CARACAS EN ALTA | ¿Una Caracas bonita?

Nathali Gómez

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Uno cree conocer a Caracas hasta que se mete por una calle desconocida. Un simple giro inesperado puede hacer que la certeza de ser un citadino que conoce su terreno se desvanezca como la estela de humo que deja una camionetica.

Aunque parezca exagerado, haberme mudado hace unos años a la calle del frente del edificio donde crecí, y pasé buena parte de mi juventud, hizo que descubriera otro mundo en mi propia cuadra. El solo hecho haber cambiado de manzana modificó mis rutas cotidianas porque encontré nuevos atajos, di con sitios por los que nunca había pasado, incluí otros comercios en mis rutinas de compra y lo que me parece más importante: ahora puedo ver cómo continúa el movimiento sin mí en los lugares por donde solía caminar y vivir.

Cuando voy a otras parroquias o municipios trato de fijarme en cada detalle. Secretamente me enamoro de las ventanas, de la disposición de las plantas, de las fachadas, de los árboles, de algún elemento que alguien puso en algún lugar para dejar constancia de su paso. Suena a romantización, si se quiere, pero lo veo más como un intento de imaginarme habitando otros lugares o teniendo otras vidas fragmentadas, porque solo existen en relación con los objetos que observo.

Aunque algunas personas me han dicho que tengo una “manera bonita” de contar la ciudad, no estoy del todo conforme con el piropo. Pienso que mi intención no es crear textos artificiosos que enganchen y que describan una belleza vacía. Creo que la búsqueda, que nunca termina y cuyos hallazgos suelen ser parciales, es mucho más amplia e incluye al todo caótico, hostil, hermoso, entrañable y cruel donde nos desenvolvemos.

Cuando hablo de mis búsquedas, no me refiero a “la forma de hacer las cosas”, porque cada uno encuentra su propia manera de contar y de contarse. No hay un manual ni una indicación certera. Hablo de la razón que he ido moldeando con los años para aún mantener el asombro al desplazarme por esta ciudad pequeña y sinuosa.

Además de escuchar retazos de conversaciones, fijar la atención en las particularidades que interesan, hacer algunas fotos e ir coleccionando situaciones para contar después, considero que lo más importante es vivir la ciudad, no dejar que su cotidianidad se escape y se convierta en una serie de mensajes indescifrables. Hay que evitar, sobre todas las cosas, convertirnos en unos extranjeros en nuestros propios linderos.

Nathali Gómez