfermedad que tanto él como su hermano heredaron y hoy, lamentablemente, el distinguido doctor es diabético y paciente renal. Por eso sentenció: “Nunca me interesó la medicina porque desde muy joven he vivido en un hospital”…

Otros no reconocidos

El 10 de octubre, pero de 1856 nace en Juangriego, Margarita, Francisco Antonio Rísquez, quien por sus acciones profesionales entre Caracas, Miranda y Europa, a la postre resultó padre de la enfermería, impulsor de la Cruz Roja Venezolana, fundador junto a Luis Razetti de la Junta de Socorro contra la gripe española hace un siglo, pieza clave del periodismo científico nacional e internacional y miembro de la Academia de la Lengua además de exrector de la UCV.

¿Hacia dónde apuntaba la mirada de las autoridades del Nobel para no valorar los aportes en las áreas de patología, higiene, salubridad, además de la lucha contra la tuberculosis y el paludismo, de tan ilustre criollo, cuyos restos reposan en el Panteón Nacional?
Aunque no es de octubre, pero sí de Caracas –y del mundo– otro ignorado por la prestigiosa academia fue Jacinto Convit, el descubridor de la vacuna contra la lepra.

Fue reconocido con los premios Caballero de la Legión de Honor, Héroe de la Salud Pública de las Américas, Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica (1987), Abraham Horwitz Award (1989), Premio México de Ciencia y Tecnología (1990), TWAS Prize for Medical Sciences (2006), entre otros. A pesar de que el Nobel le fue esquivo en su nominación de 1988, Convit aseveró: “No me quita el sueño ganar el Premio Nobel de la Paz pero sí hallar la cura para el cáncer”.

Paz y Medicina deberían ir de la mano, pero el Orden Mundial –pre y pospandemia– parece no tener la misma percepción, por eso hay quienes pierden más que el sueño por ostentar algo que no merecen…

Ciudad Ccs / Luis Martín