“Estamos frente a una oportunidad para pensar en cambios radicales”

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No se atreve a precisar qué tan cambiada salga la sociedad de esta pandemia. Sostiene que la misma desnudó las contradicciones del modelo civilizatorio moderno

El nuevo coronavirus puso en cuarentena al mundo y produce consecuencias, de allí que el capítulo virtual de la Escuela Descolonial de Caracas, que concluye hoy, estuviera dedicado a la Crítica descolonial en tiempos de pandemia, con la participación de ponentes nacionales e internacionales que debatieron sobre los procesos que se vienen produciendo desde que fue declarada la pandemia.

Sobre el tema nos habla el profesor Guillermo Barreto, investigador y parte de los organizadores de todas las ediciones de la Escuela.

—¿Por qué es tan importante la crítica descolonial en estos tiempos de pandemia?

—La pandemia producida por la dispersión global del virus SARS-Cov-2 desnudó las grandes contradicciones del modelo civilizatorio moderno dominante y de su sistema económico: el capitalismo. Se trata de una civilización sustentada desde su fundación en valores racistas, patriarcales, clasistas y de desprecio por la naturaleza. Las contradicciones han aflorado desde el comienzo y numerosos pensadores han abordado el análisis de los procesos sociales, económicos, culturales, etc., en un intento por develar sus entrañas y resolver esas contradicciones. La pandemia, sin embargo, afloró los problemas inherentes tanto al sistema económico como a los valores que sustentan el modelo civilizatorio. Así, hemos constatado cómo el impacto de la pandemia afecta de manera diferencial a los países, a los territorios, a las personas. Cómo el impacto depende del nivel socioeconómico, de la raza o género de cada persona o comunidad. Cómo los países se disputan los insumos para controlar o prevenir la enfermedad violando sus propias leyes y normas de comercio.

Cómo la pandemia es aprovechada de manera diferencial para un control social o para sancionar países que no se adhieren a los intereses de las potencias económicas. Pensar en los fundamentos de un modelo civilizatorio que ha causado esto y hacer la crítica analítica y reflexiva de dicho modelo es más que necesario si aceptamos que el mismo nos está conduciendo a un colapso y es urgente sentar las bases para un mundo nuevo de justicia, solidaridad, paz y respeto por la naturaleza. La crítica descolonial se sitúa justamente en este punto.

—Muchos pensadores coinciden en que luego de la pandemia nada será igual, ¿qué considera usted?

—Es difícil predecir siquiera cuándo será ese “luego de la pandemia”, pero no hay duda que el estado actual de cosas nos ha obligado a repensar el tipo de sociedad que tenemos. En este momento se han producido cambios importantes en la cotidianidad que obligan a redefinir el modo de continuar el año escolar, los viajes, el comercio, el vestuario, el modo de interactuar e incluso los ritos y tradiciones que implican aglomeraciones de gente. Sin embargo, lo importante es pensar qué pasará con el sistema económico y hasta dónde estos cambios afectarán la visión del tipo de sociedad que ha causado y mantiene la pandemia. Por un lado, tenemos un sistema capitalista que ha sido capaz de reinventarse después de cada crisis e incluso ha salido fortalecido. Por otro, la evidencia palpable de la carga de injusticia que el mismo implica y la necesidad de considerar transformaciones sociales radicales. No sé qué tan cambiada salga la sociedad de esta pandemia pero sí creo que es una oportunidad para pensar cambios radicales y actuar en concordancia.

—¿Cuáles son esos procesos que se reconfiguran y que es necesario debatir con una mirada descolonial?

—Pongamos un ejemplo. La pandemia ha afectado de manera desproporcional a las comunidades afrodescendientes notablemente en EEUU, pero también en el resto de América. ¿Por qué ocurre eso? ¿Hay una predisposición biológica acaso para eso? No hay ninguna evidencia de ello. Sí hay, por otro lado, evidencia de que las comunidades afrodescendientes siguen sufriendo la discriminación y el racismo que los coloca en situación de vulnerabilidad al no tener el mismo acceso a los sistemas de salud y condiciones socioeconómicas de por sí desventajosas en comparación con la población blanca o blanqueada. ¿Por qué ocurre eso? Recordemos que esta civilización nace entre otros factores del genocidio de millones de africanos secuestrados y traídos por la fuerza a América a realizar trabajo esclavizado. Los invasores europeos les negaron su humanidad y construyeron una sociedad basada en la exclusión y en la discriminación. Esos valores continúan allí y en EEUU podemos evidenciarlo a diario. Esta situación debe cambiar y las convenciones internacionales y las leyes hacen su parte, pero es necesario visibilizar su existencia para que se produzcan verdaderos cambios a nivel educativo, en los sistemas de salud, en lo mediático, etc., que construya nuevos valores y logremos erradicar “desde las vísceras” el horror del racismo. La mirada descolonial nos enfrenta a esta historia y nos coloca delante de una serie de valores que se intentan ocultar e invisibilizar. Es importante reconocer la existencia del racismo para combatirlo y ese racismo no es solo un asunto de color, es un asunto de valores impuestos que debemos analizar y enfrentar. Eso nos lo da la mirada descolonial.

—¿Hacia dónde debe marchar el mundo luego de la pandemia?

—Mientras la FAO solicita fondos para erradicar el hambre en el mundo las grandes corporaciones han hecho multimillonarias ganancias durante la pandemia. Con esto quiero decir que existe una posibilidad real de que el mundo simplemente continúe sin grandes cambios o quizás con una especie de “capitalismo humanizado”. Esto es que se aumenten en algunos países los impuestos a los más ricos o que se invierta un poquito más en los sistemas públicos de salud pero sin atacar las estructuras del sistema que es la causa del problema. Ojo, sí creo que hay que aumentar los impuestos a quienes ganan más, pero más efectivo sería promover los cambios que reduzcan las brechas horribles que hay en la humanidad entre un 1% de la población que se apropia del 85% de los recursos del planeta mientras más de 2.000 millones de personas viven bajo condiciones de inseguridad alimentaria. La pandemia nos está alertando sobre un sistema, un modelo civilizatorio que está llevando la humanidad al colapso. Es un modelo de muerte y solo podemos frenarlo con un modelo de vida. En este sentido, el pensamiento descolonial tiene aportes que ofrecer.

—¿Es la pandemia una advertencia sobre la necesidad de cambios en la manera de los humanos relacionarse entre ellos y con la naturaleza?

—La modernidad se caracteriza por ser un modelo binario: civilización-barbarie, avanzado-primitivo, superior-inferior, pero también mente-cuerpo, sociedad-naturaleza. Todo junto se constituye en un cuerpo de valores que coloca al humano separado de la naturaleza y adicionalmente separa a unos humanos (blancos europeos que se asumen superiores) de otros (no blancos-no europeos que se consideran inferiores por los primeros). La relación con la naturaleza está caracterizada por la dominación por parte de humanos de un ente ajeno que es considerado además una mercancía. Como no nos consideramos parte de la naturaleza pensamos que al dañarla no nos dañamos. Lamentablemente la realidad nos grita lo contrario. El cambio climático, la alta tasa de desaparición de especies, la pérdida de suelos por desertificación son algunos ejemplos del daño que este modelo ha hecho en el planeta. La aparición de nuevas enfermedades, epidemias y pandemias son otra señal de lo mismo. El modelo es insostenible y muchos de los cambios que ha producido son ahora irreversibles y causan severos daños a la población mundial y en particular a los países menos industrializados y a los sectores de la población menos favorecidos. Esta pandemia es otra advertencia de que debemos cambiar nuestra relación con la naturaleza. Pero no es solo un decir que llama a acciones individuales, es una necesidad que pasa por desentrañar las causas estructurales del problema, la modernidad-colonialidad-capitalista, y generar las transformaciones que lleven a neutralizar ese problema.

—¿Qué diferencias tienen los efectos de la pandemia en nuestro Sur global y el resto del planeta?

—La pandemia afecta de manera diferencial diferentes territorios y sectores de la población, pero también ha permitido sacar a la luz cómo otras visiones del mundo la han enfrentado y cómo se hace evidente la necesidad de reconocer otros sistemas de conocimiento, formas organizativas, dinámicas sociales que han permitido lidiar con los efectos de la pandemia. La medicina tradicional por ejemplo empieza a valorizarse más allá de sus ámbitos naturales y eso implica no solo el uso de plantas y otros productos naturales sino terapias de todo tipo que incluyen otras espiritualidades. En esto desde el sur global hay mucho que aportar pero implica deslastrarse de modelos impuestos euro-estadounidense-céntricos, cristiano-céntricos, patriarcales y redescubrirnos en nuestras raíces, historia y cultura.

—¿Cuál es la propuesta del capítulo virtual de la Escuela Descolonial de Caracas?

—La Escuela Descolonial de Caracas ha sido desde el principio una iniciativa que busca generar el debate, la formación y la reflexión en torno a la crítica a la modernidad, al reconocimiento de nuestros valores y a la construcción colectiva de un horizonte diferente de justicia, solidaridad, paz y buen vivir. La escuela es un espacio más de discusión que aspira ser factor de promoción e impulso de ideas que solo en la práctica cotidiana en los territorios, colectivos, organizaciones populares y estructuras de Gobierno podrán generar los impactos esperados: la construcción de una nueva sociedad.

—Han ocurrido en Venezuela hechos contra elementos de nuestro pasado colonial, como el derribamiento de la estatua de Colón y más recientemente el cambio de nombre de la autopista Francisco Fajardo, ahora Cacique Guaicaipuro, ¿qué falta por hacer?

—El derribamiento de la estatua de Colón o el cambio de nombre de la autopista Francisco Fajardo son acciones de un alto valor simbólico y se reivindican como actos de reparaciones. Los cambios sin embargo, no se remiten a este tipo de acciones. Se requiere de un análisis profundo de nuestra historia, una re-escritura de la historia que fue invisibilizada por las élites mantuanas. Es parte del trabajo que viene realizando el Centro Nacional de la Historia, por ejemplo, al exponer esa otra “historia insurgente”. Cómo era este territorio antes de la invasión europea, qué papel jugaron las mujeres en la lucha por la Independencia, en qué contexto se produce la llamada modernización del siglo XX.

Preguntas muchas que es necesario responder y que nos darían un sentido de identidad y pertenencia. Preguntas que el Comandante Chávez se hacía y nos hacía permanentemente y en ese preguntar impulsaba la búsqueda de respuestas.

—Está en marcha el proceso para las elecciones parlamentarias, ¿qué sugerencias tiene para el Poder Legislativo con el fin de avanzar en la propuesta descolonial?

—Lo primero que me viene a la mente es rescatar el concepto de pueblo legislador. Una iniciativa promovida por el Comandante Chávez y que constituye, en la esencia, una propuesta descolonial. Es entender que el verdadero poder lo detenta el soberano, el pueblo organizado y que es desde esas bases que se generan las ideas para el cambio. La ley de semillas, por ejemplo, surgió de un debate constituyente en donde productores y productoras, estudiantes, académicos y servidores públicos construyeron de manera colectiva un texto para la discusión y aprobación en la Asamblea Nacional. Fue una propuesta nacida del pueblo organizado, del poder constituyente y originario. Es a ese pueblo organizado a quien hay que darle la palabra y es tarea de los diputados y diputadas electos cumplir con ese mandato.

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Una escuela para el debate

Participante en la organización de las cinco ediciones que van de la Escuela Descolonial de Caracas, Guillermo Barreto señala que la misma “es una iniciativa producto de procesos y actividades que venían realizándose desde hace al menos 10 años y que incluyeron la visita al país de importantes pensadores descoloniales para actividades y seminarios académicos, experiencias que alimentaron el debate descolonial y que venían produciéndose en el territorio aunque no necesariamente se autodefinieran como tales y del impulso recibido por iniciativas en otros países. En esto el sociólogo Ramón Grosfoguel, de Puerto Rico, aportó ideas y entusiasmo para que finalmente en octubre de 2016 se realizara la primera escuela y se continuara realizando de manera ininterrumpida cada mes de octubre desde entonces”.
La escuela ha contado con el apoyo de los ministerios del poder popular para Ecosocialismo y Aguas (2016), Cultura (2016, 2019), Ciencia y Tecnología (todas), Relaciones Exteriores (todas), Alcaldía de Libertador (2017, 2018, 2019), así como la Red de Centros de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades y particularmente el colectivo Códigos Libres (2018), el Centro Internacional de Estudios para la Descolonización (2019), el Centro de Estudio de Transformaciones sociales-IVIC (todas) y el Instituto Simón Bolívar para la Paz y Solidaridad entre los Pueblos (2020).

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Biografía Mínima

 

Guillermo Barreto, venezolano, biólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela, con Maestría en Ciencias Biológicas de la Universidad Simón Bolívar (USB) y Doctorado de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Es profesor jubilado del Departamento de Biología de Organismos de la USB. Fue ministro de Ecosocialismo y Aguas, viceministro de Ecosocialismo Ambiental, viceministro de Ciencia y Tecnología, presidente del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología y del Centro Internacional de Estudios para la Descolonización Luis Antonio Bigott. Actualmente se está integrando al equipo del recién creado Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos.

Texto Juan Cermeño