DATE CON LA CIENCIA | Juntos pero no revueltos

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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La responsabilidad del cambio climático es compartida pero diferenciada

“Ellos dejaron la desnuda mesa
de la soledad
dieron por pan ubicuas desventuras”
Gustavo Pereira, en Somari del almuerzo humilde

Cuando un conductor irresponsable choca su carro contra otro vehículo, a nadie se le ocurriría pensar que los gastos del choque deberían compartirse. Se asume que, o bien una de las partes es completamente responsable, o que, en todo caso, la responsabilidad, aunque compartida, es diferenciada.

Cuando hablamos del calentamiento de la atmósfera nos encontramos con una situación similar. La atmósfera es común a todos los habitantes de este planeta, y todos los países contribuyen a su calentamiento. Sin embargo, no cabe la menor duda de que los efectos que evidenciamos hoy, son producto de años de actividades que han estado concentradas en un grupo reducido de países que deberían asumir la mayor carga de responsabilidad.

Pero vayamos al comienzo de esta historia. La atmósfera de nuestro planeta contiene una mezcla de gases, como el dióxido de carbono o el metano, que es capaz de absorber el calor irradiado desde la superficie de la Tierra, y evita que ese calor se disperse hacia el espacio. Este fenómeno produce lo que llamamos efecto invernadero. La atmósfera, como si fuera un techo de vidrio, permite la entrada de los rayos del sol, pero retiene el calor que se produce cuando estos chocan contra la Tierra. Sin este efecto invernadero, la vida sería imposible en nuestro planeta.

Lamentablemente, lo que ha sucedido en los últimos 500 años, y más intensamente en los últimos 100, es que se impuso un modelo de sociedad que basa su funcionamiento en la generación infinita de capitales, y por tanto es altamente dependiente de la explotación de la naturaleza. Como resultado de estos niveles de consumo insostenibles, la quema permanente de combustibles fósiles produjo (y produce) un aumento en la concentración de estos gases de efecto invernadero, (GEI) que aumenta el calentamiento de la atmósfera y produce cambios climáticos globales con consecuencias negativas para el sostenimiento de la vida en la Tierra.

El Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) es el cuerpo de las Naciones Unidas para evaluar la amenaza climática. Desde su creación, el IPCC aborda la ciencia del cambio climático en tres grupos de trabajo regulares y un grupo de trabajo especial sobre inventarios de GEI. El Grupo I aborda la ciencia física del cambio climático; el Grupo II, impactos, adaptación y vulnerabilidad del cambio climático; mientras que el Grupo III trata la mitigación de los GEI. En ocasión del sexto ciclo de evaluación, Venezuela asume la responsabilidad de la vicepresidencia en el Buró del IPCC, representando a la región de América del Sur, en el Grupo II. Esta responsabilidad ha recaído en Carlos Méndez, investigador del Laboratorio de Ecosistemas y Cambio Global del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Desde allí, Carlos Méndez y un equipo multidisciplinario realizan estudios en las áreas de impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático sobre los ecosistemas y agroecosistemas venezolanos, usando metodologías inclusivas, dialogantes y dialógicas, que permiten la integración de diversos tipos de conocimiento además del académico. Muchos de estos investigadores son autores del próximo informe de evaluación del IPCC, a ser publicado en 2022.

El IPCC es un organismo ubicado en la interfaz científico-política. El Buró es el cuerpo de este organismo que vela por la calidad y la rigurosidad científica de sus evaluaciones, así como también por la relevancia política del resultado de dicha evaluación. La ciencia, como toda actividad humana, es reflejo del momento histórico en el cual se genera y se ve fuertemente influenciada por los valores y las visiones de los sujetos históricos que la desarrollan, y el IPCC no escapa a ese hecho. Así, en cada ciclo de evaluación, pueden observarse sesgos de desigualdad que, si bien se han venido mejorando con el tiempo, aún representan un importante reto a superar.

Algunos ejemplos de estas desigualdades son: mayoría de “expertos” provienen del Norte global, baja representación de mujeres científicas, poca inclusión de otros conocimientos, valores y visiones distintos a los de la academia. En resumen: una visión eurocéntrica que excluye otras voces afectadas por el problema global, incluso aquellas voces distintas a la hegemonía discursiva dentro del propio Norte global.

Parte del esfuerzo del venezolano Carlos Méndez ha sido, justamente, impulsar medidas para una participación mejor balanceada entre expertos del Norte y del Sur global; mayor equidad de género; y, sobre todo, para el fortalecimiento y la creación de mecanismos de integración de sistemas de conocimiento, voces y visiones alternativas, tales como el sistema de conocimientos locales e indígenas. Estos son algunos aportes de la ciencia venezolana al escenario multilateral.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto