Pueblos de América Latina están despiertos en una diversidad de voces

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Este año se han realizado procesos electorales en varias naciones del mundo, a pesar de que la pandemia del covid-19 causa estragos hasta en el rincón más escondido de nuestro planeta. Nada más el pasado domingo 18 de octubre, en Bolivia, la gente salió a sufragar para hacer historia y derrotar la dictadura de Jeanine Áñez, y se avecinan comicios en Chile, donde el pueblo votará en un referéndum para saber si van a cambiar la Carta Magna heredada de la dictadura de Pinochet; Estados Unidos (EEUU), donde se debaten entre reelegir a Donald Trump o darle la responsabilidad de dirigir los destinos del imperio yanqui a Joe Biden; y en Venezuela, donde el próximo 6 de diciembre las y los venezolanos tienen en sus manos la posibilidad de execrar del Parlamento nacional a una clase política entreguista y lacaya.

Todos estos procesos comiciales revisten un carácter de gran importancia para la región, en especial los recientes de Bolivia, así como los de Chile y Venezuela, por los cambios sustantivos que pueden significar en el redespertar de los pueblos latinoamericanos, luego que parecía la izquierda difuminarse en América Latina tras la traición de Lenín Moreno a la Revolución Ciudadana en Ecuador y el golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia el año pasado.

Sin embargo, el contundente triunfo del candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS) en las elecciones generales de Bolivia, Luis Arce, parece avizorar horizontes despejados para la izquierda en América Latina y pudiera estar tomando, junto a los pueblos de la región, un nuevo impulso. Para la abogada constitucionalista Ana Cristina Bracho que un pueblo esté dominado no implica que sea un pueblo dormido, “y este continente está despierto, despierto hoy en voces varias que tienen pasado y futuro. Siempre América Latina es una pelea por sociedades de hombres y tierras libres, como decían los zapatistas por justicia, tierra y libertad. Si este pueblo despierto se une se enciende un crisol multicolor, pero unitario, los esquemas de explotación se rompen”.

Para Bracho las derechas en la región son entreguistas y racistas, y asegura que le tienen un gran temor al pueblo campesino, indio e independiente al que llaman bruto, flojo, entre otros epítetos, “queriendo ser más el norte que nuestra América bolivariana y martiana”.

—¿Cree que habrá elecciones en nuestro país el próximo 6D?

—Creo que habrá elecciones porque es el tiempo constitucionalmente dispuesto, hecho que se evidencia hasta en los documentos que la oposición dictó para darle apariencias de legalidad a lo que hiciera con el “interinato”, seguidamente porque el Consejo Nacional Electoral se encuentra cumpliendo un calendario con tal fin y finalmente porque pese a la pandemia hemos visto elecciones en varios países como en Francia, España, Bolivia y próximamente en Chile y en Estados Unidos, demostrando que cumplidos los extremos que impone la bioseguridad debe procurarse la continuidad de la vida democrática.

—¿Cree usted que el pueblo venezolano tiene ánimos y motivos suficientes para acudir de manera masiva a votar el próximo 6D, a pesar de que está sumido y sometido a una guerra de quinta generación que ha mermado su estilo de vida?

—Los venezolanos somos un pueblo acostumbrado a las elecciones y que debemos defender nuestro derecho a encontrar las soluciones de nuestros problemas. Pese a que los escenarios son difíciles nosotros sabemos que en el acto de la votación hay un elemento de resistencia y que debemos empujar porque este anómalo período histórico donde la Asamblea Nacional no legisló, ni controló ni colaboró con el buen gobierno se concluya.

Venezuela requiere que se abra su mayor foro político para decidir entre venezolanos cómo recuperarnos del impacto de un proceso coercitivo que aspira a la caotización del país y el sufrimiento del pueblo.

Esfuerzos del pueblo darán frutos

—¿Qué opina de la gira que el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, realizó hace cosa de un mes a Brasil, Colombia y Guyana? ¿Será que EEUU y sus lacayos están iniciando los preparativos de una invasión a Venezuela en plena pandemia y en pleno desarrollo de un proceso electoral tanto en Venezuela como en EEUU?

—Recordemos que la frase más usada por Trump sobre Venezuela es que todas las cartas están sobre la mesa y que la mayor presión para actuar sobre Venezuela para Trump es la población de la Florida, un espacio muy importante en el tiempo electoral en la que se produjo esta visita. Sin embargo, al valorar a Trump en su período veremos que éste ha preferido la diplomacia coercitiva y el escándalo mediático que las invasiones. Esto se ve simplemente de comparar lo que fue la guerra con Trump (sobre todo económica y hacia China) que con Obama que optaba por actos de guerra convencional.

La también docente universitaria recordó que desde el 2013 las y los venezolanos estamos caminando y al mismo tiempo desafiando aquello que los enemigos consideraban imposible. “Una revolución chavista sin la presencia física del Comandante y desde entonces el asunto venezolano adquirió mucha más dimensión. Desde esa época, el asunto fue objeto de leyes estadounidenses y de una gran presión de las instancias económicas y financieras. Por ello, nosotros tenemos que saber que hemos pasado por mucho y confiar que los esfuerzos actuales diplomáticos, judiciales, legales y políticos empezarán a rendir frutos (…)”, precisa Bracho.

—¿Cómo queda la presidencia interina e imaginaria de Guaidó ante el reconocimiento de Maduro como legítimo presidente por la ONU?

—Hay un hecho maravilloso que acabamos de ver en Bolivia, donde los resultados electorales demostraron el fracaso de la fórmula Almagro de generar gobiernos que no fueron electos ni juramentados como dicen nuestras constituciones y este hecho tenemos que verlo en ese primer plano. Esa aventura fracasó. En el país, Nicolás Maduro mantiene íntegramente los elementos de un Jefe de Estado cómo se vio en la ONU y como lo dicen hasta los tribunales ingleses que recuerdan que cuando negocian con el Estado lo hacen a través de Miraflores.

—Qué opinión le merece la Ley Constitucional Antibloqueo aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente, ¿cree que fue una acción que debió haberse tomado antes o todavía estamos a tiempo de repicar a las sanciones y ataques imperiales?

—Desde el 2019 se ha hecho evidente que el ataque que enfrenta Venezuela tiene muchos frentes. Uno de ellos es el complejo entramado de acciones judiciales y de actos que se pretenden legales y legítimos cuyo objeto es permitir socavar el orden o tomar activos venezolanos.

De entrada esta ley abona al frente de la defensa jurídica del país y forma parte de acciones de este estilo que toman países sometidos a acciones coercitivas. Es el caso de la ley 80 cubana. Así, se inserta en acciones tomadas y por tomar en una excepcionalidad histórica que deben revisarse continuamente. Creo que tenemos que poner mucha atención a los juicios que se irán dando y tomar muchas más acciones para proteger integralmente a la población, recuperando el valor del trabajo, la eficacia de la acción pública e incluso en visión más amplia impidiendo que nos roben la alegría.

Informe de la ONU pretende deslegitimar gobierno de Maduro

Con respecto al informe de la misión independiente de la ONU, Bracho manifiesta que es necesario recordar que este organismo multilateral, como foro político, posee una estructura compleja, con oficinas que comparten las materias que rigen, y es el caso en materia de Derechos Humanos donde existe un Consejo de DDHH, la oficina de la Alta Comisionada de DDHH, algunos comités y también relatores especializados en el área; lo que genera una percepción que en la ONU hay varias opiniones sobre un tema específico, por lo que es importante identificar quién habla dentro y desde esta entidad.

“Hay dos espacios porque hay dos resoluciones y esto es el resultado de dos votaciones. Aquella que da lugar a esta ‘misión independiente’ tiene como génesis una iniciativa de los gobiernos más opuestos al presidente Maduro y que señalan que en Venezuela ha de darse un ‘cambio de régimen’ para lo cual han activado todas las opciones que han conseguido: desconocer elecciones e instituciones, reconocer elementos no electos como legítimos y una fuerte acción internacional que se centró en la OEA hasta que Venezuela se retiró y que ahora busca abrirse paso en la ONU, pulsando especialmente todo aquello que sientan abre la puerta de la Corte Penal Internacional”, precisa la abogada constitucionalista y agrega que ellos quieren sacar al presidente Maduro del poder mediante una intervención internacional o un juicio internacional.

—¿Por qué la ONU no designa también una misión para que haga un estudio profundo de DDHH en Estados Unidos, Colombia, Arabia Saudita, Chile, entre otros países, donde violan de manera recurrente y sistemática los derechos fundamentales de los pueblos?

—La ONU es un foro donde se desenvuelven los países a través de la diplomacia y en el marco de las relaciones de poder heredadas de la segunda Guerra mundial, centradas en el privilegio de las potencias aliadas. Desde allí, hay una lógica de poder que determina la agenda a la que le hacen frente coaliciones como el Movimiento de los Países No Alineados que denuncian, por ejemplo, que los países más juzgados son los africanos.

Dentro de ese marco se definen los temas de la agenda, mediados por las preocupaciones de la propia organización y el nivel de obligaciones que ha contraído un país. Por esto, suele ser poca la influencia que se tiene sobre temas en Estados Unidos que jurídicamente no se compromete, políticamente controla muchas veces por la dimensión de sus aportes en las finanzas de la ONU y que cuando pese a todo ello es objeto de alguna averiguación, se opone con firmeza como lo observamos en las sanciones que recientemente impuso sobre la Corte Penal Internacional o su difícil relación con la OMS.

En relación al informe presentado por el Gobierno venezolano denominado “La Verdad sobre Venezuela”, Bracho manifiesta que no hay dudas que la República está en todo su derecho de presentar descargos y denunciar la política de acoso, hostigamiento y difamación a la cual ha sido sometido en los últimos años; y además con ese documento se demuestra que el Estado posee la capacidad jurídica y material para cumplir con sus obligaciones internacionales, y además evidencia las grandes falencias del informe presentado por la misión independiente.

En el chavismo hay una unidad profunda

—¿Pudiera hacer un balance del funcionamiento de la Asamblea Nacional en estos cinco años?

—La Asamblea Nacional es el primer foro de la nación. Su función es vital pero nunca aislada. Nunca por encima de los otro cuatro poderes que son tan importantes y tan legítimos como ella. El conflicto en solitario como muchas veces lo denominé fue su mayor error, no querer convivir y coexistir sino arrasar. No asumir la tarea de crear mecanismos de legislación y de control del Gobierno para evitar los problemas económicos que le dieron esa confirmación sino querer quedarse con todas las funciones del Estado, desconociendo primero al Poder Judicial y luego enfrentándose al Poder Ejecutivo.

—¿Quién está más dividida la oposición o el chavismo?

—El chavismo es una comunidad de ideales y de sentimientos. En ese sentido, posee una unidad en su diversidad mucho más profunda que la oposición que es una conjunción negativa, de rechazo a algo. De igual modo, nosotros tenemos que ver que la fuerza chavista fundamental está en el PSUV, que es un partido que continúa cohesionado, sin fracturas importantes. Lo que no es lo mismo que movimientos aliados decidan en esta coyuntura tomar su espacio.

Con respecto a las deserciones que se han producido en las fuerzas revolucionarias en los últimos tiempos, Bracho acota que la unidad siempre ha de ser una premisa y que las diferencias pueden arreglarse, “y los principios pueden reunir en un futuro a quienes en un momento difieren”, es decir, que es normal que se presenten diferencias sobre cómo abordar los tiempos duros que vive el país, y recalca que lo importante es el respeto mutuo y entender que este es un proceso largo.

AN debe atender iniciativas populares

Bracho dice que el presidente Chávez creyó en el pueblo legislador como una faceta de la democracia participativa y protagónica. “Esa es una tarea importante para el chavismo. Recuperar la dimensión parlamentaria de los poderes creativos del pueblo y recuperar la Asamblea Nacional para poder cumplir todo el ciclo del poder público inspirado en la idea de que el Estado no puede fragmentarse sino que debe ensamblarse y colaborar para fines superiores”.

Afirma que la agenda legislativa está llena de urgencias, y agrega que se hace necesario hablar de diversos temas como salario, pensiones y nuevas modalidades laborales, así como de defensa territorial, de mecanismos de diálogo y paz, de mejoría de los servicios públicos, de infogobierno, de poder popular, de derechos a la no violencia, de derechos de las mujeres y de derechos de los pueblos indígenas.

En relación a temas álgidos como el matrimonio igualitario, legalización del aborto y de la marihuana, Bracho precisa que esos temas están en líneas generales en los derechos civiles, y están regulados en dos instrumentos legales que la revolución no ha tocado en su integridad, que son el Código Civil y el Código Penal. “Ambos son normas preconstitucionales y se encuentran hoy llenos de parches de leyes anteriores. En toda evidencia, son temas que discutir pero no desde esa selección de temas sino desde la integralidad del derecho a la familia, el derecho a la vida, la igualdad de género y las cargas familiares. En muchos de estos temas hemos visto sucederse solicitudes de la ciudadanía en las puertas de la Asamblea Nacional y así deben atenderse, como iniciativas populares a discutir de acuerdo con la Constitución y el reglamento de la Asamblea Nacional”.

Biografía Mínima

Ana Cristina Bracho es abogada egresada de la Universidad del Zulia y, además, es Magíster en Derecho, Economía y Gestión a finalidad de Investigación en Derecho Público y Derechos Fundamentales por la Universidad de Caen, Baja Normandía. También es profesora de Derecho Constitucional e Introducción al Derecho en la Universidad Rafael Urdaneta desde el año 2011, y fue jefa de Derecho Parlamentario Comparado y Jurisprudencia en la Asamblea Nacional desde el año 2011 hasta el 2014. De igual manera, funge como columnista en diversos medios impresos y digitales del país y ganadora del Premio Nacional de Periodismo Aníbal Nazoa en 2019.

Ciudad Ccs / Juan Carlos Pérez Durán