EL QUE BUSCA ENCUENTRA | Hambre vieja de tragedia

Henrietta Saltes Zamora

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Llueve, ventea, tiembla, cágate.
Tuitea, exagera, preocupa, alarma.
Arrodíllate, párate, siéntate.
Y jode o búrlate, pero arrepiéntete.

“Lo importante es que hay salud” pero haciendo catarsis.

Venezuela debe estar enmantillada. Si no, ojalá que siga como va, naturalmente hablando, claro está. Común es decir, por joder, que “la bida bale berga”… ah pero aquí hay que parársele firme a la aparente “necesidad” subjetiva de tragedia extra que tiene buena parte de la gente que todo lo exagera en aras de mantener viva la llama de la alarma perenne. Parece que las circunstancias adversas no le son suficientes y le encantaría estar más jodida. Tal vez sea masoquista.

Apenas arranca octubre agarran su puesto fijo en la sala de espera por el cordonazo de San Francisco. Puede llover copiosamente cada dos días con poderosas ráfagas de viento que arranquen árboles centenarios de raíz, pero nunca saciará el hambre vieja de tragedia de esa gente insana: tiene que llover más fuerte y que se inunde toda Venezuela o en Caracas se desborde el Guaire de punta a punta, para adjudicarle el título de cordonazo a determinado palazo de agua. Ellos ostentan la única vara válida para esa tarea, nadie más podría. Ahí cargan una diatriba por eso, todavía…

La ansiedad no los deja retirarse un rato de sus ventanas y balcones. Los ojos rojos y puyúos se les tuercen frente a la pantallita del teléfono y los dedos se les encalambran de tanta paja que escriben. No duermen, no descansan, tampoco dejan. Ni los arcángeles se salvan, tienen rato pidiendo taima. Los descontrolados pensamientos apocalípticos montan rumba y banquete en sus psiques y los comparten inclementes. Lo mismo con sus deseos de dramas insatisfechos. Dicen ser felices así: “Déjenme quietx, si yo quiero decir que es el diluvio universal, ¿en qué les afecta?”. Ahí mismo tuitea con la piquiña que da ser cuestionado: “Por aquí reporto que acaba de sonar un trueno. ¿Alguien más lo escuchó?”, y otro le responde en el grupito de insomnes de whattsapp: “Por aquí no, pero hay que estar atentos y tomar previsiones porque puede caer granizo y viene lo peor”.

¿Tú has visto? Una gente que tiene el privilegio de vivir en una sólida estructura de cabilla, concreto y bloques, sobredimensionando la angustia porque llueve. Y es que aquello de Zona de Convergencia Intertropical nada pero nadita les dice. ¿Qué sigue, una vez desbloqueados todos los niveles de neurosis: construir un arca en el estacionamiento del edificio? Se pasan.

Pero si con eso ya no fuera bastante, están los sismos. Diójmíosantísimo… qué nivel de alarmismo se gastan, en serio. En días recientes ha temblado en Margarita, un par de veces (hasta este momento en que escribo). Sí se han sentido con fuerza en toda la isla porque vamos, es pequeña: 1.072 Km2, un poco más grande que Caracas: 777 Km2. Pero bueno, lo dicho: hay que sobre-dimensionarlo todo. La escala de Ritcher no alcanza para medir los bajos deseos y satisfacer las expectativas de estos compatriotas cuya emotividad telúrica siempre desentona.

Un golpe fulminante que termine de partir al país en varios pedazos imaginados o pre-diseñados selectivamente es lo que están esperando. Si toda esa creatividad la usaran para algo bueno, otro sería el cuento. Si no ha calado la idea de la media luna en occidente, entonces que venga de parte de los dioses que a bien tengan escuchar sus plegarias y complacerles.

Esa gente no sueña despierta, tiene pesadillas que alimenta desde el odio que supuran las fallas espirituales de sus placas subjetivo-tectónicas chocando las 24 horas de los 365 días del año: clama por un armagedón criollo. La misma gente que le lanza toda la artillería a Funvisis porque a las 3 milésimas de segundos de ocurrir cualquier sismo no ha publicado el parte en Twitter. En cambio al servicio geológico gringo sí le pican torta, quesillo y gelatina. Todo lo que sirva para atacar el gentilicio y destruir lo nuestro les fascina. Desde chistes bien malos y pajúos hasta reclamos con ira por esto o aquello. En el fondo son tragicómicos. Uno se ríe de sus vainas pero también es compasivo. Pobrecitos.

¿En caso de duda rompa el vidrio y recurra al cuadro comparativo malintenso-emotivo-tectónico? Te lo tienen:
Sismo “chavista” peorro-asintomático de dudosa o manipulada medición: 3.9°
Versus
Súper mega terremoto pitiyanqui-incuestionable con amenaza de tsunami templario de la resistencia: 54.8°
De la novela del género de terror “Los hombres que bachaqueaban almas” y otros demonios.

Cuando vivía en Caracas, en un edificio de 4 pisos y se sentía ligeramente algún temblor cercano, durante los siguientes 3 o 4 días dormía vestida con zapatos puestos y las llaves colgadas en el cuello. Admito mi paranoia. El solo hecho de pensar que tenía que despertar y obviar la taquicardia para vestirme, calzarme y bajar las escaleras en 5 segundos me quitaba el sueño y desbarataba la mente. Ahora no me pasa, por fortuna. Mi expresión resiliente de “me importa un carajo, no puedo evitarlo” tal vez sirva para un meme y es que uno se cansa de pelear contra lo que no controla, cuando lo hace consciente. El temblor de hoy, 17 de octubre, me despertó primero con el ruido y segundo con el golpe que me zarandeó la cama pero me sentí tranquila.

¿Sabe por qué? porque yo a ese tipo de frecuencias malignas (mías o de otros) del miedo trato de sacudírmelas apenas las siento; porque esas matrices neuróticas e inútiles de esa gente chimba me sirven para reír de vez en cuando, no para adoptarlas o tomarlas en serio; porque no les doy poder alguno (inmerecido) y porque en definitiva: pensar en la muerte propia o ajena es un sinsentido, una pérdida de tiempo.

“Es necio quien dice que teme a la muerte, no porque le angustiará al presentarse, sino porque le angustia esperarla”.
Epicuro

Que llueva si va a llover, ajá, buenísimo más bien. Que tiemble si va a temblar, ujuhm, es normal que suceda porque la tierra está viva. Pero ya basta de tanto pelabolismo de alma. Busquen luz, amor, el bien, la paz, la calma. Oficio o terapia, también. A esa “necesidad” de exagerar lo malo o los peligros se le llama ansiedad y tiene posibilidades de curarse si se toman los tratamientos correctos a tiempo. Asunto.

El hambre vieja de tragedia es de gente muy jodida de la cabeza.

Henrietta Saltes Zamora