ASÍ DE SENCILLO | ¿Aquí, allá?

Maritza Cabello

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Todos huían despavoridos. Habían empacado recuerdos, guardado en delicadas cajitas la caricia materna; con mucho cuidado envolvieron las tremenduras infantiles. Se aseguraron que quedarán bien amarradas, por si a alguna, le daba por escaparse ahora. Ahora que toca ser adulto, un señor o señora serios.

Buscaron potecitos de colores para meter la primera sonrisa de sus hijos o aquella lágrima derramada por un primer dolor.

Cuando todo estuvo empacado, se fueron con la boca llena de palabras de odio, desilusión y decepción. No cabían, se les salía sin control.

Pero sus ojos lloraban esperanza, que allá, dónde sea, será mejor, allá todo pasará, allá, allá.

Avanzaron y avanzaron. Uno miró atrás, buscó, contó, verificó. ¡Falta uno!

Uno decidió quedarse

—¡Está loco!

—¿Con qué se queda?

—¿Por qué?

Respondió: —Los respeto, váyanse. Yo me quedo para cuidar lo que hicimos, yo me quedo porque hay mucho que hacer. Tengo Sol, agua, oxígeno. Sembraré, amaré lo que dejaron. Váyanse, cuando regresen, alguien los va a estar esperando.

Entonces, otro y otros decidieron unirse y también se quedaron, convencidos que hay mucho por hacer aquí y allá. Que cada uno busque su lugar.

Se abrazaron.

Siguieron, hasta el próximo encuentro.

Maritza Cabello