ECONOMÍA DE LO COTIDIANO | Chile, de los Chicago boys al plebiscito 2020

Raúl Peñaloza

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El año 2020 pasará a la historia. No solamente porque se inició la primera pandemia del siglo XXI, sino porque además, en medio de todas las contradicciones sistémicas, exacerbadas por el confinamiento y la desigualdad, se ha convertido en tiempo de definiciones. Con el continente americano como epicentro de inéditas definiciones democráticas.

Tales definiciones se están dando de forma simultánea en varios países de la región; y se manifiestan en los ámbitos social, político, electoral y por supuesto económico.

Un ejemplo de ello es el cronograma electoral que se concentra en el 4º trimestre del año. Comenzó por Bolivia donde el pasado 18 de octubre el pueblo recuperó su democracia. Luego en Chile se llevó a cabo este domingo 25 el plebiscito en el que el pueblo optó por una nueva constitución,  para sustituir la heredada de la dictadura de Pinochet. En noviembre se realizará la elección presidencial en Estados Unidos (EEUU), y todo indica se producirá un cambio en la dirección de la Casa Blanca. Por último, el 6 de diciembre toca el turno a Venezuela, donde también democrática y electoralmente se le dará fin a la Asamblea Nacional liderada por Juan Guaidó, cuya gestión ha servido para facilitar el despojo de importantes activos de la nación.

Todos esos actos, más que elecciones per se, son importantes definiciones de rumbo que se están dando en la región y que marcarán el camino de las próximas décadas.

El caso de Chile es particularmente importante y con gran contenido simbólico, pues luego de ser el primer país en tener un gobierno socialista electo democráticamente, en 1970, Salvador Allende fue derrocado en 1973 y se instauró la brutal dictadura militar de Augusto Pinochet, después de 3 años de sabotaje a los servicios y a la producción, y de desestabilización económica.

Todas las baterías ideológicas y propagandísticas apuntaron hacia Chile, y tras resaltar la supuesta “incapacidad” del sistema socialista, con apoyo de transnacionales pasaron a generar un estado de bienestar económico para mostrar como ejemplo a los pueblos y gobiernos de la región.

Rápidamente Chile se convirtió en la vitrina del sistema capitalista neoliberal para América Latina, en la búsqueda de contrastar el Chile de Allende “socialista” y el Chile de “próspero” Pinochet.

Para ello se implementó un agresivo programa de inversión privada, nacional e internacional. Llegaron los que luego fueron conocidos como Chicago boys, economistas chilenos formados en Chicago, de la mano de nada más y nada menos que Milton Friedman. Y llegaron a Chile para encargarse del programa neoliberal chileno, desmontando toda iniciativa pública a través de la privatización de empresas y servicios públicos.

Se tomaron medidas como: reducción del gasto fiscal, eliminación de gasto social, reforma tributaria, reforma laboral, desregulación de controles en diversos sectores de la economía (fundamentalmente la agricultura), libre ingreso de inversiones y divisas, reducción drástica de los aranceles aduaneros y todo tipo de restricciones paraarancelarias, privatización de la seguridad social y de las empresas «estratégicas» (servicios básicos, minería, energía, telecomunicaciones, infraestructura, etc.).

A ese experimento neoliberal se le acuñó el nombre de “milagro chileno”, resaltando las características positivas del programa, como la estabilidad cambiaria (fin de la inflación), aumento de la producción (fin del desabastecimiento) y expansión económica (crecimiento del PIB). Realmente era un milagro, ya que por arte de magia desaparecía el control económico del Estado mientras aparecían el pan, el papel higiénico y la carne.

Toda una receta económica, política y social experimentada en el laboratorio chileno. Luego se afinó y se institucionalizó en el llamado consenso de Washington, que no era más que un conjunto de medidas acordadas desde el FMI, el BM y el departamento del Tesoro de EEUU para los países de la región.

Pero lo que insisten en ocultar es lo que estaba detrás de ese experimento económico, y que pretendieron convertir en ejemplo para la región: el terror político bajo el que se desarrolló el “milagro chileno”. Militares ejecutaron una política sistemática, prolongada y masificada de persecución, encarcelamiento, secuestro, tortura, asesinato, desaparición forzada y exterminio de opositores a la dictadura. Y según los muy conservadores datos oficiales, las víctimas directas fueron 31.686, con más de 300 mil exiliados.

A pesar de que Chile logró recuperar la democracia luego del plebiscito de 1988 y la posterior elección presidencial en 1989, el país sigue rigiéndose por la constitución redactada durante la dictadura.

Este domingo 25 de octubre, en el marco de los cambios y las definiciones políticas que se están llevando a cabo en el continente, el pueblo chileno decidió no solo que es tiempo de cambiar una constitución, sino también que es la oportunidad de construir un sistema político, económico y social con equidad, igualdad y justicia, y así, con este plebiscito aprobatorio, comenzar a poner fin democráticamente al costoso experimento económico neoliberal que comenzó en dictadura con los Chicago boys.

Raúl Peñaloza | @raulen13