LA CARAQUEÑIDAD | Sin sorpresas: ¡Sí era José Gregorio!

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Imagen de la exhumación del Venerable.

¡Sí era José Gregorio Hernández! No hubo sorpresa. Exclamó Trinita, muy emocionada al culminar la particular ceremonia, con dificultad para contener la emoción generada por la exhumación que es una etapa requerida en el larguísimo camino hacia la beatificación oficial del Siervo de Dios. Mientras Iris, su nuera, no dejaba de mostrar cómo se le ponía la piel de gallina ante tan histórico acto y la certificación legal de que aquellos restos –aunque por TV no se vio nada– eran del doctor de los pobres. Ahora solo faltan detallitos para que el Vaticano decrete el final feliz del arduo periplo.

Eso afirmaban ellas al tiempo que sorbían un aromático guayoyo de media mañana mientras observaban la pantalla plana de 32’ marca Haier, con la débil señal que con urgencia recuperó Intercable el día anterior –a pesar de ser domingo– para evitar la demanda que le caería si no solucionaban –milagrosamente– el desperfecto que había dejado sin imagen a sus miles de clientes durante dos semanas. Ese acto del 26 de octubre había que verlo. Fue tendencia. Audiencia total.

Aunque ya el 23 de octubre de 1975 se había exhumado el cuerpo del hijo ilustre de Isnotú para trasladar sus restos desde el Cementerio General del Sur a la Iglesia de Nuestra Señora de La Candelaria –hay una versión que habla de una primera exhumación en 1929–, lo importante es que se cumplen las exigencias para concretar el sueño de la feligresía en general: José Gregorio Hernández, un santo oficial, que como en vida formó parte de la dura lucha contra la peste española ahora se espera derrote por completo al fulano coronavirus… Por cierto, debido a la pandemia solo se permitió acceso a 150 fieles. De lo contrario no hubiese cabido un alma en ese doble acto: exhumación y cumpleaños 156 del médico andino.

Detallitos

No hubo sorpresas porque el cura que dirigió la ceremonia no desperdició el momento para tirarle duro al Gobierno –Dios se lo permitió–, aunque hizo mutis sobre sus colegas pedófilos, ni explicó nada sobre el tráfico de influencias que llevó rapidito a Karol Wojtyla y ahora al adolescente Carlo Acutis –el santo del Internet–, a la diestra de Dios Padre Todopoderoso sin los contratiempos sorteados hasta ahora por el beato isnotueño.

No hubo sorpresas, pero sí hubo detalles de protocolo: la musicalización nunca reflejó que el homenajeado tuviese relación alguna con los Andes. Salvo una corta versión instrumental de Brisas del Torbes, de Simón Díaz, lo único alegórico a tan hermosa región fue el inocultable y pegajoso acento del cardenal Baltazar Porras quien a pesar de ser caraqueño tiene mucho tiempo como jefe de la arquidiócesis de Mérida. Y el monseñor Mario Moronta, otro caraqueño –que poco habló–, es el mandamás de la diócesis de San Cristóbal. Pero de Trujillo –suelo natal del exhumado– nada de nada. Ni siquiera algo de la Orquesta Típica Trujillana de Ramón Augusto Barrios o para tararear el coro que dice “Isnotú espera tu regreso…”.

Llamó también la atención la manifiesta inseguridad de una de las doñas de protocolo –muy ocupada en arreglarse el pantalón que se le bajaba a cada rato a pesar de su abultada humanidad– con respecto a la ubicación de la invitada de lujo, Yaxury Solórzano, la niña cuya vida representa el milagro que elevó a beato a José Gregorio Hernández el 19 de junio de 2020.

¡Sorprendente!

Venezuela tiene experiencia en esto de exhumaciones desde 1827 cuando se clausuraron los cementerios de las iglesias para inaugurar los cementerios municipales creados por Simón Bolívar. Luego las más famosas han sido las del propio Libertador en 1842, 1942, 1972 y 2010, y las de las religiosas Madre María de San José (de Choroní en 1994), Candelaria de San José (de Altagracia de Orituco en 1969) y Carmen Rendiles (de Caracas en 2018). En su totalidad cumplieron con los protocolos de legalidad y de fe.

No obstante, en la memoria colectiva quedarán inscritos dos capítulos del absurdo dignos de una miniserie: el diputado aquel que en 2002 –sin exhumación ni pasos previos– certificó la muerte de un agregado político peruano (de cuyos nombres no quiero acordarme) y el muerto en cuestión estaba vivito y coleando; y el bochornoso caso de la doctora Raiza Ruiz en 1981 –pudo convertirse en millonaria como la primera zombie galena en ejercicio–, que luego de sobrevivir a un accidente aéreo en la selva amazónica fue rescatada por la tribu Bari mientras en Caracas, con todos los actos de ley, ella –que estaba viva pero en Amazonas– era enterrada (¿?). Cuando se dilucidó el marasmo y se hizo la exhumación de los restos que reposaban en la parcela G159-1 del cementerio, ¡oh sorpresa!: 40 kg de cal, un fémur de lapa y un costillar de venado. Y eso quedó así. Una muerta viva que ejerce la medicina y se da el tupé de ser la única en saber –según le contaron sus padres– quién fue a su velorio y quién la lloró con sinceridad en su entierro… Dios le dé vida y salud a esa dama.

Sobre reliquias

El Vaticano indica que deben extraerse partes del cuerpo exhumado para ser examinadas y dar certificación de que son piezas sagradas o reliquias que se envían a las diferentes diócesis para expandir la fe. Se denominan de primer orden a porciones de hueso, piel, uñas o cabellos. Y de segundo orden son trozos de tela o prendas que hayan acompañado al cuerpo desde su inhumación inicial.

Como se ha demorado tanto la santificación de José Gregorio Hernández, una doña malpensada pero quizás acertada, recordó que el doctorcito en vida era una gran bailador –cualidad no excluyente para entrar al cielo– y muy posiblemente en el proceso anterior los puritanos representantes del Vaticano analizaron la hebilla –segundo orden– cuyo grado de pulitura parece directamente proporcional con la suspicacia y el consabido retardo procesal… Como sea, Trinita espera que nuestro “santo criollo” siga iluminando a los científicos del IVIC para sorprender al mundo con el fin del covid-19 y que reciba la venia de la cúpula eclesiástica. (Ah, y que aparezca vivo el profesor Carlos Lanz).

LUIS MARTÍN / CIUDAD CCS
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El parque Los Caobos (II)

El informe Pittier sugiere revertir el uso del concreto, canalización de aguas servidas, siembra de nuevos árboles con distanciamiento de 5 metros entre ellos y sistema de riego, entre lo más urgente.

En 1943 el presidente Medina Angarita transfiere el parque Sucre a la Municipalidad del D.F., ya para la época el parque abarcaba más de veinte hectáreas donde estaban sembrados más de cuatro mil árboles. En 1950 se remodela la vía y el parque, en 1958 el gobernador del D.F. nombra la Comisión de Áreas Recreacionales y surge el Plan General de Parques; eso permite al arquitecto José Miguel Galia formular una remodelación, donde propone extensas áreas peatonales pavimentadas para reuniones cívicas, la gran caminería central, los módulos de servicios y los espejos de agua, conservando la estructura espacial anterior definida por las avenidas vehiculares y la alineación de los árboles. El proyecto de Galia se construye en 1968, y es el que hoy persiste, parcialmente desfigurado.

En los años sesenta se realiza la mudanza desde Plaza Venezuela a la avenida Mosquera, de la Fuente Venezuela, obra realizada por el escultor Ernesto Maragall, siendo colocada en el sector suroeste del parque, acompañando la exuberante vegetación, también se realizó la replantación de “caobos jóvenes” para sustituir algunos ya viejos o destruidos por las plagas.

Durante los años noventa se realizó un proyecto denominado Museo Ambiental, el cual contempló la inclusión de proyectos escultóricos de una serie de artistas contemporáneos. Estas obras enriquecieron el parque y permitieron sumarse a otras esculturas originales, como son la pieza en mármol blanco que representa a Teresa de la Parra, la cual recibe al visitante en el ingreso al parque desde la plaza de Los Museos y el Efebo de maratón, obra donada por el Gobierno griego como símbolo de amistad y unión entre los pueblos.

Iniciando el siglo XXI, la Alcaldía de Caracas, procedió a realizar el control fitosanitario de todas las especies, restauró la Fuente Venezuela, el conjunto de esculturas, los espejos de agua, pavimentos de concreto; resembró especies, renovó el sistema de iluminación, rescató los módulos y áreas de servicios, incluyó nuevos parques infantiles y de adultos, igualmente se procedió a replantar las nuevas caminerías, una nueva señalización de todo el parque, construcción de un muro perimetral y se desarrolló el proyecto Complejo Cultural Lineal y Deportivo para el disfrute de todos.

Julio González Chacín. Fundador †
Renny Rangel
Ricardo Rodríguez Boades
Gabriel Torrealba Sanoja
parroquiadentro@gmail.com