Candilejas y Aplausos | El “Chino” Valera Mora, el poeta de oficio puro

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Dicen que nació el 20 de septiembre, otros el 27 de ese mes y unos tantos más que su cumpleaños es el 21 de octubre. Lo que sí está claro es que 1935 fue el año que vino al mundo Víctor Valera Mora en el estado Trujillo, para luego mostrar en la adultez su poesía amorosa, irreverente, contestataria y revolucionaria.

El “Chino” Valera Mora. Así era más conocido este poeta que perteneció a la Generación del 58, ese grupo de rebeldes con causa que usaba la poesía como excusa para mostrar o denunciar la injusticia social y las perversiones políticas en medio de un lenguaje literario.
Sí, formó parte de esa guerrilla poética cuando era estudiante de Sociología en la UCV, donde se graduó en 1961, y en medio de esa lucha social fundó la “Pandilla de Lautréamont”, que surgió después de la desintegración de “El Techo de la Ballena”, junto a sus colegas poetas Caupolicán Ovalles, Ángel Eduardo Acevedo y Luis Camilo Guevara.
No se valía de prejuicios y mucho menos le tenía miedo al ridículo. Era un tipo auténtico con ideas políticas claras cuando hablaba de lucha de clases y de la revolución, así como de lo malo del capitalismo y del imperialismo, todo en clave de verso. Ahí demostraba su sensibilidad por los más desposeídos.

El periodista Freddy Fernández sabe cómo definirlo: “Cuando la juventud del mundo occidental quiso tomar el cielo por asalto, allá por los años 60, el Chino Valera Mora sí logró asaltarlo. Él es sin duda la voz más contundente de la poesía venezolana de ese momento de lucha, irreverencia y furia”.

A juicio de Fernández, los poemas del “Chino” nos legaron “un mundo alucinado y trágico pero lleno de esperanza. Lo hizo desde una poesía orgullosa de la calle y del lenguaje de los venezolanos, con una irreverencia real frente a los formalismos de su época y sin eludir la lucha, el amor y la ternura de nuestra gente”.

En pro de temas reivindicativos

“Aún en medio de las más terribles tormentas siempre he optado por defender la dignidad de la poesía, volverla a sus orígenes, a su deslumbrante cuchilla de muchos filos”. Así pensaba el “Chino” Valera Mora, quien siempre llevaba en alto su oficio de poeta.

“A los montes me voy, me voy completo / y espero regresar de igual manera. / Si me cortan las piernas y las manos / asiré el caminar con los anhelos. / Si me arrancan los ojos y la lengua / nueva guitarra agitará banderas”, manifestó Valera Mora en su Canción del soldado justo, su primer libro que publicó en 1961 para tocar temas reivindicativos.

El escritor Gabriel Jiménez Emán también describe muy bien a Valera Mora en el prólogo de la Nueva Antología, publicada en 2004 por Monte Ávila Editores, cuando habla de “sus preocupaciones sociales, su identificación con el obrero y el campesino, la lucha de clases, un declarado sentimiento socialista, el canto a los guerrilleros combatientes”.

Pero Jiménez Emán también lo recuerda como “un hombre desenfadado y enamorado, que vivía siempre metido en líos de faldas, y leyendo y escribiendo con una gran pasión”, como escribió hace cinco años en el portal letralia.com. Y continuó: “Yo solía presentarme con mi guitarra en aquellas fiestas y el Chino siempre se me acercaba para que cantáramos rancheras a dúo. Le gustaba especialmente una canción titulada ‘Aquel amor’, cuyo dúo original lo entonaban los grandes cantantes Pedro Vargas y Benny Moré. Él admiraba a Benny Moré como a un ídolo y le escribió un poema hermosísimo que la gente ahora se sabe de memoria. El Chino cantaba bien las rancheras, sobre todo los corridos mexicanos, pues era admirador de la Revolución mexicana, de Pancho Villa y Emiliano Zapata; se entusiasmaba mucho al cantar las rancheras y alcanzaba notas muy altas. También le gustaban mucho Los Beatles y me pedía que le cantara canciones de ellos”.

Fue en 1971 cuando Valera Mora publicó su poemario Amanecí de bala, documento de lucha que inspiró a la juventud revolucionaria de hace 50 años. De allí se desprende el poema tan recitado por varias generaciones, Oficio puro: “Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor…”.

En cuanto a este libro, el escritor Jeroh Juan Montilla señala en el blog Historiografías que “el lenguaje oscila entre lo orgásmico y el agotamiento feliz”, además de observarlo con “elementos de la poesía beat norteamericana, que tienen en Allen Ginsberg su más idóneo representante (…) Y es que Víctor, no sé, si directa o indirectamente, bebe como muchos otros de esa corriente de la poesía norteamericana contemporánea, que hace del poema una barricada contra la hipócrita escala de valores de nuestras ‘democráticas’ sociedades de mercado”.

Su presencia se mantiene viva

Luego vendrían otros libros del “Chino”: Con un pie en el estribo, en 1972, y siete años después su última publicación, 70 poemas stalinistas, con la cual ganó el Premio de Poesía del Consejo Nacional de la Cultura.

Después se publicaría un libro póstumo: Del ridículo arte de componer poesía (1979-1984). Fue en 1984 cuando falleció de un infarto.

No en vano su poesía sigue rondando en el ámbito universitario, intelectual y popular. Tan es así su presencia que desde hace ocho años se mantiene vivo el Frente de Creación Literaria Oficio Puro que opera en la Fundación Celarg, en Altamira; y desde hace siete se realiza el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora; sin dejar atrás la Poesía Realenga que también cuenta con su festival cada año, en el que los versos del “Chino” siempre salen a relucir.

Hasta el propio comandante Hugo Chávez lo recordaba, cuando recitó su poema “Llamadme”: “…Solamente llamadme / el día en que la risa y el pan sean plan de gobierno, sean forma de gobierno. / Solamente llamadme / el día en que, Juan República Popular, sean nombres y apellidos del pueblo. / Entonces, cuando estemos en lo justo… / llamadme, solamente llamadme”.

Ciudad Ccs / Rocío Cazal