El Cantor del Pueblo sigue vivo en la Patria

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El Cantor del Pueblo sigue vivo en la Patria

Ely Rafael Primera Rosell, mejor conocido como Alí Primera, nació el 31 de octubre de 1941, hace 79 años, en la ciudad venezolana de Coro, estado Falcón, llegando a ser uno de los grandes poetas, cantores y activistas políticos más importante del país y América Latina, recordado por su entrega y amor a los pueblos pobres de Venezuela y el mundo.

Pese a quedar huérfano de padre a los tres años y vivir en condiciones de precariedad, junto a su madre y sus hermanos, Alí desempeñó diversos oficios para colaborar en su hogar sin dejar de lado sus estudios.

Un canto, una vida por el pueblo

Alí grabó su primer disco, titulado De una vez, en 1972, desde Alemania, donde incluyó emblemáticas e inolvidables canciones como Techos de cartón, Yo no sé filosofar, El despertar de la historia y No basta rezar, entre otros. Su canto es la alegoría de un pueblo que sufría los embates puntofijistas de la Cuarta República en los años 70, lo que lo convirtió en un bastión de la lucha popular.

En 1973 ya figuraba como uno de los principales compositores y cantantes populares de Venezuela y Latinoamérica, al participar en numerosos festivales de la región. Cuatro años después conoció a quien sería su esposa, Sol Musset, con la que tuvo cuatro hijos: Sandino, Servando, Florentino y Juan Simón. Años más tarde, durante su viaje a Suecia, Alí conoció a Taria Osenius, con quien tuvo a María Fernanda y María Ángela; y, posteriormente, de su relación con la venezolana Noelia Pérez nació Jorge Primera Pérez.

Una canción necesaria

A través de sus canciones, Alí recogió el sufrimiento del pueblo venezolano, empujado por la pobreza y la desigualdad social de la época. Quienes se identificaron con sus profundas letras, lo convirtieron en el “Cantor del Pueblo”. Sus composiciones lo llevaron a ser el vocero de las realidades dolorosas de los más necesitados. Pese a que fue definido como un cantante de protesta, él mismo aclaró que la suya no era canción de protesta, sino canción necesaria. Alí logró plasmar en sus canciones el sufrimiento y la esperanza del venezolano denunciando la explotación y la marginación de una oligarquía enriquecida.

Ante las realidades que denunciaba con su música, fue vetado por varios medios de comunicación y por el Gobierno del expresidente Rafael Caldera, por lo que fundó su propio sello disquero, Cigarrón, para difundir sus composiciones.

Vivió siempre al calor del necesitado hasta el día de su muerte

A fines de 1984, el cantor grabó de forma casera un cassette con maquetas de los temas que publicaría en su siguiente disco, pero este proyecto fue interrumpido por su trágica muerte, el 16 de febrero de 1985. Alí falleció en un accidente automovilístico en Caracas, específicamente en la autopista Valle-Coche, a la altura de Los Chaguaramos. Hoy perdura en nuestra memoria aquella canción que lo lleva a la inmortalidad: ¡Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos!

JOSÉ ANTONIO VALERO / CIUDAD CCS