ARRIMANDO LA BRASA | Bendito sea el WhatsApp

Laura Antillano

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Cuando he salido del país y vivido en otros contextos, siempre la añoranza con relación a Venezuela se sitúa en el recuerdo del sentido del humor, en conjunto con una forma especial de la ternura que nos pertenece.

Con frecuencia pienso en ello porque no somos conscientes de la circunstancia hasta que nos alejamos o dejamos por un período de convivir con los nuestros.

Por eso este asunto, que ha tomado más tiempo y espacio ahora con la pandemia, que es la comunicación por redes a través del WhatsApp es tan copiosa, abundante y con frecuencia histriónica para nosotros.

Los llamados grupos que se constituyen (ya sean serios, por cuestiones de trabajo u otras, o los de familia, o los de amigos con aficiones particulares, etc.), siempre reflejan la guachafita, la ternura, e incluso la furia subida de tono, nada de sobriedad, ni de demasiada discreción.

El intercambio mañanero de imágenes y textos que desean un buen día, tiene todas las estéticas imaginables, y el apuro de ser el primero que te lo envía, más el intercambio posterior de unos para otros, con eso del “reenvío”.

Enviar una canción, un poema, el anuncio de una película que podrás ver por redes y de paso gratis, pero a una hora precisa, la risa en un video de aquella que nació lejos, pero pasará mucho tiempo para que la tengas en brazos (si alguna vez ocurre); las imágenes de toda la familia o el grupo de colegas a quienes no conoces personalmente, pero con quienes hablas y comunicas asuntos hasta de madrugada, a lo mejor creando un espacio de intimidad poco frecuente con comunicaciones personales de gente de carne y hueso, en directo.

Cuando este asunto de la pandemia ya permita bajar la guardia un poco, (si ocurre), y ya podamos encontrarnos, abrazarnos, y querernos como se debe, seguramente bajara el volumen de mensajes y amapuches que ahora se acumulan en los teléfonos, y es probable que hasta nos hagan falta entonces.

Así que aprovechemos, sigamos por esta vía, y a reírnos o llorar si es necesario, pero con otros y otras muy de cerca. Y que viva el método por la parte de lo positivo y sin reserva.

Laura Antillano