Morochito vive su semana más ajetreada

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Francisco “Morochito” Rodríguez está transitando su semana más ajetreada del año, según ha confesado en ocasiones, la de los días previos al aniversario de la fecha en que conquistó la primera medalla olímpica de oro para Venezuela, el 26 de octubre de 1968, cuando se convirtió en campeón del peso mosca junior (48 kilos) de boxeo, en la Arena México de la capital mexicana.

“Ayer me entrevistaron para un canal y me ha llamado mucha gente”, nos señala por teléfono y seguramente también tendrá que exhibir nuevamente, para las fotos, el primer oro olímpico de Venezuela que guarda con mucho celo.

Será el lunes cuando se cumplirán 52 años de esa conquista para el deporte venezolano, pero mañana es el aniversario de la jornada de los Juegos Olímpicos de México en que logró su clasificación para combatir en la final, cuando se impuso en semifinales por decisión (4-1) al estadounidense Harlan Marbley.

Marbley fue un buen boxeador, pero en sus dos actuaciones más notables se encontró con el rival nacido en Cumaná, que le impidió subir más alto en el podio.

En los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá (1967), Marbley se enfrentó en semifinales del peso mosca (51 kilos) con Morochito Rodríguez, quien le impidió ir más allá de esa instancia, quedando con medalla de bronce, mientras el púgil venezolano avanzó a la final y se adjudicó la presea de oro, la única de ese metal que obtuvo la delegación criolla en esos juegos continentales.

La siguiente oportunidad que rivalizaron Marbley y Rodríguez ocurrió también en semifinales, pero de los Juegos Olímpicos de México, el jueves 24 de octubre de 1968. Y nuevamente el triunfo lo obtuvo Rodríguez, en esa ocasión por fallo 4-1.

“A Marbley en Winnipeg le gané fácil, un estadounidense con buen boxeo, tú sabes, esos americanos pelean con estilo. En México tuve más problemas con él, aunque gané 4-1 fue una pelea difícil”, recuerda Morochito.

El estadounidense, que había nacido en 1943, dos años mayor que Francisco Rodríguez, murió el 13 de mayo de 2008.

Morochito comenzó con buen pie su intervención en el torneo mexicano, ya que el sorteo le evitó pelear en dieciseisavos de final.

Sigue esperando que otro púgil criollo gane oro olímpico. Foto Bernardo Suárez

Por Carbonell conoció a Fidel Castro 

En su primer combate en México, el 17 de octubre, correspondiente a octavos de finales, había dejado en el camino, sin posibilidades de medallas, a Rafael Carbonell, una figura emblemática del pugilismo cubano tras el triunfo de la Revolución.

“Además de esa ocasión en México a Carbonell le gané otras dos, una de ellas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá (1970). Fueron tres veces y por eso fue que conocí a Fidel (Castro), preguntó por mí y por qué le ganaba tanto a Carbonell, y me llevaron a conocerlo”, señala Morochito.

En cuartos de finales Rodríguez venció al representante de Sri Lanka, Khata Karunarathe, por RSC (Referí Suspende el Combate), un resultado que le aseguraba la presea de bronce, metal que hasta entonces solo dos criollos habían logrado previamente en la máxima cita del deporte mundial: Asnoldo Devonish en atletismo (salto triple, Helsinki-1952, Finlandia) y Enrico Forcella en tiro (rifle tendido 50 metros, Roma-1960, Italia).

Sin combatir por el oro ya los resultados de Morochito eran históricos, entonces tenía asegurada la medalla de plata, un tipo de trofeo que hasta entonces no había logrado ningún venezolano en Olímpicos.

Además, quedaría para la historia como protagonista de la primera final del peso mosca junior en unos Juegos Olímpicos, en México hizo su debut esa división, entonces la menos pesada (48 kilos) del boxeo.

Desde que Morochito ingresó a la selección nacional de boxeo debió residenciarse en Caracas, convirtiéndose luego en el lugar de su domicilio, aunque siempre tiene presente a su nativa Cumaná, allí nació el 20 de septiembre de 1945.

“Creo que nos vamos este sábado a Cumaná, el lunes estaré allá, habrá un acto”, homenaje. Allí también nació el torneo de boxeo Francisco “Morochito” Rodríguez, como tributo al campeón que en ocasiones llegó a tener participación internacional, con la intención de promover a las nuevas generaciones de púgiles venezolanos, pero especialmente de la capital del estado Sucre, donde el lunes nuevamente será “tendencia” lo protagonizado por uno de los hijos de la “Primogénita del Continente” hace 52 años.

En la actualidad reside en la urbanización Pro Patria (Catia), en la parroquia Sucre, y cerca de allí, en las adyacencias del liceo Andrés Eloy Blanco, está el barrio que lleva su nombre, donde a lo mejor también lo estarán esperando en este aniversario.

Es muy conocido en el sector, su manera de ser sencilla y amigable lo ha recompensado con la amistad y respecto de la comunidad, en la que con frecuencia interviene junto a vecinos en partidas de dominó, ocasiones siempre propicias para rememorar lo acontecido aquel 26 de octubre, cuando subió al ring para combatir por el campeonato olímpico en Ciudad de México contra el surcoreano Yong-Ju Jee.

Fue un combate complicado contra un rival asiático muy resistente y de gran condición física, ante lo que debió exponer todo el arsenal boxístico aprendido del maestro Hely Montes en Cumaná. La pelea fue decidida por el mayor empuje del venezolano en el tercer asalto, que inclinó la balanza de su parte en un fallo 3-2 que los venezolanos siguieron a través de la radio.

Desde entonces otros dos venezolanos han ganado medallas olímpicas de oro, Arlindo Gouveia (taekwondo) en los juegos celebrados en Barcelona-1992 (España) y el logrado por el esgrimista Rubén Limardo (espada) en la cita de Londres-2012 (Inglaterra), ambas muy meritorias, pero la de Morochito siempre será la primera.

Mientras tanto, Francisco sigue esperando que se cumpla uno de sus deseos, “que otro boxeador venezolano gane medalla de oro en Juegos Olímpicos”.

Bajar de peso resultó acertado

Cuando Francisco “Morochito” Rodríguez dio inicio a su carrera como boxeador lo hizo en la división mosca (51 kilos), entonces la menos pesada en el boxeo, y en la misma dejó en evidencia sus condiciones al ganar oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg (1967).

Sin embargo, al ser incluida la división mosca junior (48 k) en los Juegos Olímpicos de México, lo inscribieron en la misma, no obstante los riesgos al subir a la balanza.
Se suponía que si Francisco le había ganado a rivales más pesados (en mosca), en la división menor (mosca junior) se le haría más fácil vencer a oponentes más livianos.

Tuvo problemas para ubicarse en el límite de peso, pero derrotó a sus oponentes.

Ciudad Ccs / Juan Cermeño