La profe TV y (4)

Humberto Márquez

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Vamos a dejar la guachafita ésta pensando que la educación por TV pudiera ser la panacea de insuflar el conocimiento a los menores y, aunque no sea una mala idea meter el conocimiento por la vía del cine, dejemos mejor que los educadores busquen ellos mismos su manera. Pero de cierre o de coda, como decía mi pana Havid Sánchez, director de la Sinfónica de Maracaibo, debo contar un episodio que me marcó para siempre. Por esas historias de novias ricas, que nunca han faltado, gracias a Dios, me tocó realizar un cortometraje por encargo y mi productor me puso un carajito expresidiario para efectos de la animación. Luego del cague natural de trabajar con alguien que viniera de prisión, muy pronto comprendí nuestra fluidez e hicimos el trabajo. Después lo mataron y yo no quise saber más del asunto. Luidig Ochoa, mi hermano querido que aún duelo.

Pero adonde quiero llegar es a que cuántos muchachos están presos y tienen un talento natural para hacer cine o TV. En Ávila tuvimos la experiencia de Jackson, un peluquero de malandros que hizo su propia película con celular, y se hizo éxito. Una o varias camadas antes recuperamos a mi querido “Montecito”, hoy un flamante licenciado de la República, insigne rapero y maestro en artes marciales, quien cambió el hierro por una cámara de TV. En estos días le escribí para que me hiciera un rap inspirado en Simón Rodríguez, ese ser que habría sido mi pana del alma. “No quiero parecerme a los árboles que echan raíces en un lugar y no se mueven, sino al viento, al agua, al sol, a todo lo que marcha sin cesar”, era la letra inspiradora, dejándole claro que ese fue el veneno libertario de Bolívar y que el perfil de Simón Narciso era y es el de un joven desmelenado que va creciendo y envejeciendo hasta llegar a ser casi excéntrico con un paraguas verde, y guantes y zapatos morados. ¡No Joda!

El cuento era y es, ¿por qué no proclaman que los exámenes orales sean en rap, y un equipo de carajitos filmando la vaina?

HUMBERTO MÁRQUEZ