VITRINA DE NIMIEDADES | ¿Periodismo desapasionado?

Rosa Pellegrino

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La “cápsula de sabiduría” de esta semana me la conseguí en Twitter resumida en este escrito: “Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión”, G.W. Friedrich Hegel. Está ahí, servidita. ¿Cuántos tuiteros pueden cuestionar que este sea su autor? ¿Cuántos estarán seguros que sí lo es? ¿Cuántos cotejarán? Mientras van cayendo tuits en cascada, esas preguntas quizás no surjan. Pareciera que no hay chance para preguntar y con esta corriente, también hay profesiones que parecieran destinadas a ser puestas en duda, como el periodismo.

No me refiero a los cuestionamientos que varios “sabios” de las redes sociales hacen a esta carrera, que consideran asunto del pasado porque el algoritmo no la premia, o a las advertencias que algunos mayores hacían cuando uno cuando tenía el libro de oportunidades de estudio del CNU en las manos: “Los periodistas son pelabolas”. Hablo de la duda que surge al pensar que esa carrera que estudiaste no tiene futuro, y que toca pensar en una opción diferente para llegar con algo de dignidad a fin de mes.

En conversa con algunos colegas, caemos sin notarlo en un punto que provoca escalofríos: cuánto ha cambiado el mercado laboral. Y no me refiero a los desafíos del teletrabajo, los retos del discurso transmedia o al auge del podcast. El panorama mediático es radicalmente otro, muchos de los llamados colosos de otros tiempos ya dejaron de serlo, mientras otros medios van naciendo. Y todo eso se está dando junto a un cambio de relación con los usuarios de medios, imbuidos en el efecto “tiempo real” que brindan los entornos digitales.

La cosa resulta desafiante, y con eso debería darse un efecto de ignición que nos llevara a pensar cómo innovar en este oficio, cómo aprovechar las novedades, cómo poner esa situación a nuestro favor. Pero pareciera que el modo ”sobrevivencia” nos lleva por las narices y la tarea de conseguir trabajos a destajo para llevar un poco la fiesta en paz es la norma.

Sí, sí, ya sé que no somos los únicos que andamos en esa, pero hay algo que no termina de hacer click acá. Temo que para algunos la pasión por ese oficio esté siendo sustituida por el tedio, la monotonía, o la simple obligación. Y ahí se le sale la rueda a la carreta, porque si nosotros nos desviamos del camino, ¿qué puede darle vida al periodismo?
No faltará quien sienta que puede vivir sin lo que nosotros hacemos. Desde la individualidad, vale. Pero en una sociedad donde las cataratas de información no cesan, a mi juicio, es imposible concebir que podrá andarse sin periodistas, siempre que ellos se comporten como tales. El reto es que nosotros mismos así lo entendamos.

Y no se trata de la visión romántica con la que algunos nos animamos a desoír las advertencias sobre esta profesión. Es algo mucho más complejo, más orgánico: a nosotros nos toca hacer las preguntas que otros no se formulan, ir más allá del lugar común, andar con la duda permanente. Hacer lo que otros no hacen con el tuit con el que abrí este escrito. Y nada de eso se logra sin una gran pasión.

Rosa Pellegrino