El estadio José Pérez Colmenares quedaba en Catia

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Mientras en vano trataba de espantar los inmensos tábanos que atacaban sus piernas durante el estricto orden cerrado impuesto por el profesor de gimnasia del liceo militar, en los terrenos aledaños al polideportivo José Pérez Colmenares –hoy son extensión al Parque del Oeste–, Trinita Ascanio evocaba sus días de primaria y las clases de recreación que impartían los maestros del grupo escolar Agustín Aveledo, que funcionaba en un reducido recinto cerca de la plaza Sucre al lado de donde años después funcionó el liceo Trinidad Figueira.

Era el año escolar de 1952. Ella tenía apenas 10 años. La avenida Sucre estaba recién inaugurada en toda su extensión desde Catia hasta El Silencio. La pequeña institución no tenía espacios para deporte. Correspondía a los maestros arriar a la muchachada a hacer educación física en el estadio construido en honor al Terrible Pérez –ese famoso pelotero maracayero que formó parte de los Héroes del 41.

¿Qué será de la vida de Carmencita? –hija de la maestra Carmen Emelina de Guariguata, encargada de educar a ese grupo de niños de quinto y sexto grados–, se pregunta Trinita mientras vuelve el recuerdo a su bachillerato militar, donde conoció, entre otras, a su aún amiga Antonieta Simoza…

En el reducido salón se respiraba una extraña pero tolerable combinación de fragancias por la Jean Marie Farina de la maestra, el Tricófero de Barry de María Antonia –una compañerita cuyos padres querían que le creciera el cabello– y el Bayrum con alcanfor de Pedrito, que buscaba alivio ante el cansancio por las extensas jornadas deportivas. Un día inesperado, ni siquiera el refrescante aroma logró contrarrestar el de la Emulsión de Scott que se le derramó a Juanita, con el que sus padres pretendían abrirle el apetito y subirle las defensas. Peor le fue a Albertico ese fatídico día, ya que por confusión del maestro Uvencio terminó tomándose dos Píldoras de la Vida del Dr. Ross, que resultaron ser laxantes… ¡Ay, Dios mío!

Cerca de las cinco de la tarde, a lo lejos se notaba el rastro de humo expelido del Capitolio que desde la vecina textilera Cristóbal Colón –funcionaba donde hoy se erige el urbanismo Calle Maury de la Gran Misión Vivienda Venezuela–, el señor Rubén González se fumaba a diario antes de retirar a su hijo menor Joseíto. Casi todos los niños regresaban a sus casas, tal y como habían llegado, un poco después de mediodía, solos y a pie. Trinita siempre acompañada de Claudina Torres, su vecina de los Cuatro Vientos en Los Frailes. Había poco transporte, mucha seguridad y desbordante ingenuidad en aquella Caracas que vivía la transición entre Germán Suárez Flamerich y Marcos Pérez Jiménez.

A esa hora infaltablemente estaba el maestro Albujas, que ni siquiera con su Lavanda Atkinson podía disipar la naftalina con la que su esposa pretendía alargar la vida de sus impecables paltós oscuros, amén de su peinado aplacado con Brylcreem, que en perfecta combinación con su mostacho denotaba una figura de respeto para imponer el orden al momento de la salida en la pequeña escuelita, que un año más tarde se mudó al moderno recinto en el que aún funciona desde 1953 al lado del Liceo Luis Ezpelosín.

De muy pocos alumnos pasaron a atender más de 1.200, con asistencia médica, odontológica, actividades musicales y diversos deportes. Todo, incluyendo la merienda escolar, de manera gratuita y con calidad.

Actual estadio José Pérez Colmenares, sede de Los Tigres de Aragua.

¿Puro beisbol?

Algunas versiones indican que el Pérez Colmenares era un estadio de fútbol; sin embargo, la Asociación de Beisbol del Distrito Capital asevera –en artículo titulado Tradición ganadora sobre el terreno, publicado en El Universal el 13 de abril de 1998– que “en el viejo parque … cerca del Periférico de Catia” se jugaba pelota y por sus terrenos desfilaron desde antes de la Li Menor nombres como “Isaías Látigo Chávez, Gustavo Gil, Teodoro Obregón, Luis Peñalver y dirigentes como Jesús Chucho Ramos, del MOP, entre otros”.

Al respecto, el maestro de periodistas deportivos, don Armando Naranjo, acota: “Era un polideportivo. Aunque sin las medidas reglamentarias, se jugaba fútbol. En un tiempo entrené allí con los equipos de la UCV… con brasileños (Paulinho, Zezinho, Fernando y Benito Fantoni). El DT era Orlando Fantoni y Sixto Soler su asistente. Era primera división. De segunda recuerdo a Víctor Yerena. Entrenamos con ellos. Ernesto Blanco, Che Ardila, eran algunos de los criollos de primera”, ilustró con impecable memoria.

El estadio quedaba exactamente donde funciona hoy la Universidad Nacional Experimental de Seguridad, en Los Flores, que previamente se llamó Zona Dos, donde funcionó el famoso y digno para el olvido Retén de Catia, justo frente al Periférico, que ya atendía la salud. “Justo en el sector El Yunque, donde luego funcionó a menor escala un parque festival del Inam”, agrega Luis Chávez, quien hacía su recorrido diario a la escuelita desde su Lídice natal.

Por la parte norte el Pérez Colmenares colindaba con la Escuela Normal (para hombres) Miguel Antonio Caro; mientras que por el sureste se asomaban vestigios de las líneas del Tren Caracas-La Guaira. No existía aún la autopista y Caracas entera debía llegar al litoral –o viceversa– por la carretera vieja, ya que el sistema ferroviario –que funcionó desde 1867– había cesado sus servicios. En su honor le sobrevive el pintoresco barrio La Línea, testigo de la metamorfosis del oeste caraqueño.

Parte de esa zona deportiva pasó a ser una obra acometida por el entonces Ministerio de Obras Públicas (MOP), especie de domo aún activo que sirve de escenario a exigentes torneos de futsal. “Y el cura de Nuestra Sra. del Carmen de vez en cuando hace misas especiales”, acota Trinita. Se trata de una construcción a escala para la cubierta de la estación El Cojo del Teleférico de La Guaira. Es un techo plegado a manera de bóveda vaciado en lo que desde entonces comenzó a ser el boom de la construcción moderna: el concreto.

Escenario actual

La afición de Venezuela, por ser un país netamente beisbolero, al solo oír José Pérez Colmenares lo relaciona al estadio sede de los Tigres de Aragua en primer lugar. Otros pudieran hurgar en la memoria acerca de quién fue el personaje. Pero con toda seguridad, casi nadie dirá que se trata de un estadio que antes de Maracay estuvo en Catia…
Los registros indican que el actual hogar de los felinos aragüeños vio luz en 1965 con la serie internacional en honor al presidente estadounidense J.F. Kennedy, y posteriormente pasó a formar parte de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional desde esa temporada 1965-66.

Como parte de los Héroes del 41, el Terrible Pérez dejó promedio de .275 puntos, 5 anotadas y 11 impulsadas. Además jugó con Magallanes, Vargas, Cardenales, Valdés, Princesa y Cervecería Caracas. El 25 de julio de 1944 murió víctima de accidente aéreo en el oriente del país.

Debido a las bondades de esa privilegiada zona, por allí desfiló gran cantidad del estudiantado de primaria y bachillerato del oeste caraqueño, no solo a practicar deporte sino a actos culturales y actividades de extensión. Razón por la cual todos los 12 de octubre se reunían a conmemorar lo que llamaban Día de La Raza, ahora Día de la Resistencia Indígena. Dos conceptos sobre un mismo hecho. “El encuentro de dos mundos y dos culturas”, repicó Trinita. Hoy, casi 70 años más tarde, se confirma que son dos Pérez Colmenares… pero el de Caracas fue primero.

Ciudad Ccs / Luis Martín