La campaña

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A partir de 1958, uno de los grandes espectáculos del país eran las campañas electorales. Estas competían en atracción con el Circo Razzore Hnos. Gritar ¡púyalo! incendiaba las pasiones. Los oradores atraían más público que el payaso de la carpa o la mujer barbuda. El circo nunca más volvió y ese tipo de campaña tampoco. Los oradores se extinguieron (¿usted ha oído hablar a Guaidó?). Ayer empezó una extraña campaña, sin mítines ni marchas. Puros selfies. Yo con yo. De pronto alguien quiere volver a los viejos tiempos  y entrega una mortadela. Lo destrozan. La mortadela nunca tuvo buena prensa. Es un embutido sin carisma. El candidato moderno te ofrece Wifi y saldo gratis, no pleno empleo ni otras cosas que ofendan tu dignidad. Merece tu voto.

Earle Herrera