ASÍ DE SENCILLO | Contemplación

Maritza Cabello

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Don Perro corrió detrás de la moto, como lo hacía todas las tardes cuando pasaba el Señor Gregorio.

Era una carrera eterna que hacía con sus compañeros. Luego que el Señor Gregorio se alejaba, volvían a jugar entre ellos.

¿Cuánto tiempo lleva haciendo lo mismo? No lo sabe. ¿Por qué lo hace? Tampoco lo sabe.

Un día, pasó el Señor Gregorio, veloz en su moto, todos corrieron tras él, pero Don Perro, no. Esta vez se quedó observando a sus amigos.

-¿No vas? -Le pregunto, Pancho, el morrocoy.

-No, hoy no.

Pancho pensó: “Debe estar enfermo”.

Al día siguiente, llegó el Señor Gregorio más apurado que nunca.

Los perros, tomados por sorpresa se atropellaron entre ellos para ver quién llegaba primero.

Pancho, el morrocoy contemplaba sonriente el espectáculos que a diario daban los caninos.

Buscó con la mirada a Don Perro y no lo halló. Estaba echado a su lado.

-¡Caramba, Don Perro! ¿Hoy tampoco va a correr?

-No. Dicho esto, comenzó a reír mientras veía a sus amigos.

-¡Se volvió loco!

Se dijo Pancho calladito. Pero Don Perro lo escuchó clarito.

-No, Pancho. No estoy loco. Ahora me divierto al verlos a ellos correr. Me di cuenta que no tiene sentido, correr y correr.

Me gusta eso que haces tú, eso de contemplar a los otros.

Me detuve. Ahora veo y siento diferente. Deja que corran ellos. Yo, ahora disfruto de mi tranquilidad.

Pancho le dijo: -¿Sabe, Don Perro?

Creo que está empezando su vejez, porque usted no es morrocoy, usted es perro y los
perros, corren.

-Sí, Pancho, tal vez sea la vejez la que me permite ver. Suspiró.

No me siento cansado, me gusta esta sensación de tranquilidad.

¡Que llegue la vejez, la recibo en paz!

Miró a Pancho en su calma.

-¿Y, tú? Le preguntó.

-¿Yo? Respondió el morrocoy.

¡Yo nací viejo!

Ambos rieron cómplices y siguieron contemplado la escena perruna.

Maritza Cabello